El productor que trajo todos los artistas

Mario Vega – Los más importantes artistas llegaron a la provincia contratados por Organización Scorpio. El Negro Cuello se codeó con los mejores, y tuvo éxitos rotundos y algún fracaso. Hoy vive feliz y tranquilo.
Creo que no debe haber en esta provincia una persona que haya frecuentado tantos artistas como este señor que acaba de arribar a los 70 años, aunque su apariencia desmienta la edad que acaba de festejar. Tiene un andar cansino, casi arrastrando los pies, los ojos siempre como entrecerrados -algo achinados, sobre todo si el sol pega fuerte-, y el pelo ensortijado ahora cubierto de canas (“Las nieves del tiempo blanquearon mi sien”, dice el tango)…
Ismael Alberto Cuello festejó el viernes su cumpleaños acompañado de su familia y sus más íntimos amigos… Y no pudo dejar de emocionarse cuando “El Turco” Shair en esa cantina donde lo agasajaron sus afectos le cantó -sentándolo enfrente- “A mi manera”, quizás la pieza musical que mejor le cabe a un personaje como él.
A lo mejor los más jóvenes no conocen quien es ese hombre de físico más vale esmirriado, que anda siempre por la vida con una sonrisa en banderola, aunque la suerte circunstancialmente le pudiera haber jugado una parda… Es, quien duda cabe, un hombre de la noche.

La noche, sus riesgos.
La noche… tan misteriosa, tan sensual, tan profunda, tan propicia para tantas cosas… de las buenas, y de las otras. La noche que consigue a veces ser sinónimo de diversión, de recreación, de regocijo, pero que también puede tornarse peligrosa y expone -a quienes se toman demasiada confianza con ella- a los más diversos peligros.
Alguien puede caminar por la noche y sortear los riesgos -aunque las tentaciones aparezcan-, y disfrutar de la bohemia de la nocturnidad. Pero están los que caen irremediablemente por caminos escabrosos, que hay que saber soslayar.
Me atrevo a decir que pocos deben conocer la noche como Alberto (El Negro Cuello), y luego de transitarla -y de seguir haciéndolo aún-, aparecer indemnes. Y dispuestos a seguir pensando y haciendo cosas.

De Nogoyá, cuando era “Cocoto”.
Casi nadie debe saber que Ismael Alberto era “Cocoto” en su Nogoyá natal. Hijo de Daniela y de Juan Ramón, tiene cinco hermanos -Ramón Angel, Francisca, Juan Carmelo, Marta Daniela y Graciela- que permanecen en aquella ciudad correntina que cada tanto visita.
Para completar la saga familiar hay que decir que allá quedaron también tres hijos de Alberto: Claudia, Daniel y Alberto Roja, con quienes mantiene contacto y llegado el invierno suele ir a ver.
Hoy, y desde hace más de 40 años, el Negro comparte su vida con su esposa Norma Beatriz Lazo, con quien tiene dos hijos, Alberto Ismael (37) y Pablo Néstor Javier (35) y los nietos Angel Román (15) y Morena Valentina (7), que son su debilidad (aunque es verdad que hay otros nietos allá en la Mesopotamia argentina).

Vendedor de libros.
Su espíritu inquieto -la condición de buscavida permanente caracteriza su temperamento-, un día cuando apenas pasaba los 20 años lo llevó a Buenos Aires. Sabía que tenía que buscar su destino en otro lado, y dejó Nogoyá para ir a la gran urbe… hizo diversas cosas, hasta que ingresó como vendedor de libros, actividad que de alguna manera iba a modificar el rumbo de su vida. ¿Por qué? Porque lo llevaría por diversos lugares, y uno era precisamente Santa Rosa. Llegó, conoció a Norma, y se dio cuenta que aquí tenía posibilidades, que podría ser un buen lugar para vivir.
Además un artista que había conocido en Buenos Aires -Yaco Monti- le sugirió que aparte de vender libros podía venderle sus shows… Y allí empezó todo. Una vida nueva, decididamente.
En este diario aparecen en forma continuada notas con emprendedores, historias que en general valen la pena conocer. Bueno, tranquilamente el Negro Cuello puede entrar en esa categoría de pujante emprendedor, es cierto que en un rubro que nada tiene que ver con lo industrial…

Catarata de éxitos.
Fue en 1979 que vendrían sus primeras organizaciones de espectáculos, con bailes en el Club General Belgrano. Y llegaría su primer show grande con Beto Orlando y Los Cuatro Soles, y desde allí para adelante una catarata de realizaciones exitosas. Bailes aquí y allá, con verdaderas multitudes acompañando cada cita…
Hubo, sin dejar lo otro, un paréntesis comercial junto a su esposa Norma, poniendo una tienda que llamó La Pantera Rosa, y que a su manera marcó un hito en calle Roque Sáenz Peña, en la Villa Santillán de aquellos tiempos.
Vinieron los populosos bailes que “reventaban” las boleterías; y la idea de comenzar a festejar los carnavales ya en la calle.
Alberto, casi sin darse cuenta, se fue convirtiendo en el empresario de la noche más importante, el que era capaz de traer a Santa Rosa, y de pasear por toda La Pampa, provincia de Buenos Aires y parte de Río Negro, a los mejores artistas del momento.
Daniel Magal -hoy uno de sus íntimos amigos, con el que incluso compartió vacaciones en familia-, cuando surgió con su hit “Cara de gitana”; el mítico Sandro, con el que tendría uno de los fracasos más grandes de su carrera como productor (ver aparte).

Los mejores artistas.
A San Martín y General Belgrano -llegó a organizar bailes en forma simultánea en más de 15 localidades- vinieron los mejores grupos y artistas del país: Los Iracundos con Eduardo Franco; Los Moros, Los Pasteles Verdes del Perú (los originales), La Mona Jiménez cuando popularizaba “Quien se ha tomado todo el vino”, Pablito Ruiz, Los Angeles Negros, Los Alpes, Los Galos, Pomada…
Y algunos otros lujos se dio Alberto Cuello, porque llevó sus espectáculos también al club All Boys y al Español, donde estuvieron entre otros Nito Mestre, Horacio Guarany, Víctor Heredia y Papo Napolitano.
Y por si faltaran algunos nombres hay que agregar que estuvo en Santa Rosa el mismísimo Rafael; y no se puede dejar de mencionar a Facundo Cabral -que se quedaba a comer asados con la familia de Alberto- Manolo Galván, Sergio Denis, Yango, Valeria Lynch, el dúo Bárbara y Dick, Aldo Monges, José Vélez, y hasta la recientemente fallecida María Marta Serra Lima. A todos ellos contrataron -más de una vez- Alberto Cuello y su Organización Scorpio. Si hasta “Carozo y Narizota” estuvo alguna vez en el club de la Villa.

Un laburante infatigable.
Pero como parecía -en esos momentos- que nada le alcanzaba, quiso más, y puso sus propios boliches bailables -y tuvo participación en otros-, algunos que marcaron a buena parte de la juventud santarroseña: “Tóbogan”, que después se llamó “Fiesta”, y “Terremoto bailable” (luego se llamó “Sismo”) donde hoy funciona el cine Amadeus.
Alberto era un hacedor constante, que todo el tiempo se procuraba nuevos desafíos, que no pasaba solo por juntar dinero con la pala, como sucedía… En 1979 creó un programa de radio -primero en Nacional lo llamó “El Reloj”-, que se iba a popularizar en LU33 como “Caravana”, y que iba entre las dos y las siete de la tarde todos los sábados. Un verdadero éxito conducido alternativamente por Ricardo Aristoy, Estela Maris Pedraza, Hugo Ocaranza, entre los que puedo recordar.

Flota de autos y debacle.
“En los tiempos de los shows, Alberto llegó a tener en su casa una flota de 11 ó 12 autos para llevar artistas a diversos lugares de la provincia, entre los que había varios Renault 12, y algún Torino”, me contaron Roberto Mina -quien fue su asistente desde que tenía 13 años-; y Daniel Leanis, uno de los integrantes del Grupo Cristal, que tuvo su momento de gloria en aquellas noches memorables.
Pero un buen día algo pasó… toda esa organización, que montaba espectáculos en todos lados, se derrumbó. De un momento para otro la buena estrella de Alberto pareció apagarse, y se quedó sin nada. “Tuvo que vender los autos, sus casas… no le quedó nada”, contaron sus amigos.
Pero Alberto no es un hombre de entregarse así nomás. Iba a la ruta, a la salida de Santa Rosa, y a dedo llegaba a los pueblos para empezar a patear y seguir haciendo lo suyo… aunque claro que era más difícil.

Cuarteto y cumbia.
Lentamente, un día -y como premio a su perseverancia-, las cosas volvieron a su rumbo. De la mano del cuarteto y de la cumbia -con “Los reyes del cuarteto” y “Ráfaga”-, y algún otro grupo que logró insertar en la provincia, la mano cambió.
Hoy, fruto de su esfuerzo, Ismael Alberto Cuello volvió a ser una marca instalada en la organización de espectáculos musicales… Se puede decir que, otra vez, la vida le sonríe.
Hacía un tiempo -cuando las cosas no estaban bien- ,manejaba un Ford Sierra que se caía a pedazos, pero que le servía para movilizarse. Ahora ese auto -totalmente restaurado- está en manos de Pablo, que lo exhibe casi como un premio a no bajar los brazos. Y no solo eso, como el mayor de los hijos empezó a vender vasos descartables, Alberto padre aprovechó sus contactos con los “bolicheros” del interior para venderle insumos, y cuando cuadra algunos de sus shows.

Un ganador.
Los Cuello consiguieron dar vuelta la taba y son propietarios de una distribuidora, dos vinotecas, y el Negro sigue como cuando tenía 30 años organizando shows por todas partes. “A veces tiene -como antes- hasta 15 en una sola noche”, se ufanan sus amigos.
Ismael Alberto Cuello -recién arribado a los 70- está lejos de ser un viejo. Por el contrario, se mantiene bien físicamente y con la mente lúcida de sus mejores momentos; y por supuesto le agrega la sabiduría de tantas noches que supo vivir equilibradamente… No toma alcohol, ya no fuma, siempre estuvo lejos de la droga, y supo zafar de las mayores tentaciones.
Viendo su caso quizás podría decirse que triunfar no siempre pasa por obtener una fortuna -que al cabo se puede perder en un segundo-, sino por hacer lo que a uno le gusta… y por poder disfrutarlo junto a los suyos.
En esta etapa está Alberto. Un hombre que no tiene odios -que en todo caso siempre hallará un justificativo para quien pueda no haber actuado bien-, y que se complace con las cosas más simples… esas que no necesitan de plata para tenerlas… ¡Si eso no es ser un ganador!
¿Qué le parece a usted?

Hasta el perro de Alberto Cortez.
Tiene cientos de anécdotas el Negro Cuello. Sandro vino a la cancha de Belgrano pero llovió a cántaros, y actuó en el gimnasio. Alberto cuenta que perdió mucha plata, porque “había más gente en el aeropuerto que en el club”.
Otra vez trajo a Alberto Cortez -había estado meses antes y no fue casi nadie a verlo-, y se quiso asegurar. Cuello fue hasta Rancul, habló con los amigos del artista y contrató un micro para que 50 de ellos llegaran al club All Boys. El Negro dice -no todos le creen- que viajó con ellos el perro callejero que Cortez inmortalizó en una de sus más reconocidas canciones. Un Roberto Ramonda muy joven ofició esa noche de locutor y el éxito fue abrumador.
En otra oportunidad el Grupo Cristal -que auspiciaba Organización Scorpio- tenía que actuar en el interior: “habíamos comprado un bajo pero no llegó, y le dijimos a Alberto que no podíamos actuar: ‘van y hacen el bajo con la boca’, nos ordenó”, se ríe con ganas Daniel Leanis, integrante de aquella orquesta.
El mismo Daniel y Roberto Mina aseguran que cuando los bailes callejeros del Club San Martín han visto a Alberto Cuello llevando bolsas de consorcio “llenas de billetes de dos pesos. Eran fortunas que se recaudaban… y Alberto era un tipo generoso”, le reconocen.
Alberto tiene millones de kilómetros recorridos en auto, casi siempre andando de noche, y asegura: “Tengo un ángel que viaja conmigo”. Cuenta Pablo que hace poco “llovía y manejaba yo la Traffic, y faltando poco le dije que terminara él… en un momento apareció sobre el asfalto una laguna y papá ni se mosqueó, no volanteó, nada… y el auto pese a que se movió no volcó. Si manejaba yo nos matábamos”, confía.
Dos más: tuvo una FM (Ciudad), y un boliche (“Penélope”) donde llegaban las que eran cotizadas vedettes de otros tiempos: Adriana Aguirre (cuando usaba el pelo cortito y platinado), y Silvia Peyrou, entre otras tantas.