El “brasileño errante” estuvo en Santa Rosa y siguió su camino

Libre de toda libertad. Preso de sus pensamientos y el idioma portugués. Medio rengo, barbudo y desprolijo si es que la prolijidad es un adjetivo válido para alguien que vive en la calle. Tostado por el sol y la intemperie, sonriente, locuaz, esquivo. Así anda Sebastián Ernesto Rodríguez o José Mustafá Cordeiro o como se le ocurra llamarse cada vez que alguien quiera saber su nombre y su historia. No le importa su familia que lo busca hace 15 años, ni las gestiones del Consulado de Brasil que quiero devolverlo a su país. Ni siquiera le preocupa haber salido en la primera plana de este diario. El Brasileño Errante, como lo bautizó meses atrás un cronista rionegrino, pasó apenas medio día en Santa Rosa y se fue sin dar ninguna explicación, como si tuviera una reunión urgente a la que no puede faltar.
-Lo está buscando su familia, en Brasil. Su madre quiere encontrarlo.
-No tengo familia, ni madre.
Esas cinco palabras fueron las únicas que pudo descifrar el periodista de este diario que ayer lo encontró sobre la avenida Pilcomayo, frente al Hospital Lucio Molas. Después de negar a su familia y su madre, el hombre se despachó con una parrafada inentendible para cualquier pampeano y siguió caminando hacia la circunvalación. En un portugués acelerado, dijo que quería llegar a Bahía Blanca y de allí partiría hacia Río Grande Do Sul. Vestía una campera de cuero marrón y sobre la espalda cargaba una improvisada mochila hecha con arpillera blanca. En las manos llevaba dos bolsas que cuyo contenido debe ser el equivalente a un hogar. El brasileño es como el caracol, lleva su casa a cuestas.

Redes.
Tras conocerse su historia, decenas de santarroseños comenzaron a hablar del brasileño errante, a comentar en qué esquina y a qué hora lo vieron pasar. La noche del lunes, el carioca llegó a la ciudad en un patrullero. Lo trasladaron desde Jacinto Arauz, adonde lo encontraron haciendo dedo cerca del Puesto Caminero.
El Jefe de la Policía dijo entonces que iban a internarlo en Salud Mental, pero este diario constató que el hombre nunca pasó por allí. Puede que lo hayan atendido brevemente en la guardia del Molas por una herida en uno de sus pies, pero le dieron de alta a las pocas horas. O quizás se dio él alta solo. O talvez nunca pasó por la guardia. Lo que es seguro es que el Ministerio de Desarrollo Social sabía de la existencia del hombre y de su férrea negativa a recibir cualquier tipo de ayuda. En General Roca, el gobierno quiso ayudarlo pero nunca aceptó más que la solidaridad espontánea de los vecinos. Lo peor de esta historia es que ayer por la tarde, una mujer rionegrina viajaba a La Pampa para decirle que su sobrina lo está buscando. No sabemos si lo encontró.

Sobrina.
“Mi familia y yo estamos viviendo un dilema hace algún tiempo. Voy a explicarles: yo tengo un tío, hermano de mi madre, que está desaparecido. Hace 15 Años no recibíamos noticias de él. Hace un poco más de 20 años tuvo algunos brotes psicóticos y luego de una circunstancia desapareció. Mi abuela, hoy con casi 87 años, siempre lo buscó. Habíamos perdido la esperanza de encontrarlo. Hace más o menos cinco meses una brasileña que vive en General Roca caminaba por la calle y se lo encontró. Ella grabó un video donde él decía la ciudad que nació y se acordaba de su antigua dirección”, posteó el lunes en su cuenta de Facebook, desde Nueva Friburgo (Brasil) Graziele Sánches, quién dijo ser sobrina del brasileño errante luego de ver el video en el que aparecía su tío.

Un caso de estudio
Difícil saber qué fantasmas acarrea el brasileño, qué pasa por su mente psicótica y andariega, comprender porqué un día comenzó andar y 15 años después se niega a estar quieto en un lugar. En su paso por el valle de Río Negro, fue tema de conversación y estudio. El psicólogo Gustavo Marín, explicó meses atrás que es muy probable que el hombre padezca “una esquizofrenia simple”, una patología donde la persona no puede conectarse con la realidad.
El profesional señaló que es una enfermedad asociada a la marginalidad y la pobreza, y es por eso que muchos linyeras sufren de una esquizofrenia de las denominadas simples.
“Hay que entender que es una persona que no tiene contacto con la realidad, que no se va dejar ayudar por lo que requiere de una rehabilitación que esté acompañada con medicación”, comentó Marín a ANRoca.com.ar y aseguró que paralelamente se debe trabajar en la reconstrucción de sus lazos familiares para que se sienta contenido.
Para el psicólogo, muchas veces es necesario una acción “compulsiva” para poder lograr algún tipo de tratamiento. “Lo mismo pasa con los adictos o las personas en situación de calle”, aclara este profesional, quien no descartó que se necesite una orden judicial para brindarle un tratamiento adecuado ante la difícil situación en la que se encuentra.

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