¿Herencia o cambio metodológico?

EL INDEC MODIFICO LA CONFORMACION DE LA CANASTA BASICA PARA MEDIR LA POBREZA

Daniel Schteingart es Magíster en Sociología Económica y dicta clases en la Universidad Nacional de Quilmes y en la UBA. El sábado dialogó con Radio Noticias sobre la pobreza y su evolución en los últimos 40 años, asociada a la forma en que el Indec realizó las mediciones. Resaltó que la medición que presentaron las nuevas autoridades del organismo en septiembre se realiza sobre la base de una canasta básica más exigente (más cara) que la que se utilizó históricamente.
“Es indispensable remarcar que la nueva medición del Indec introduce un cambio metodológico muy grande en las formas de definir quién es pobre y quién no. Ninguna medición de los ’90 en adelante es compatible con la que se mostró ahora y tampoco es comparable con la de otros países”, afirmó.
Antes de entrar en disquisiciones, Schteingart aclaró que cualquier medición de pobreza tiene un inevitable componente de arbitrariedad, puesto que trata de definir un umbral mínimo de bienestar al cual las personas debieran acceder. “Lo que hizo el Indec ahora fue cambiar la Línea de Pobreza y subirla mucho, volverla más exigente a como era tradicionalmente. ¿Está mal? No. El problema que tiene es que entre 10 y 11 puntos de ese 32% surgen por el cambio metodológico que hizo el Indec”, sostuvo.

40% más cara.
Actualmente, la canasta básica está en torno a los 12.500 pesos, mientras que con el modo tradicional de medir pobreza, la canasta estaría en 9.100. Esto indica que la Línea de Pobreza se encareció un 40% por el cambio de metodología. “Antes teníamos 45 kilos de comida en la canasta y ahora tenemos 50, y se incorporaron más productos, como cerveza, vino y yogurt. Generalmente, cuando se construye una Línea de Pobreza, lo que se suele hacer es tomar como referencia los patrones de consumo de la población de la clase media baja. Lo que ocurrió es que al introducir una canasta más cara, se generaron 10 puntos de pobreza más solo por este cambio”, afirmó el magíster.
Schteingart negó que el nivel de pobreza actual sea similar al de 2001. Pues aseguró que el 33 ó 34% de pobreza de entonces se medía con una canasta mucho menos exigente. Con parámetros como los actuales, el investigador concluyó que la pobreza de 2001 hubiera estado en el 45% y la de 2002, post devaluación asimétrica, hubiera sido del 67 por ciento.
Para comparar cómo pueden variar los resultados de las mediciones según la metodología a implementar, Schteingart tomó el caso de Chile. “La canasta chilena es mucho menos exigente en lo monetario que la Argentina. Tiene menos requerimiento de carne y de calorías. Incluso los requerimientos de productos no alimenticios son menores. Por eso ellos figuran con 8% de pobres. Si le aplicáramos la exigencia de nuestra canasta, Chile tendría 28% de pobres, es decir, casi lo mismo que Argentina”, afirmó.

Moreno y la UCA.
Analizando el pasado inmediato, el magíster consideró que el 5% de pobres que arrojaba como dato el Indec durante la intervención del ex secretario de Comercio, Guillermo Moreno, era un “mamarracho” y un “chiste”. “No puedo creer que personas como Moreno que, a mi modo de ver, han sido artífices de la destrucción estadística argentina, sigan defendiendo eso”, opinó.
Del mismo modo, el investigador consideró que también era “ridículamente falso” que desde 2006 en adelante había subido la pobreza, sobre todo si esa afirmación estaba basada en mediciones como la de la Universidad Católica Argentina (UCA), la cual, según consideró, tiene muchos problemas.

Indice puntano.
Schteingart prefirió hacer ese mismo análisis pero tomando como base las mediciones estadísticas de la provincia de San Luis. Utilizando como parámetro la canasta básica actual, el especialista aseguró que entre 2003 y 2011 la pobreza bajó sostenidamente llegando a ubicarse en 26 ó 27%. En 2012 y 2013 estuvo estancada. En 2014 subió el 30% y en 2015 bajó al 29. Actualmente, la pobreza se ubica en el 32 por ciento. “Esto nos pone en una situación parecida a la de 2010 pero mejor que la de 2001 y que toda la década del 90”, explicó.
La época de menor pobreza en el país, según el investigador, fue el año 1974, previo al “rodrigazo” de 1975 y el golpe de Estado de marzo de 1976. “Argentina no hay podido volver a esos niveles a pesar de más de 10 años de crecimiento sostenido con medidas progresivas en términos de redistribución del ingreso, pero hay que tener en cuenta que entre 1975 y 2002 fue prácticamente una calamidad lo que ocurrió en el país”, afirmó.

Crecimiento y redistribución.
¿Qué es lo que hace bajar la pobreza? Crecimiento económico y redistribución progresiva de la riqueza, explicó el sociólogo económico. “Venezuela, por ejemplo, ha tenido una caída del PBI del 5 ó 10% en los últimos años, entonces por más que sea progresiva la redistribución de la riqueza, la pobreza está creciendo. Este escenario no es deseable. El mejor escenario es que la torta se agrande, con una redistribución progresiva de la riqueza”.
Schteingart explicó que entre 2003 y 2011 se dio en buena medida el crecimiento económico con la redistribución progresiva de la riqueza, mientras que entre 2011 y 2015, se dio un estancamiento económico con una redistribución que se mantuvo constante, situación que evitó que la pobreza siguiera bajando. ¿Qué ocurre en la actualidad? Se combinan una caída económica con una redistribución más regresiva de los ingresos, lo que tuvo como resultado un crecimiento de la pobreza en 3 ó 5 puntos, es decir, 1,5 millones de nuevos pobres.

La cultura dolarizadora
Schteingart aseguró que la Sociología Económica estudia, entre otros fenómenos, por qué en nuestro país se piensa en dólares y cuándo comenzó a ocurrir. “Ese es un fenómeno que data de la última dictadura militar en adelante, desde los años 1976-77. Por entonces recién empiezan a aparecer avisos de venta de inmuebles nominados en dólares a una escala mucho más grande de lo que había antes. La forma de pensar en dólares es algo de los últimos 40 años”, puntualizó.
Esa forma de proceder, sostuvo, está asociada a una inestabilidad económica muy grande que se ha vivido en Argentina desde el año ’75, cuando la inflación del “rodrigazo” superó los tres dígitos. “En los 30 años anteriores, de 1945 al 1975, tuvimos inflación moderada, o incluso un poco alta, pero nunca de tres dígitos, salvo un solo año que fue el Plan de Estabilización de Alzogaray, cuando era ministro de Frondizi, en 1959”, repasó.
A partir de 1975, el país comenzó tener una época en que todos los años hubo inflaciones de más de tres dígitos, incluyendo las hiperinflaciones de los gobiernos de Ricardo Alfonsín y Carlos Menem. A eso, le sumó la apertura a los mercados financieros que se dispuso desde 1976, durante el gobierno militar. “Reducir esta cultura dolarizadora va a llevar mucho tiempo”, concluyó.

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