“Hay similitudes con el Rodrigazo”

UN ECONOMISTA COMPARO EL AJUSTE DE MACRI CON EL DE 1975

Ambos procesos se desencadenaron tras once años de crecimiento consecutivo de la economía e impusieron medidas como la devaluación de la moneda y el aumento de las tarifas de los servicios públicos.
Néstor Restivo y Raúl de La Torre publicaron en el año 2005 el libro “El Rodrigazo”, un repaso analítico e histórico sobre el plan económico que en 1975 implementó María Estela Martínez de Perón con su ministro de Economía de entonces, Celestino Rodrigo. El trabajo fue reeditado recientemente con algunas actualizaciones a cargo de sus autores.
A más de 40 años de aquél episodio de la historia reciente de la Argentina, Restivo trazó una comparación entre el plan de Rodrigo y el que está llevando adelante el presidente Mauricio Macri, desde el 10 de diciembre del año pasado.
“Hay bastantes similitudes entre el ajuste que está realizando Macri en la economía argentina con aquel de 1975, más allá que los contextos cambian. Vemos similitudes en cuanto a devaluación de la moneda, aumento de las tarifas públicas y reacomodamiento de la economía, en nuestra opinión, en perjuicio de las clases populares y trabajadoras”, explicó en diálogo con Radio Noticias 99.5.
-Se puede advertir una intención de conformar un modelo de país bien diferente del que había hasta diciembre del año pasado.
-Tanto el “Rodrigazo” como el plan de devaluación y aumento de tarifas públicas de diciembre de 2015, llegan después de un largo período de crecimiento. En el caso del Rodrigazo, en el año 1964, con (el presidente Arturo) Illia, hasta el 75, fueron once años consecutivos de crecimiento que abarcaron gobiernos radicales, peronistas e inclusive las dictaduras de Lanusse y Onganía. Fue un período de expansión del mercado interno, de expansión del salario real y terminó abruptamente en 1975. Hubo un enquistamiento ultraliberal en el seno del gobierno de Isabel Perón, que era básicamente Ricardo Zinn, que era el ideólogo del plan, y luego colaboró con la dictadura y con el menemismo. Esto es similar a lo que pasa en 2015, cuando el ajuste de Macri llega luego de once años de expansión de la economía y de mejora del salario real. Y en los dos discursos, tanto el de 2015, como el de entonces, se habla de la herencia recibida, de una olla a presión, que había que resolver algunas cuestiones… Esto tiene algo de cierto, porque había cosas para corregir, pero en el fondo se trata de un cambio de régimen porque la elite dominante no se banca más una situación donde otros sectores sociales habían ganado preponderancia y el Estado tenía un rol de orientador de la economía que ese sector de la elite no soporta.
-¿La salida en ambos casos es la misma?
-La receta es la misma en el ’75 y en 2015: una fortísima devaluación, un fortísimo ajuste de precios relativos y un modelo mucho más regresivo en términos de la distribución del ingreso. En eso se parecen mucho los dos procesos.
-Después del Rodrigazo, vino una dictadura que profundizó mucho el rasgo neoliberal a partir de 1976. ¿Cuánto podemos esperar que dure el ajuste actual?
-Para imponer estos tipos de modelos hace falta represión, tanto en lo literal, con las fuerzas del orden, como represión de la posibilidad de resistencia de los sectores que quieran preservar los derechos ganados en el proceso anterior. El modelo puede avanzar en tanto y en cuanto los sectores afectados, que son mayoritarios, acepten la baja del salario real. Ahí se abre un período de mucha incertidumbre. Lo que está generando este proceso en forma incipiente son algunas fisuras en el bloque dominante, ya sea de empresarios que ven que este es un año perdido en términos de consumo del mercado interno; un año pérdido en términos de exportaciones, porque el mundo no vive un momento de expansión y de demanda, sino un contexto difícil; algunos ruiditos internos en la propia conducción de la economía, sobre todo en el gasto público en el que está incurriendo el gobierno actual, a pesar del discurso monetarista que tiene, y algunos roces con el Frente Renovador, que parecía un aliado. Si no resuelven algunas cuestiones, el escenario se les puede ir complicando mucho, porque estos ajustes en la economía generan mucha tensión y negatividad para vastos sectores de la sociedad e incluso de empresarios que no tienen un horizonte claro de hacia donde va la economía argentina.
-¿Qué va a pasar con la industria?
-En 1975, el Rodrigazo fue la entesala del plan de Martínez de Hoz que fue muy desindustrializador. En el caso actual, no hay visibilidad de que haya un modelo de desarrollo industrial en ciernes, sino un escenario de ir hacia los tratados de libre comercio, que no son solo intercambiar bienes y servicios con otros países sin aranceles, sino que incluyen capítulos de desregulación estatal, libre flujo de capitales, igualdad de trato de capitales extranjeros poderosos, con otros locales mucho más débiles, compras gubernamentales, es decir, participar en las licitaciones del Estado en igualdad de condiciones con extranjeros. Son formatos muy neoliberales que destruyen cualquier intento de industrialización. Hay países que no tienen esa ambición fabril y se sienten más cómodos en esos formatos, como Chile, Colombia o Perú, pero en países como Brasil o Argentina, si avanzan estos esquemas, obviamente generan un proceso de desindustrialización como el que hubo con Martínez de Hoz y es una pena. Argentina tiene un desafío de industrializarse y me parece que estas políticas que está llevando adelante el presidente Macri van en detrimento de esa posibilidad.

Potencial agroalimentario.
Néstor Restivo, además de periodista y escritor, es economista. A su entender, Argentina no puede desaprovechar su potencial agroalimentario, pero tampoco debe convertirse únicamente en un país que viva exclusivamente de su producción primaria.
“Argentina tiene un potencial agroalimentario tremendo, que no se trata de desaprovecharlo, sino que hay que tratar de industrializarlo. Argentina es el primero o segundo exportador mundial de soja, pero bien podría profundizar la cadena productiva detrás de la soja, elaborando aquí mismo sus aceites y subproductos, y no exportar a granel”, aseguró.
“Me da risa cuando los neoliberales dicen que Australia o Canadá se han desarrollado y no han tenido la dicotomía campo-industria. Lo que no dicen es que esos países tienen una continuidad institucional sin golpes de Estado durante siglos y que en los golpes de Estado que hubo en Argentina, el sector anti-industrial estuvo siempre presente”, añadió.
Los mismos sectores anti-industriales a los que ubica como partícipes de los quiebres institucionales de la Argentina están ahora, según Restivo, acompañando el cambio que se instauró en el país con el triunfo de Mauricio Macri en las elecciones pasadas.
En ese sentido, advirtió que si se privilegia solo la producción agropecuaria y se primariza la economía del país, no habrá un horizonte de inclusión social y de trabajo para la mayoría. “No se trata de desaprovechar el potencial agroalimentario que tiene Argentina, que es maravilloso, sino de encadenarlo a un proceso industrializador”, concluyó.