Empleados avalaron la versión de que el bromato estaba en un frasco de sal

Tres empleados de la panadería El Abuelo Julio avalaron la versión de su propietario, José María Jamad, de que el bromato que se halló en productos panificados estaba mezclado entre la sal en un tarro de jalea. Dos de ellos no habían dicho una palabra de ese detalle -clave en la investigación- cuando declararon hace tres años durante la etapa de instrucción.
Jamad, el miércoles, durante la primera jornada del juicio oral y público que se le sigue por envenenamiento culposo, agravado porque hubo 57 personas que resultaron enfermas, entregó dos hipótesis de porqué el bromuro -cuyo uso fue prohibido como aditivo en panes y facturas en 1995 por su carácter cancerígeno- apareció en algunos productos vendidos en ese local y en otros dos de su propiedad (la pizzería La Posta y la panadería Crocante). Una, que la distribuidora Lomas Pampa pudo colocarlo en el tarro de jalea, y otra que lo puso "alguien con malas intenciones".
Jamad no es el único imputado de la causa abierta en 2011. Los otros son el ex responsable municipal de Bromatología, Angel Carlos Parodi, quien está acusado de incumplimiento de los deberes de funcionario público porque demoró 72 horas en clausurar los negocios, y Omar Ignacio Olmos, el encargado de producción de las panaderías. Este último, que también estaba procesado por envenenamiento culposo, no llegó a juicio porque obtuvo el beneficio de la probation.

"Nunca lo vi".
Ayer, la por entonces encargada del depósito de El Abuelo Julio, Alejandra Beatriz Milla, contó que "un panadero de Crocante, Claudio Armata, me pidió un tarro de jalea y se lo mandé cerrado y precintado. Al otro día me llamó y me dijo que le había enviado un tarro de sal, y lo devolvió. Cuando vino el chico del transporte yo había terminado mi horario, así que lo dejó en la cuadra donde producíamos lo salado, criollitos y bollos de pizza. Entonces se debe haber usado como sal".
-¿El tarro tenía alguna marca?, preguntó Marcos Paz, defensor de Jamad.
-La marca de la jalea. A simple vista era un tarro de jalea.
-¿Cómo se enteró que en vez de sal contenía bromato?
-Cuando empezó a caer gente descompuesta. Comenzamos a probar la mercadería y nos dimos cuenta que ciertos productos tenían un gusto raro.
-¿Usted vio el tarro?
-No, nunca lo vi. Olmos me dijo que contenía sal.
-¿Sabe cómo pudo haber pasado?
-No.
-¿Cuánto tiempo estuvo el tarro a un costado, en la cuadra?
-No me acuerdo.
En ese momento intervino la presidenta de la Cámara en lo Criminal 1, Alejandra Ongaro, quien le preguntó a Milla por qué no había contado nada del tarro misterioso cuando testificó por primera vez el 16 de mayo de 2011, siendo que la intoxicación masiva se había producido hacía poco tiempo, durante la primera semana de enero.
-Yo di el mismo testimonio, respondió.
Pero cuando Ongaro le leyó esa declaración quedó en claro que no había mencionado la versión de Jamad.
-Aquella vez le preguntaron sobre el tarro?, la ayudó Paz.
-No.

"Como sal entrefina".
Sol Andrea García era cajera y supervisora. Cuando le preguntaron cuándo se enteró de la intoxicación, dijo que había sido el mismo día en que ocurrió. "Nos dimos cuenta que algo había pasado. Había mal olor, un olor fuerte a cloro, fuera de lo normal -expresó-. Se buscó, se buscó, se buscó… paramos la producción, sacamos la mercadería y no encontrábamos la causa. Entonces hallaron un tarro de plástico de jalea que contenía sal. Yo lo vi, parecía que era sal entrefina".
-¿Cómo llegó ese tarro con sal a la cuadra?
-Por lo que se habló, en Crocante habían pedido jalea, pero le mandaron sal y lo devolvió. El tarro quedó en la puerta del depósito.
-¿Cómo se dieron cuenta que era sal mezclada con bromato?
-Porque Olmos hizo una prueba con una cuchara (la calentó con un encendedor y se prendió fuego ya que contenía bromato).
-¿Por qué no dijo todo esto antes?, quiso saber el fiscal Jorge Amado.
-En aquel momento me limité a responder las preguntas que me hicieron.
-¿Cuándo me conoció a mí?, inquirió Paz para tratar de aventar dudas de que se trataba de un testimonio acordado con la defensa.
-Hoy.

El hombre del beso.
Raúl Antonio Navarro es panadero. Lleva 30 años trabajando para Jamad. El, junto con Cacho -así identificó a su compañero de tareas- usaron el bromato. "Creíamos que era sal. Usted lo probaba y era como sal", indicó.
-¿En dónde lo usaron?
-En los criollitos, el pan salvado, el pan de miga…
-¿Cómo se enteró que era bromato?
-Por la prueba que hizo Olmos.
-¿Cómo era la textura de los criollitos?, ¿a simple vista se veían bien?
-Sí.
Y concluyó: "Hubo un error, una equivocación con el tarro que lo usamos como sal. Era un tarro de jalea. Después nos dimos cuenta de que no era sal. Lo habían mandado como jalea a Crocante y ellos, cuando había pasado un mes, lo devolvieron".
Cuando se levantó, y antes de retirarse de la sala, Navarro se acercó a Jamad y le dio un beso.

Dos intoxicadas
En el verano de 2011 Luciana Carla Ruiz y Flavia Romina Zamora Muñoz eran empleadas de Ver. Ellas solían comprar criollitos en Crocante, que estaba a pocos metros de la tienda. Pero los criollitos del 5 de enero les cayeron mal. "Al mediodía llegué a casa con la presión baja, náuseas y diarrea. Me acosté porque me sentía mal y a la tarde fui al médico (a la obra social Amusin). Me diagnosticó gastroenteritis y me extendió un certificado por dos días. A mis otras dos compañeras les pasó lo mismo. Yo estuve así durante tres días", relató Luciana.
"Al mediodía empecé con muchos dolores en el estómago. A la tarde, aunque estaba muy descompuesta y había comenzado con vómitos y diarrea, igual fui a trabajar, pero me tuve que retirar y concurrí con mi mamá al hospital Evita -señaló Flavia-. El médico me dijo que había atendido a otras personas con los mismos síntomas. Estuve tres días con un dolor espantoso en la boca del estómago".
Ambas testigos afirmaron que personal de Bromatología de la comuna fue al otro día al negocio para retirar los criollitos que habían quedado en la basura.

Sospechas y competencias
Un buen tramo de las testimoniales de ayer fue para escuchar a las autoridades provinciales que intervinieron en el caso. La entonces directora de Epidemiología, Claudia Gabriela Elorza, afirmó que se enteró de lo que pasaba "por llamados telefónicos de médicos públicos y privados que habían atendido a pacientes con cuadros de gastroenteritis. Esas notificaciones siempre son obligatorias y ante ellas debíamos investigar si se trataba de un brote. A partir de ahí le avisamos a la municipalidad sobre lo que estaba ocurriendo". A las pocas horas, el viernes 7, el Ministerio de Salud declaró oficialmente la existencia del brote.
"Teníamos dos hipótesis, que podía ser por una bacteria o por una sustancia química. El laboratorio IACA de Bahía Blanca nos informó que algunas pruebas dieron positivas de bromato en niveles altos y otras negativas. Fueron en productos elaborados, pero no en harinas", acotó.
-¿En estos casos, hay que clausurar los locales inmediatamente o esperar los resultados de las pruebas?, preguntó el fiscal Jorge Amado.
-Allí la discusión se da entre qué es beneficioso para la población y ciertos aspectos legales. Desde Epidemiología tomamos medidas preventivas apenas hay sospechas, no esperamos la confirmación de los resultados.
Elorza indicó que para establecer si existía un brote ("es cuando hay un número inusitado de casos que tienen un nexo en común") se encuestó a 81 personas y agregó que "cortamos ahí porque ya lo habíamos comprobado".
En la causa se habla de 57 casos confirmados de gastroenteritis. "Lo más sugerente fue que no tenían fiebre y que los dolores y las diarreas se habían producido a pocas horas de ingerir los alimentos", expresó la funcionaria.
-¿Por qué descartaron 24 casos?, preguntó Marcos Paz, defensor de Jamad.
-Porque 57 tuvieron los nexos epidemiológicos, es decir vómitos y diarreas acompañados y/o con fiebre y/o con dolor abdominal. Esos casos los detectamos por la encuesta. No hubo pruebas con bromato porque no se hacen en humanos.
El juez Miguel Gavazza indagó sobre si frente a una epidemia debe existir una mayor intervención de las autoridades provinciales o municipales, pero Elorza no fue contundente sino más bien confusa. "Cuando un municipio tiene un área de Bromatología, el responsable es la municipalidad, pero en La Pampa no hay salud municipal. Mi función fue exponer la sospecha de un brote para que tomaran medidas, pero no era mi competencia decirle a Fulano o Mengano qué hacer".
Una curiosidad: nadie le preguntó a Elorza si una persona con gastroenteritis se considera un enfermo, ya que justamente la imputación contra Jamad es que, como consecuencia del envenenamiento culposo, hubo personas enfermas.

Dos técnicos.
Graciela Cristina Borges es una licenciada en química que se desempeña en el Departamento Provincial de Bromatologia. Ella habló telefónicamente con Angel Parodi el 6 de enero de 2011 y al otro día fue a El Abuelo Julio y tomó muestras de harinas en bolsas cerradas y de algunos "mejoradores". Las bolsas con los aditivos estaban abiertas. "Las pruebas dieron negativo", precisó.
-¿Trabajaron en conjunto con el municipio?
-Sí, los jefes se habían puesto en contacto.
-¿Quién debió intervenir primero, el municipio o la provincia?
-Si el ejido es municipal y hay un área de Bromatología, le corresponde al municipio. La directora de Epidemiología (por Elorza) quizá no podía esperar y por eso actuó.
Borges indicó que a pesar de que La Pampa tiene un convenio con la Comisión Nacional de Energía Atómica para analizar pruebas de bromato, todas las muestras que no pudieron evaluarse aquí se derivaron al laboratorio bahiense.
-¿Sabe algo de lo que pasó con el bromato?, interrogó Gavazza.
-Yo solo participé de la harina y de los mejoradores, y el 8 me fui de vacaciones.
Luis Alberto Ottavianoni es un bacteriólogo que también trabaja en Bromatología provincial. El hizo muestras de agua, muzzarella y bollos de pizza tomadas en El Abuelo Julio y dijo que no estaban aptas para consumo humano. "El agua era de depósito y los microorganismos sobrepasaban la cantidad de coliformes (un grupo de especies bacterianas) que establece el Código Alimentario como límite, y la muzzarella y los bollos tenían presencia de gérmenes patógenos", detalló.
-¿Eso pudo producir los vómitos y las diarreas?, indagó Paz.
-Sí, sobre todo a los chicos.
A Paz le gustó la respuesta porque eventualmente podría argumentar que el brote de gastroenteritis fue por el consumo de agua en mal estado o por la muzzarella que compró su cliente, pero no por el bromato, que es por lo que Jamad está acusado.