El abogado que preferiría ser futbolista

TATO MOSLARES, LO QUE ES Y LO QUE LE HUBIERA GUSTADO SER

Abogado, funcionario en el Tribunal de Cuentas, también ex funcionario municipal y ex concejal por 87 días, José Carlos Moslares es un tipo apasionado, y al mismo tiempo empedernido amante del fútbol.
MARIO VEGA – Saco, corbata, la sonrisa en banderola que lo caracteriza… guantes de arquero y una pelota de fútbol apretada entre sus manos. Tato Moslares es, a sus 42 años, como un chico con juguete nuevo.
Profesional de la abogacía, hijo de una familia más o menos acomodada -aunque los desbarajustes financieros y los tiempos de la hiperinflación determinaron que su familia perdiera el campo que trabajó años en la zona de Winifreda-, José Carlos Moslares es un tipo querible, que casi siempre parece de buen humor. Y fíjense que digo "parece", porque lo he visto reventar en una rabieta buscando a quién echarle la culpa de un suceso determinado que, al cabo, resulta una contingencia que no es otra cosa que un karma de su vida, o casi (y que quedará explicitada en esta charla más adelante).
Es fácil que Tato, como todo el mundo lo identifica, sea confundido en el nombre con uno de sus tíos, que se llama José Luis ("Chimbo"), y con el que comparte el estudio de abogacía.

El funcionario Tato.
Aunque es alguien muy conocido en la ciudad, tanto por ser hijo de una familia también muy reconocida, como por su rol profesional, hay que decir que el haber permanecido muchos años al frente de la Secretaría de Gobierno de la municipalidad de Santa Rosa, lo tornó aún más una persona pública. Es que ocupó ese cargo durante la gestión de Néstor Alcala -por dos períodos- al frente de la comuna capitalina; y hoy en día también es funcionario en calidad de secretario del Tribunal de Cuentas. Pero además, durante aquellos agitados días de la gestión tiernista al frente del municipio, Tato accedió a la banca de concejal -obviamente también por sólo 87 días-, y vivió de cerca los tumultuosos acontecimientos que culminaron con la destitución del intendente.
Sonríe al recordar aquellos momentos -al cabo tristes-, que concluyeron con su alejamiento "temporario" de la política. "La verdad es que me gusta mucho… no descarto en algún momento regresar a hacer política. Soy afiliado al partido justicialista, y quizás sea como con la cuestión del fútbol, que me toque de grande… pero me sigue gustando mucho, y por supuesto estoy al tanto de todo", aclara.

Familia y estudio.
Lo conozco hace bastante tiempo, y hemos compartido momentos por cuestiones periodísticas y propias de su función; pero además el fútbol es un hilo conductor que también nos mantuvo cerca. Y mucho más hoy, cuando nuestro querido Ríver tendrá que ir por el título de mejor del mundo contra el Barcelona (la verdad es que el equipo de Messi mete miedo)…
Tato es hijo de Carlos Moslares (también su abuelo se llamaba igual), y de María Angélica Davini. Son cuatro hermanos: Maria Angélica, Mónica, Tato y Cristian que trabaja, precisamente en óptica Davini y es además un reconocido jugador de golf. "Yo también jugaba al golf… pero que querés, el fútbol me vuelve loco", dice Tato, que no descarta alguna vez volver a los links: "Pero cuando sea viejo", dice, ratificando que por ahora sólo piensa en un arco, los guantes y la pelota.
Tiene dos hijos, Francisco (16), que juega, obvio al fútbol, en la cuarta de Belgrano -"rubio, zurdo, juega de 6… me salió una especie de Botinelli", señala no sin orgullo-, y Florencia que hace danza jazz.
Los Moslares -los de Tato- vivieron siempre en Villa Alonso, atrás de la escuela de Policía. La Escuela 6, el pase a la Roger Vallet; secundario en el Don Bosco hasta 2º año y el final en el Comercial. Algunas materias en el camino que hubo que dar en diciembre y también en marzo porque el fútbol, siempre el fútbol, y un equipo seleccionado pampeano de juveniles le habían restado tiempo al estudio.

La pelota y el barrio.
El fútbol en el barrio, los vecinos: los Larrañaga (Pablo y Luis), los López, los Ardohain; en la adolescencia las salidas a los boliches de la época: "La Fábrica", "Tobogan", "El Establo", "El Náutico", pero en realidad, confiesa, "vivíamos en el Club Belgrano todo el día. Íbamos a entrenar y nos quedábamos todo el tiempo ahí… hacíamos un poco de pileta y soñábamos con que alguna vez nos iba tocar jugar en la primera. Pero una vez fui a una convención del Club Leo en Mar del Plata y me enamoré de esa ciudad, y enseguida pensé que me podía quedar a vivir… por eso elegí hacer la Facultad ahí. En el verano trabajaba, dos años en la pileta de un hotel, y al final un año en un banco", rememora.
"Igual todo no fue color de rosa, porque fue la época en que mi papá perdió el campo, y mamá que había sido directora de escuela salió a vender cremas por los vecinos para poder mandarme dinero a mí…", dice reconocido. "Hoy por suerte están muy bien… al punto que se fueron a vivir a Toay, y el viejo cambió hasta de peluquero y va a uno de allí, así que se puede decir que están muy cómodos", comenta.

Buenos Aires y el municipio.
Cuando Tato se recibió se fue con Néstor Alcala a Buenos Aires, que estaba en la Jefatura de Gabinete. "Me tocó trabajar un año y medio con Rogelio Frigerio, hoy ministro del Interior. La verdad… un tipo piola, con una gran formación, y que es hijo de Octavio, que como se sabe fue fundador de los ‘cascos blancos’. De ahí pasé al Ministerio de Economía de Nación un tiempo, pero como acá podía tener trabajo en el estudio me vine; pero a su vez empecé a trabajar (otra vez con Alcala) en el Ministerio de la Producción. Después, ya intendente me convocó para ser secretario de Gobierno y Acción Social. Tenía 29 años", precisa.
Tato menciona que después se planteó la interna -él acompañaba a Alcala en la fórmula-, "y la perdimos con Tierno, así que quedé de concejal… y bueno, lo que todos conocen: fueron 87 días con una ciudad muy convulsionada y pasó lo que pasó. Ahí me fui de la política desencantado por no haber podido hacer nada para que las propias instituciones salvaran la gobernabilidad", lamenta.
Y sigue contando: "Me volví al estudio de abogacía, seguí dando clases (ya lo hacía desde 2002), y después José Sappa -hoy a cargo del Tribunal de Cuentas- me convocó para ser secretario en octubre de 2010. Es un lugar hermoso para trabajar, porque hay cuestiones que tienen que ver con la profesión, con lo académico y con el tema gestión", explica.

Herramienta de cambio.
"¿La política? Siempre me va a gustar, y creo que habrá otro momento. Volví a jugar al fútbol ya grande para este deporte… y quién dice que a lo mejor con la política pase lo mismo. Seguro que va a ser así, porque me interesa, porque entiendo que sigue siendo la mejor forma de cambiar realidades", opina.
El tema era él, su condición de funcionario en distintos aspectos, y su locura de ser futbolista cuando muchos, a su edad, ya dejaron, o se convirtieron en entrenadores o dirigentes.
Pero como tiene pasión por Santa Rosa no puede dejar de hablar de la capital: "Es mi ciudad, y considero que tiene un gran potencial, que es un gigante dormido, con un gran futuro".
Moslares es peronista, pero tiene los mejores deseos para la gestión que está empezando: "A Leandro (Altolaguirre) le tiene que ir bien. Creo que le toca un desafío muy grande, porque más allá de alguna crítica no se puede estar echando la culpa todo el tiempo al que se fue", completa su idea.

Por qué luchar.
También expresa, a mi pedido, su idea de provincia. "Considero que en algún punto llega el momento que despegue; que pase de ser ordenada a una provincia productiva. Es fundamental cambiar esa matriz, para que deje de ser expulsora de sus jóvenes, hay que apuntar a que se pueda conseguir que el futuro de nuestros hijos esté aquí".
Tato sueña "con seguir intentando, luchando por lo que quiero, por la felicidad de mis hijos… En lo personal me gustaría que mis viejos estén orgullosos de su hijo, y Francisco y Florencia del padre que tienen…". Es la primera vez en el transcurso de la charla que se pone verdaderamente serio…
Pero enseguida vuelve a ser el Tato que más conozco: "¡Y seguir jugando al fútbol, por supuesto!, ¡Y que gane River!". Lo primero a lo mejor es posible… lo otro, ganarle al Barcelona… parece complicado Tato.
Saco, corbata, sonrisa en banderola… los guantes y las manos de arquero atesorando la pelota debajo de un arco… ¿Será la verdad que los arqueros son tipos medios locos? Porque la foto la sugirió él… así quería que se viera.
"¿Si hubiera podido elegir: abogado o futbolista? No hay opción -responde-, por supuesto: ¡Arquero!!!".
Dicen que son un poco locos… este abogado-arquero también… Loco por el fútbol…