“Hay que transformar la municipalidad”

HECTOR ROLANDO VILLEGAS, CANDIDATO DEL FRENTE RENOVADOR

No resulta fácil a las fuerzas no mayoritarias conseguir espacios en los medios. Héctor Rolando Villegas, candidato de Pueblo Nuevo y el massismo dice que en cinco meses sólo le hicieron cuatro notas.
“Hay que transformar la municipalidad, empezando por dejar la ley 643 (Estatuto del Empleado Público Provincial), y redactar el Estatuto del Empleado Municipal”, dijo Héctor Rolando Villegas, el candidato del massismo a la intendencia de Santa Rosa.
Entrevistado por LA ARENA el postulante al municipio capitalino dijo aspirar a “un cambio” de modo tal que el 80% de la actividad sea de servicios, y un 20% administrativa. “Hoy es al revés”, juzgó.
-Por dónde pasa la transformación que propone.
-La principal propuesta, más allá que después podemos hablar de lo urgente, es transformar la municipalidad para que sea de excelencia en servicios. Para eso tenemos que hacer transformaciones complicadas pero necesarias.
-¿Y cómo se empieza para una transformación tan radical?
-No se puede transformar nada si no hay un cambio en la modalidad de trabajo de los empleados municipales. Por eso proponemos salir de la ley 643, el estatuto de empleados públicos de la provincia, para discutir profundamente con el Concejo y los sindicatos un estatuto del trabajador municipal, que comprenda a todas las áreas para poder manejarnos de acuerdo al tipo de trabajo que debe realizar cada uno.
-No está de acuerdo con la actual conformación municipal.
-No, porque estimamos que un 80 % es servicio y el 20% administrativo, cuando tendría que ser exactamente al revés. Sin que resulte peyorativo para nadie, y todo trabajador tiene el mismo valor, es fácil darse cuenta que no es lo mismo el que limpia cloacas en Obras Sanitarias (hoy Servicios Municipales), que el inspector o empleado de tránsito.
-¿Y el cambio que propone que traería aparejado?
-Primero hay que hacer esos cambios para que el personal esté tranquilo y sea más eficiente.
-¿Qué otra idea tiene?
-Queremos mejorar obras sanitarias, descentralizarlo a la manera del Emshu, que por lo que he podido ver funciona muy bien, porque ahí cada uno sabe qué hacer, cómo hacerlo y todo está reglamentado. Igual tenemos que seguir hablando con el Soem (Sindicato de Obreros y Empleados Municipales), para conseguir, con una discusión despolitizada, ponernos de acuerdo.
-El municipio está complicado con las cuentas.
-Es cierto, estamos en una situación difícil, con unos 60 millones de deuda, pero a su vez hay 300 millones que se le deben al municipio.
-¿Quién debe semejante suma?
-Los vecinos, y por eso son cosas que hay que hacer, porque si recuperáramos el 50% de ese monto no estaríamos hablando de una municipalidad endeudada.
-¿Pero cómo se hace?
-Hay que generar una oficina de cobranza, no para salir a intimar sino para conversar con la gente. Hay quienes no pagan porque no pueden, otros porque no quieren, otros porque no se prestan eficientemente los servicios… Hay que tomar la antigüedad de las deudas, preguntar por qué no pagan y entonces sí tomar las medidas que fueran necesarias.
-Pero además hay problemas estructurales en la ciudad.
-Claro, hay problemas urgentes. Lo de las cloacas no es de ahora, sino de ayer… Por eso elaboramos un plan que es más o menos el que tenemos todos, porque el diagnóstico lo tenemos. Nosotros proponemos comprar dos desobstructores, equipos de arrastre que se pueden tirar con una camioneta. ¿Ustedes saben cuántos inspectores tiene obras sanitarias para verificar que los 700 comercios del centro no tiren grasa y aceite a las cloacas? Uno solo, y así son los resultados. Y ese es otro tema, porque hay que arreglar el parque automotor. Por supuesto la provincia tendrá que darnos una mano, considerar la deuda actual, darnos un poco más y refinanciar todo con un poco más de plazo
-¿Y en cuánto al personal del municipio?
-Desde ya anticipo que no vamos a tomar ni un solo empleado más. Ni uno, nada. No vamos a prometer trabajo a nadie para que nos voten. Por eso el estatuto que pretendemos es para que cada uno vaya donde haga falta.
-¿Y con el tránsito qué harían?
-Sí o sí la policía debe trabajar con los inspectores. Y para eso no sólo tenemos que cambiar los que hacemos la propuesta, sino también los que tienen cargos y no toman decisiones, porque tiene que haber armonía entre el gobierno provincial y el municipal. El vecino sabe que no debe seguir pagando las consecuencias de una mala relación, como ha sucedido, y tiene que hacerle pagar el costo político a los responsables.
-¿Pero cómo se hace para salir del bipartidismo? Les va a resultar difícil.
-Sí, lo sabemos, pero alguna vez hay que empezar. Estamos hace cuatro meses caminando la ciudad, y por eso les agradezco la nota, que es la cuarta en estos cinco meses. Bastante poco por cierto, ¿no?

Conocimiento por trabajo pastoral.
Héctor Rolando Villegas, en su vida particular, es pastor evangélico, y dice que precisamente eso le permite conocer la ciudad. “La conozco a través de mi trabajo pastoral; y además tengo mi sensibilidad, porque me dicen ‘Pocho’ y nací en el ’55, así que podrán darse cuenta cómo pienso”, completa.
Señala que su idea “no es hablar mal de nadie, sino crecer a través de nuestros aciertos. En cinco meses conseguimos más del 15% de los votos, más de 10 mil sufragios, más los que nos faltaron. Fui jefe de campaña de la ciudad y pude ver anormalidades: vi telegramas que decían 0 voto en lugares donde teníamos votos. Tengo los telegramas comparados con los certificados que avalan lo que digo”, señaló.
“¿Nuestra aspiración? Meter muchos concejales y varios diputados provinciales. Podemos dar una sorpresa, aunque lo de Sergio Massa no va a ser una sorpresa; y si lo pasa a Macri y va a balotaje va a ser presidente”, juzga.
Acentuó su optimismo en lo que percibe en los barrios. “La gente está mirando, y alguna tiene miedo a represalias. ¿Si un funcionario me da un dato y se entera su jefe qué le pasa?”, se preguntó.
Después comparó las carencias económicas de su espacio, que no maneja ni cerca los fondos de los grandes partidos: “Si tengo un fiscal no le puedo pagar, sólo le puedo llevar un sandwich. Y si puedo…”.
Después refirió a su voluntad de servir, sin ninguna otra pretensión. “Tengo 21 años trabajando en la cárcel, donde nadie te paga ni te da nada. Voy porque es un llamado de Dios, pero es lógico que la gente desconfíe, porque parece raro hoy en día tratar de ser honesto”, cerró.