“El Estado debe hacer algo”

Una familia porteña que hace poco llegó a la ciudad intentó habitar una construcción que estaba abandonada. La policía evitó la usurpación pero la familia sigue en una situación muy delicada.
Una mujer mayor, su nieta y su ahijado -ambos menores de edad- intentaron usurpar ayer por la tarde una precaria construcción en Zona Norte. No lograron instalarse porque el hijo del propietario los sorprendió cuando estaban ingresando al predio y llamó a la policía. El hecho ocurrió en Uspallata y Río Bermejo, cerca de las 18.
“El terrenito es de mi viejo. Acá pensaba instalarse mi hermano menor en algún momento. Yo paso generalmente día por medio, para ver cómo está todo. Pero hoy me encontré con esta sorpresa”, dijo Lino Ortega, de 38 años, hijo del propietario del lugar. El hombre vive actualmente en Villa Germinal junto a su familia y se gana la vida como yesero. “A mí me da mucha lástima ésta situación, porque no debe ser nada lindo no tener dónde vivir. Pero es el Estado el que debe darle una solución a la mujer”, agregó Ortega.
El terreno que casi fue usurpado ayer es así: 14 metros de frente por 38 de largo, donde hay una pequeña construcción de 4 metros por 8 que nunca fue terminada. La habitación no tiene piso, ni revoque, ni baño, ni servicios, pero María Cristina Aguirre y sus familiares vieron allí un lugar para vivir. El sitio tiene apenas una puerta que el nieto de la mujer rompió para poder meter las pocas pertenencias que lograron juntar: una cama de una plaza, cuatro sillas, una mesa, algo de ropa y una luz portátil.

Llegada.
Hace cuatro meses la mujer llegó a Santa Rosa con una nieta y un ahijado. Los tres partieron desde Floresta, Buenos Aires, con la idea de encontrar en esta ciudad un lugar mejor. María Cristina tiene 62 años y carga con una historia complicada. Tuvo varios accidentes cerebrovasculares que la dejaron imposibilitada para trabajar y ningún lugar para vivir. Así consta en un certificado que ella muestra con más pena que orgullo. “Por medio de una amiga llegué a Santa Rosa para ver sí podíamos hacer una vida más tranquila, pero en este tiempo no salió nada, y no podemos vivir todos en una casa tan chiquita”, dijo María a LA ARENA.
La vivienda “tan chiquita” pertenece a una prima de una amiga, que muy generosamente se ofreció a hospedarlos. Pero cuatro meses es mucho tiempo para que diez personas convivan en dos habitaciones de una casa de barrio. “Tenemos que armar camas en el comedor. Estamos todos apretados y no podemos vivir así. En esta casa hay solo una persona que trabaja y no alcanza para que comamos todos”, dijo la propietaria de la casa, que convive con los huéspedes, su marido y cinco hijos.

Denuncia.
“No tuvimos ningún altercado, ni verbal, ni físico, pero ante esta situación tuve que llamar a la policía”, dijo Ortega a LA ARENA. Después del episodio el hijo del propietario fue invitado a hacer la denuncia y la mujer llevada hasta la comisaría para ver cómo se podía arreglar su situación.