El día que Nelly disfrutó la primavera

PAYAMEDICOS COMPARTIERON LA TARDE EN UN HOGAR DE ANCIANOS

Con una simple vuelta a la manzana, un grupo de payamédicos revolucionó el Hogar de Ancianos. La historia de una mujer que decidió internarse allí y que se siente feliz con la decisión.
Nelly eleva su cabeza cana como queriendo llenar sus pulmones con el perfume de los malvones, los geranios, las santa rita. No puede ver las flores pero igual las siente cerca, detrás de las rejas, abiertas al calorcito de la primavera. Oye también las risas de los chicos saliendo del Domingo Savio, el viento que mueve las ramas, el traqueteo de la silla de ruedas en la vereda despareja. Ciega desde hace cuatro meses por un glaucoma maldito, la mujer recorre el centro junto a los payamédicos que hoy vinieron de visita como todos los martes. “¡Qué divertidos son!”, dice.
Hace seis años Nelly le dijo a su hijo que ella no quería estar en el medio de nada, que vaya tranquilo a esa fiesta, que ella iba a estar bien, que la muerte reciente de su esposo Alejandro era una tristeza que en algún momento iba a disiparse. Seis años desde que tomó la decisión de internarse en un hogar de ancianos sin poner demasiadas condiciones, total, debe haber pensado, “la vida sigue, la vida es linda, tengo dos nietos hermosos, dos bisnietos más hermosos y uno que viene en camino, trabajé, formé una familia en Parera, qué más puedo pedir”.
El Hogar Hermana de los Pobres no es un geriátrico. Eso le explicaron a Nelly el día que la trajeron después de haber pasado cuatro años en el asilo más lujoso y caro de la ciudad. El lugar tiene 105 años de historia y una premisa fundamental: resguardar los vínculos familiares. “Todos -dicen los encargados- llegan aquí porque quieren y se quedan porque se sienten bien. Hay una mujer que hace 20 años que está acá”.
Los fines de semana Nelly espera a su hijo para que la lleve a comer asado y se sorprende cada vez que alguien viene a visitarla de improviso. Su compañera de habitación es Elba, una mujer amorosa, con la que conversan hasta que se quedan dormidas. En el hogar hay 18 mujeres y 13 hombres. Está Nazario, un payador de 90 años que trabajó en el campo hasta no hace tanto, Armando, excelente bailarín de tango con bastón y Alicia, la pintora que pinta caballos con cara de caballos.
Nelly se destaca por su buen humor, porque -dicen los enfermeros- se ha sobrepuesto a muchas cosas, siempre con alegría. Ella explica que hace un tiempo hizo un pacto con el “señor”: le pidió que todo lo malo le pase a ella y no a su familia. Total, dice con una sonrisa, ya ha sido (y parece seguir siendo) muy feliz.

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