El provocador en medio de la multitud

Ramiro regresó a su ciudad natal para hacer un quiebre en la idea que tenemos de una marcha, o de una movilización. Le dio un color especial a cada protesta social en Santa Rosa, saliendo de lo común, de la pancarta explícita y de la simple presencia. Ramiro es, lo que muchos no se animan a ser.
Las marchas en Santa Rosa, y en la mayoría de las ciudades del mundo, tienen una imagen en común: personas caminando, vestidas de civil, aplaudiendo o llevando algún cartel de reclamo. Ramino Vendramini vino a romper con esa visual de marcha. Vino a mostrar otras formas de reclamar, otras formas de llamar la atención y otras maneras de comprometerse. En cada movilización que se presenta, logra resaltarse de la masa. Solo, o en compañía de una o dos personas más, lleva las luchas a otro lugar; a un lugar creativo, que choca, que transforma, y que muchas veces duele por dar un baño de realidad. Ramiro es un personaje de las marchas, querido y admirado por muchos, porque hace, y sobre todo dice (visualmente), lo que la mayoría no se anima a decir.
Ramiro Vendramini nació en Santa Rosa hace 32 años y vivió algún tiempo en Córdoba, donde estudió la carrera de cheff. En diciembre del año pasado se instaló nuevamente en la ciudad y vive junto a sus padres, donde produce alimentos y licores para vender.
Tanto en la docta, como en Santa Rosa, Ramiro -alias “Elvis Turi” en Facebook-, es conocido como uno de los manifestantes más creativos, crudos y comprometidos con ciertas causas sociales.

El empujón.
Ramiro milita por el derecho a la alimentación saludable y tiene su puesto de semillas y verduras de huerta en la Feria por la Alimentación Sana que se realiza cada sábado en el Parque Oliver. Estudió gastronomía en Córdoba, y fue ahí donde surgió la necesidad de expresarse ante ciertas problemáticas.
La primera vez que se intervino fue en el año 2014 en una marcha contra Monsanto, la multinacional estadounidense productora de agroquímicos y biotecnología destinados a la agricultura. “Estaba estudiando gastronomía y Monsanto tenía un montón que ver así que me cambió un poco la conciencia de lo que yo quería en la vida y me expuse”, contó Vendramini en entrevista con LA ARENA.
“Todo tiene que ver con una forma de expresión, de manifestación a través del arte. Si yo voy a una marcha, quiero saber de qué se trata. Si vas caminando por la calle y ves una manifestación, se aprecia mucho más lo visual; entonces la primera marcha a la que fui, tenía que ir intervenido”.
En esa oportunidad, el joven se vistió con un sobretodo, una máscara y una pala, simulando ser un fumigador o un sojero “de la muerte”.
“La onda era manifestar en la calle. Más allá de exponerme ante las injusticias y visibilizar ciertas causas socio ambientales, es fortalecer las raíces de donde venimos y el por qué estamos donde estamos”, aseguró.

Reacciones.
Ramiro estuvo en decenas de marchas en Córdoba y Santa Rosa. Se lo vio en manifestaciones por el conflicto del río Atuel, en la marcha contra el 2×1 a los genocidas que fueron condenados por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura, en la Marcha de la Gorra de Córdoba, que va en contra de ciertos comportamientos y derechos auto-adjudicados a la Policía en esa provincia, en la marcha Ni una Menos, entre otras.
“Córdoba tiene mucha resistencia y mucha movida pero soy de acá. Conocí mucha gente de Santa Rosa luchándola a su manera, en ciertas organizaciones y me di cuenta que necesitaba estar acá”.
Con cada manifestación, Ramiro genera diversas reacciones en la gente. “Yo en el momento estoy jugando, llego a la marcha, busco la foto, busco quemarme. Hay gente que te levanta el dedo en señal de aprobación y hay gente que me hace sentir el micromachismo impregnado adentro por más que están en la marcha de Ni una Menos”.
“En el 2×1 de acá dije ‘algo tengo que hacer’. Anoté todos los nombres, me puse una lista en la espalda, puse ‘Correrá sangre en vez de ríos’, una bolsa en la cabeza, la iglesia de fondo y calladito la boca. Directamente el mensaje lo doy con lo visual”, expresó.
El santarroseño asegura que sus expresiones surgen momentos antes a la marcha, no son programadas con mucha antelación. “En la Marcha de la Gorra en Córdoba fue heavy (pesado), porque llevé un cartelito que decía ‘el único policía bueno, es el policía muerto’. O sea, no hay policías buenos. Entonces los policías de Santa Rosa sintieron que los estaba matando a ellos y no entendieron el mensaje. Me etiquetaron en Facebook, salió esa foto en todos lados, se metió en la Policía de La Pampa y me mataron con comentarios. Los mismos policías de acá son mis compañeros de secundaria. La Policía de Córdoba tiene mucho poder, y acá Tierno los empodera un montón, les está dando pie”.

Conflicto Atuel.
Ramiro Vendramini también se expuso en movilizaciones referidas al agua, ya sea por el conflicto del río Atuel, como cada vez que se rompe el acueducto y la ciudad se queda sin agua. “Hay tres asambleas del Atuel, y todas juegan. Tanto el puntero (Carlos) Verna, como (Rubén Hugo) Marín, lo utilizan como un juego, hasta (Norma) Durango, o los viejos dinosaurios Chadileuvú”, opinó. “El pampeano tiene que hacer conciencia, darse cuenta; falta eso, que la gente de La Pampa salga afuera, a la calle. No es una etiqueta o poner un me gusta, va más allá. El Atuel es uno de los primeros juicios socioambientales del país. Y ahora van por Portezuelo”.
Una de las oportunidades en que “Elvis” llamó más la atención, fue en diciembre del año pasado, una de las tantas veces en que la ciudad quedó sin abastecimiento de agua por una rotura en el acueducto. “Vine de Córdoba, estaba roto el acueducto y vine a agitar, teníamos que hacer algo. Era Navidad, Año Nuevo y había gente que no tenía agua. Lo que tiene lindo Santa Rosa es que es chiquito y que el escrache es fácil. Así que fui a ver al gerente de Aguas del Colorado, Ricardo Biglia, y no tenía un plan. El de Obras Públicas, Mario Cortina, tampoco tenía ningún plan”, detalló. “Entonces dijimos de hacer algo con unas amigas. Agarramos un carrito de un supermercado, lo disfrazamos de un inodoro, que era ‘Santa Fosa’, pusimos un par de nombres, nos pintamos de celeste y la gente se copó”, recordó Ramiro.

Proyecto de huertas comunitarias.
En la actualidad Ramiro no tiene ingresos fijos, pero tampoco quiere ser parte de una empresa privada, ya que eso se contradice con sus ideales y forma de vida. “No tengo obra social, laburé siempre en negro, no quiero laburar en una empresa porque no podría hacer lo que hago. Me niego y no es ético conmigo”, asegura.
El pampeano vive con sus padres, y para solventar algunos gastos vende dulces, panes, pastas, cactus y las verduras que generan sus plantas. “Además soy encargado del almacén de semillas de la feria agroecológica. Todos los sábados voy, pongo el puestito de semillas y promuevo a la gente a que arme su huerta. Tomo el registro de la persona para poder informarla y pueden consultarnos a todos los que estamos en el parque Oliver”, contó.
También está esperando una respuesta de la CGT, a un proyecto presentado sobre huertas comunitarias. La idea es poder dar talleres una vez al mes, a jóvenes menores de 15 años, para motivarlos y generar conciencia del valor de la semilla, de la alimentación y la producción como economía social.
“El tema conjuga con la toma de las tierras, del valor y el derecho a la alimentación. No quiero que la CGT se apropie del plan de huertas ni que esté en los barrios, simplemente que nos preste el espacio de Yrigoyen. Con eso voy a tener un ingreso”, contó esperanzado en que se apruebe el proyecto.