El gobierno buscará ahora credibilidad en gradualismo

EXPECTATIVA POR EL FUTURO DE LA ECONOMIA

Juan Pablo Vieta – Quienes definen inversiones, indispensables para generar empleo y con ello reducir la pobreza, están a la expectativa de ver cómo el gobierno nacional avanzará con la agenda de la competitividad.
Luego del contundente respaldo electoral que obtuvo la coalición Cambiemos a lo largo y a lo ancho del país, y con un Mauricio Macri que en conferencia de prensa el lunes pasado habló de “no tenerle miedo a las reformas” y de “reformismo permanente”, la pregunta que subyace por añadidura alude a qué se puede esperar de aquí en más en materia económica.
Con indicadores que de una u otra manera terminarán el próximo 31 de diciembre de 2017 al nivel que tenían hacia la misma fecha pero del año 2015, y donde el crecimiento que por estos días exhibe el consumo y la inversión fundamentalmente tienen que ver con la recuperación del terreno perdido el año pasado, que fue muy malo para todos los argentinos, no es sencillo para el gobierno definir el futuro de la gestión.
Ni en el oficialismo ni en la oposición, que hoy se circunscribe a un peronismo que busca digerir el cristinismo, existen nostálgicos que crean en la idea de que Argentina puede autosolventar su despegue sobre la base del ahorro interno, sino que por el contrario todos comparten que ello indudablemente dependerá del aporte de la inversión externa.
Pero se sabe que quienes definen esas inversiones, que son indispensables para generar empleo y con ello reducir la pobreza, están a la expectativa de ver como el gobierno nacional avanzará con la agenda de la competitividad.
Con atraso cambiario y fuerte presión impositiva es difícil que alguien quiera invertir, dado que existen otras plazas, Brasil por caso, donde se puede ganar más dinero a partir de un tipo de cambio más tentador, fruto de una inflación anual de un dígito, y una menor presión tributaria.
Frente a ello lógicamente que es previsible la venidera convocatoria que hizo Macri a empresarios, dirigentes políticos y gremiales donde les explicará las características de las reformas que se vienen.
Ahora bien, sin dudas que la credibilidad que ese programa inspire en el mercado tendrá que ver con la profundidad de esas reformas y es justamente allí donde se evidencian las tensiones entre los que quieren ir a fondo y los gradualistas.

Salir de la trampa.
Shock o gradualismo sigue siendo la cuestión de fondo en virtud de que si los que tienen que invertir no confían en el camino que el gobierno ha elegido para salir de la trampa en la cual nos encontramos, con déficit fiscal y comercial, alta inflación y atraso cambiario, sumado a una fenomenal presión impositiva, el futuro se parecerá poco a lo que esta administración ha prometido.
Quedarse cortos significa pasar sin pena ni gloria y clavar el cuchillo hasta el fondo erosionaría la base electoral de Cambiemos con lo que la cosa no parece fácil de resolver. En este complejo escenario se busca acelerar el ritmo de las reformas aunque sin incurrir en un “ahora o nunca”.
Afortunadamente, la estrategia preserva la paz social, ya que pasa por congelar el gasto público en relación al Producto Interno Bruto y que el propio crecimiento de la riqueza pague la cuenta paulatinamente. El riesgo es que para alcanzar ese objetivo se requiere de la permanente asistencia del crédito externo, algo que podría complicarse si, como todo parece, los Estados Unidos avanzan sobre una política monetaria más restrictiva, cuestión que encarecería el fondeo del déficit.

Nubarrones.
Como desde los mercados quieren la reforma fiscal clásica, la que duele, la atención se concita básicamente en lo previsional, ya que en el Presupuesto 2018, sin contar los intereses de la deuda, casi seis de cada diez pesos van a la Anses y al PAMI, y en lo tributario, ya que los impuestos hacen a los costos y estos a la inversión. Se sabe que si las cuentas públicas no son sustentables, el colapso fiscal está a la vuelta de la esquina.
En este contexto, surge un sinfín de interrogantes que sacuden el camino elegido por el gobierno y que podríamos resumir en estos dos: ¿es sustentable el manejo de la deuda pública o se llevará puesto el Presupuesto como en otras oportunidades? ¿Cómo bajar impuestos con gobernadores que no están dispuestos a sacrificar su parte en la recaudación de esos gravámenes?
Por ello, aprovechando el envión electoral, no es casualidad que el presidente Mauricio Macri haya planificado un viaje a la “Gran manzana” para presentar personalmente ante los inversores su paquete de reformas con la intención de ganar confianza y credibilidad, y romper así con los temores sobre el devenir de la economía argentina.
La aceptación que logren en el ámbito corporativo esos cambios y las implicancias que tengan al nivel de los hechos concretos, es decir de la inversión real directa, es lo que en definitiva determinará la suerte de la actual administración.