Juan Carlos Bolla, el chofer del “Tío”

Mario Vega – Manejar muy bien, saber lo que es transitar en la ruta, y una buena cuota de discreción, parecen ser elementos necesarios de aquel a quien le toque ser chofer de quien ocupa algún cargo muy importante.
El oficio de chofer, o conductor, naturalmente necesita de condiciones indispensables, y en algunos casos quien se desempeña como tal debe tener mucho que ver con las características de la persona a la que se debe transportar. Si se trata de un chofer oficial, de una repartición de Casa de Gobierno, de la Cámara de Diputados, o de la Justicia, y la tarea consiste en llevar y traer a autoridades de esos poderes, los requerimientos se tornan quizás un poco más exigentes.
Porque obviamente, además de tener que manejar muy bien, de conocer los secretos de la ruta, y conducir prudentemente, existen otros atributos que debe tener quien pasa largas jornadas con un funcionario importante. Y si ese personaje es nada más ni nada menos que un ex gobernador, ex vicegobernador, que también fue alguna vez diputado y senador nacional, se supone que el trabajo puede resultar francamente interesante.
Más allá de banderías políticas -que no son cuestiones a debatir hoy en esta columna-, no puede discutirse la preponderancia que Rubén Hugo Marín ha tenido en la provincia, y permanecer horas y horas a su lado, llevarlo de un lado a otro donde sus funciones de gobierno, o aún políticas partidarias, lo determinaran, debe constituir una experiencia apasionante.

Con Marín, 45 años.
Juan Carlos Bolla (69), tuvo el compromiso -¿o el privilegio?- de ser chofer del jefe del Partido Justicialista de La Pampa durante nada menos que casi 45 años. Buena parte de su vida sentado al volante llevando en el asiento del acompañante a Rubén Marín. Cuántos secretos tendrá bien guardados, cuántas confesiones que nunca dirá, testigo de cuántos acontecimientos -y de sus intimidades- habrá sido Juan Carlos.
Lo conozco de hace muchos años -él en su actividad, yo en la mía-, pero hace algún tiempo hemos coincidido bastante en las plateas de las canchas de All Boys, o la de Belgrano. Es que es gran amante del fútbol -sin reconocer simpatía por algún equipo en particular en nuestra provincia, salvo All Boys de Trenel-, y fanático del más grande. Sí, que otro… el club más ganador de la historia del fútbol argentino, claro. Hincha de River, Juan Carlos tuvo que “soportar” a un bostero irremediable como el ex gobernador, que hasta en alguna oportunidad “lo obligó” a acompañarlo a la Bombonera…
El trabajo de conductor debe ser apasionante para aquel al que le gusta manejar -no es mi caso-, para la persona que siente entusiasmo por devorar kilómetros y kilómetros en busca de un destino determinado. A veces saben ser horas que un chofer tiene que compartir con otra persona, e innegablemente cuando se trata de viajeros que comparten frecuentemente el habitáculo de un auto debe haber empatía, un trato especial para sobrellevar tantas horas de acompañantes de ruta.
¿Alguien se imagina tener que compartir con otra persona con la que no se tiene buena vibra, con la que no hay una corriente de simpatía, o aún de afecto? De verdad, debe ser un embole perfecto. ¿O no?
No es el caso de Juan Carlos y de Rubén. “Es casi como un hermano para mí”, dice aquél.

Nacido en Trenel.
Entonces, ¿quién es Juan Carlos Bolla? “Soy nacido en Trenel, hijo único de un padre comerciante (Blas Domingo) y mamá (Catalina Bambini) ama de casa. Soy viudo hace seis años… tengo un hijo, Carlos Arol (36, hoy chofer de Vialidad Provincial), que junto a Silvana Desch, su esposa, me dieron dos nietas maravillosas, Luz y Matilda que tienen cuatro añitos, y realmente me colman la vida”, revela Juan Carlos. “Mi señora se llamaba Celia María Colombo, y era una gran mujer…”, completa.
Por supuesto hizo primaria en su pueblo, primer año del ciclo básico, pero no más. “En Trenel era una vida de amigos, muy de pasar mucho tiempo en el club All Boys -del que Marín fue presidente-, el fútbol, jugué de arquero ahí… La vida típica del pueblo, las primeras salidas a los bailes de la zona en el Ford A de mi papá, Arata, Caleufú, Castex, en los que se hacían en las escuelas de campo como el Boliche Guiñazú, que estaba sobre la ruta 35, entre Trenel y Embajador Martini. Mi viejo al principio trabajaba de encargado en la cooperativa granjera, que era como un almacén de ramos generales. Lo cierto es que en casa nunca faltó lo indispensable para vivir”, rememora Juan Carlos.
El joven Bolla tuvo su primer trabajo en la municipalidad de la localidad, donde ya mostraría sus bondades al volante, porque le tocó manejar “el camión volcador y una pala cargadora. Eso fue todo antes del ’73, y en ese tiempo Rubén para mí era… el abogado. Vivía en General Pico, pero iba constantemente a Trenel porque tenía sus padres”, rememora.

Convocado por Marín.
Papá Blas Domingo era ferviente peronista, “y fue juez de paz por el Frejuli. Siempre militó en el justicialismo y era amigo de Marín. ¿Cómo llegué a ser su chofer? Un día me llamó Pascual Giuliano, hermano de la madre de Rubén, que me presentara porque Marín iba a asumir como vicegobernador… Fui a ese edificio antiguo de la calle Roca (actualmente sede del Consejo de la Magistratura, pero alguna vez fue la Cámara del Crimen), porque ahí había empezado a funcionar la Cámara de Diputados. Me acuerdo que ya estaba de mozo Alberto Hefner (muchísimos años cumpliría después la misma función en la Casa de Gobierno), y un único ordenanza, que era ‘La Vieja’ Biaggio (el padre del “Pampa”, ex jugador de San Lorenzo), que se la pasaba laburando… todo el día limpiando con la gamuza en la mano”.
Después la Legislatura se trasladó donde ahora está el Superior Tribunal, “y allí empezó a entrar más gente, ‘Quiche’ Sombra, Leonardo Giacco, que era encargado de personal; trabajaron varios muchachos que después jugaron en All Boys de Trenel, como Miguel Ingratti, Del Carmen Herrera, el Tano Di Pascua (jugador de Nueva Chicago), Pedro Colman (ex Deportivo Paraguayo)”, evoca.

Cantinero en All Boys de Trenel.
Cuando se produjo el golpe militar, y en el interregno entre 1976 y 1983, dejó de ser chofer personal de Rubén Marín, aunque nunca perdió el contacto con él. “Hasta marzo de 1977 estuve en el IPAV, llevado por ‘El Negro’ Rojo, que era gerente, pero como me habían bajado de la categoría 6 a la 14 decidí renunciar para irme de cantinero al Club All Boys de Trenel. Me fueron a buscar dos o tres veces para ser chofer del general Aguirre (a cargo de la gobernación), pero no acepté”.
Ya instalado nuevamente en su pueblo volvió a verse con los amigos, se habría de casar con Celia, que era peluquera – “gran mujer, muy trabajadora” la recuerda-, y más tarde junto con su amigo Andrés Fontana pusieron una parrilla a la entrada del pueblo, “pero no funcionó y tuvimos que cerrar. Después de eso con mi señora agarramos el servicio de comidas del Banco de La Pampa y nos fuimos arreglando… hasta que llegó la campaña política de 1983. En una reunión por las candidaturas me ofrecieron para juez de paz, pero no quise. Pasaron las elecciones y un día me llamó Santiaguito (Giuliano) para que viniera a Santa Rosa porque Rubén quería que fuera otra vez su chofer”.
Recuerda que “en esa época me entregaron dos Torinos, dos fierros bárbaros. Tuve algunos grandes amigos choferes, como el ‘Colorado’ Ruiz, Beto Martín que falleció no hace mucho, ‘El Petiso’ Richi, ‘Pocho’ Ramos, ‘El Nene’ Sánchez, ‘El Viejo’ Varela, ‘Paisano’ Vidal, y ‘Negro’ Ullúa”, los menciona.
Estuvo del ’83 al ’87 con Marín, pero “después El Turco (Ahuad) me dijo si quería seguir con él y estuve dos años. Más tarde pasé con Oscar Negrotto, en el Ministerio de Obras Públicas, hasta que en el ’91 volvió Rubén (Marín); que había estado en Buenos Aires, como diputado y senador. Igual a veces lo iba a buscar al aeropuerto de Santa Rosa y lo llevaba hasta General Pico”, indica.

Una relación personal.
Ya jubilado, con Rubén Marín sin cumplir funciones oficiales, Juan Carlos no obstante va todos los días al domicilio del “jefe”. “Le hago algunos encargos, le atiendo el auto… la llevo a la señora, que para mí sigue siendo la ‘Cachu’, o la ‘Gallega’, alguna vez le digo ‘Tía’… hay un dicho que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer… bueno, este es un caso: por el trabajo del marido tuvo que manejar la familia, la mantuvo unida, y los domingos es como una religión: los junta a todos. ¡Y cocina ella!”, apunta Juan Carlos.
“¿Rubén? Para mí es como un hermano… la mamá del doctor, cuando la llevaba a algún lado me presentaba como el chofer de Rubén, y aclaraba que yo era su hijo más chico. Es que casi puedo decir me crié con ellos, estuve de los 25 hasta los 69 años; y cuando empecé en el ’73 los chicos Alba y Lichi iban al jardín de infantes y hoy son madres con chicos que van a la universidad. ‘Taco’ (Espartaco, hoy diputado provincial) es buen pibe, tiene la edad de mi hijo… el único problema, pero que es suyo, es que es hincha de Boca. Las chicas (Alba, “Lichi” (Varinia), Alina y “Vana” (Ivanna) son como mis sobrinas”, acota.
Juan Carlos admite que “por supuesto hubo momentos duros, de preocupación alguna vez que no había un mango y se debía atender los planes sociales; también cuando se perdieron algunas elecciones… son momentos tristes, golpes duros, pero Rubén los asimiló, se levantó y ahí está… si no fuera por Marín el PJ no sé como estaría. Hizo mucho esfuerzo para juntarlos a todos”, señala.

De todo un poco.
Hubo, en esos 45 años, un poco de todo… algún accidente como el del cruce de Winifreda, cuando un hombre ebrio dobló en U sobre la ruta… “Fue tan increíble todo que el custodio llegó a disparar un tiró al aire, y a mí me pareció que la bala había pasado cerquita”, se sonríe Juan Carlos. “Marín tenía la costumbre de levantar gente en la ruta, soldados a los que después le ponía unos pesos en la mano… Una vez un matrimonio venía de visita a Santa Rosa y se le rompió el auto… Era tarde, de noche y Rubén me hizo parar. El hombre se quedó esperando al auxilio y trajimos a la mujer, y al llegar dejamos a Marín en la residencia y como los policías saludaban al entrar, cuando la llevaba a su destino la señora me preguntó por qué: ‘El que bajó ahí es el gobernador de la provincia’, le contesté. No lo podía creer, y le contaba a sus familiares lo que le había pasado”, agrega.
“El auto ha sido como un confesionario, y para mí Rubén es como un hermano. Yo tenía un problema y se lo contaba y él me daba un consejo, o una solución. ¿Si sé de política? Después de un millón de kilómetros y de 45 años de conocerlo, ¡qué te parece!”, se ufana un poco.

¿Volver a Trenel?
Hoy Juan Carlos no deja, cada día, de ir a visitar a su amigo, le ceba unos mates, hace alguna diligencia para la familia… y charlan, y recuerdan… “¿Sabés? No quiero ir más a Buenos Aires… tengo mi Eco Sport, y no la paso de 110 ó 120, pero la gente está muy loca en la ruta”, comenta.
En el final quiere decir algo más: “Aprendí que hay que ser leal, agradecido de la persona que te ayudó, aunque en ciertos momentos no compartas un determinado espacio, o una opinión. La lealtad ante todo. ¿Lo que viene? No sé… a veces pienso que lo mejor sería volverme a Trenel, donde están los amigos de siempre. Aquí tengo mi casa… pero te aseguro que la soledad es dura, muy dura. Rubén me dice que su casa es la mía, y su familia me aprecia, pero ellos tienen su vida. Yo soy su amigo, sí, pero ya veré que hago…”, dice y se queda como pensando.

Un testigo “político”.
“Sí, yo lo llevé a Rubén hasta la casa de Verna en Pico cuando le fue a ofrecer que fuera candidato. ‘Tenés que ser candidato, porque las encuestas dicen que vos ganás. Y tenemos que ganar la provincia’, le dijo”, cuenta Juan Carlos Bolla. Fue sin dudas un momento de inflexión en la política lugareña. “¿Verna? No sé, quizás se sorprendió un poco, pero Rubén le explicó cuál era la situación”.
Fue un momento crucial, porque Oscar Mario Jorge (por entonces intendente) y Heriberto Mediza (vicegobernador) alentaban expectativas. “Marín no es muy amigo de las encuestas, pero esa vez les hizo caso y lo fue a ver a Carlos”, agrega.
Sobre Marín y Verna sostiene que “más allá de lo que puedan decir, la relación siempre fue de respeto, y el diálogo nunca se cortó. Y lo digo porque Rubén no usa celular, ahora le dieron uno y no lo usa, así que lo llamaban al mío y sé bien lo que digo. Verna armó su línea, y esperó su tiempo, y está bien. Nunca lo escuché a Rubén putearlo a Verna”, afirma.
Juan Carlos Bolla sostiene que lo peor son los “traidores. Hubo algunos que fueron algo en política por Marín, pero después lo traicionaron… y así andan ahora”, juzga. “Por eso, por cómo se portaron una vez le dije, no me pidas que vote a fulano (da un nombre) porque no lo voy a hacer”, refiere a alguien que fue ultramarinista y luego se alejó del ex gobernador. “Pero aunque te parezca mentira Rubén no les tiene ni bronca… y no te va a hablar mal de ellos. Pero sí, hubo tipos que uno los escuchó en una mesa y después dijeron todo lo contrario y lo traicionaron”, reafirmó.
Era tanto el trato de Juan Carlos con el líder del PJ provincial, que obviamente se enteraba antes que todos de algunas decisiones. “Una vez entramos a la quinta y estaban Santiago Giuliano, Néstor Bossio y Heriberto, y yo le pregunto: a quién vas a llevar como vice… y me contesta: al ‘Pelado’ (por Mediza). Rubén entró en la casa y fui donde estaban ellos, le tiré la mano a Mediza y le dije: ‘felicitaciones al futuro vicegobernador’. No me creía y le tuve que insistir para que cayera que el elegido era él”, se ríe.
Le tocó llevar en el auto a otras figuras de la política, como Carlos Menem. “Varias veces… era muy piola, y de una gran memoria, al punto que cuando iba a subir me saludaba con un ‘hola Juan Carlos, ¡cómo andás!’. Pero también a Néstor Kirchner, al que llevé una vez en Buenos Aires, y también tenía muy buen trato con la gente”, agrega.