La brecha, cada vez más grande

NUEVE DE CADA DIEZ PAMPEANOS COBRAN MENOS DE 18 MIL PESOS POR MES

Juan José Reyes – La desigualdad económica y social en SantaRosa-Toay creció en forma alarmante. La brecha de ingresos se hace más marcada entre quienes tienen estudios universitarios y quienes no terminaron el secundario.
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del último trimestre del año anterior, referente los niveles de ingresos por capas de la sociedad en el aglomerado urbano Santa Rosa-Toay, muestran una creciente desigualdad económica y social. Puede afirmarse que nueve de cada diez pampeanos residentes en el conglomerado capitalino percibe ingresos menores a los 18.000 pesos mensuales y, peor aún, cinco de cada diez no llega a los 8.400 pesos al mes.
En cambio el 10 por ciento más rico, unas 13 mil personas, se apropian del 48,4 por ciento de la renta total. Para que se entienda bien: la diferencia entre la población de mayor ingreso y la menor, la considerada indigente, creció al 2.500 por ciento en poco tiempo.
Que el 10 por ciento más rico de la población urbana de la capital provincial obtenga poco menos de un tercio de los ingresos totales parece grosero, mientras que el 40% de los de menores ingresos solo se apropie del 12 por ciento restante implica una diferencia de ingresos entre pobres y ricos similar a la de los países arábigos.
La medición del Indec de la distribución de la renta per cápita durante el trimestre octubre-diciembre de 2016 indica que la parte más baja de los ingresos salariales tiene un promedio de 1.369 pesos mensuales, obteniendo apenas el 1,2% del total de los ingresos.
En cambio el 10% de la población más rica tuvo un promedio de ingresos mayores a los 34.998 pesos, acumulando el 31,5% de los ingresos totales. Si se hace la comparación de ingresos entre ricos y el estrato más bajo de los pobres -la categoría de indigentes- la brecha crece hasta alcanzar las 25 veces.

Ingresos por franjas.
De acuerdo al informe, el primer decil -ingresos entre 50 y 2.500 pesos- tuvo un ingreso promedio de 1.369 pesos mensuales. El segundo -2.500 a 4.000 pesos- tuvo ingresos promedio de $3.478 cada treinta días, mientras que el tercero -de 4.220 a 5.000- registró un promedio de ingresos $4.818.
Para el cuarto decil, con ingresos de entre 5.000 y 7.000, el promedio fue de $5.815, en tanto que para el quinto -sueldos entre 6.800 y 8.000 pesos- de $7.496.
El sexto decil abarca a los que obtienen entre 8.000 y 14.000 (monotributistas, empleados medios del comercio-servicios y empleados estatales de categorías bajas), el promedio fue de 12.168 pesos, mientras que el séptimo -que va de 14 a 17 mil pesos- de $13.163.
En cuanto al octavo decil -entre 15.900 a 22.500 pesos-, registró ingresos de $18.116.
Para el decil más alto, que incluye quienes perciben entre 22.500 y 274 mil pesos mensuales, el ingreso disponible promedio fue de 37.632 pesos, diferencia abismal con lo que menos tienen. Otro factor de fuerte impacto fue la caída del nivel de actividad y la mayor conflictividad salarial.

Estudiar ayuda.
De acuerdo al nivel educativo, la brecha de ingresos también crece. Un graduado universitario tiene un ingreso respecto a quién no tiene ese tipo de estudios, 8 a 10 veces mayor. El que estudia en una facultad recibe entre 5 a 6 veces más sobre los que terminaron el secundario.
Ese diferencial salarial se da pues el 22% de la población económicamente activa, 29.452 personas, no completó su escolaridad primaria y el 20%, 27.174, no finalizó el ciclo secundario. En otras palabras, hay un universo de 56.626 pampeanos de la PEA (47%) con niveles de ingresos inferiores a aquellos que sí prosiguieron sus estudios.

En caída libre.
La profundización de la desmejora en la distribución del ingreso sigue aumentado. A la caída de la actividad económica, el nivel de ingresos de las clases pudientes y medias altas se ensancharon por el fuerte impacto de la inflación. Ello dio lugar a que la fuente rentística de las altas tasas de interés pagadas por el sistema bancario, beneficiara superlativamente a aquellos que tenían ahorros.
El 10% más rico ganó 10 veces más que el decil más bajo, si bien lejos de las 14 veces de la crisis del 2001, un dato que preocupa a las autoridades. El estrato más alto se apoderó del 27% de los recursos totales mientras que la base se quedó con el 4%. Esa relación era de 25% y 3,8% tres años atrás. Los datos pertenecen al informe sobre Evaluación de la Distribución del Ingreso correspondiente a la última EPH.
De acuerdo con este trabajo, el ingreso promedio en los hogares de más altos ingresos es de $ 37.632 lo que implica una suba importante. A su vez, en el decil inferior se ubicó en $ 3.675 para asalariados sin estudios.
Otro de los problemas es la economía informal (empleo en negro y evasión) que se ubica en un rango del 35%. Dentro de las ramas profesionales los ingresos más altos lo perciben empleadores (hasta 75 mil) seguido de asalariados en cargos jerárquicos (40.700). En cambio los ingresos más bajos son para los cuentapropistas de las dos últimas categorías del monotributo (7.300), mientras que los más bajos ingresos llegan a los 5.800 y 3.675 pesos del personal del servicio doméstico.

Lo peor, la grieta educacional.
La correlación existente entre el nivel educativo y el ingreso alcanzado -que incluye no sólo retribuciones al trabajo sino también el dinero percibido por otros conceptos como asignación universal por hijo, jubilaciones, subsidios y becas- no se verifica sin embargo en una mejora de las diferencias de ingresos. Los planteos más simplistas, que señalan el problema educacional como el aspecto central, hay otras múltiples causas.
Una de ella, quizá la más importante, es la brecha de ingresos ya que al emplearse a universitarios en tareas para quienes solo tienen el ciclo secundario terminado, atenta contra el nivel de ingreso de los estamentos más bajos. Abandonar estudios por la necesidad de conseguir un trabajo contribuye a aumentar los ingresos del hogar pero tiene un altísimo costo en La Pampa. Un trabajador con estudios universitarios completos tiene un ingreso promedio hasta 10 veces mayor al de alguien que no pudo estudiar o no pudo completar el ciclo inicial.
Entre los universitarios y quienes tienen secundario completo, la brecha de ingresos es, en promedio, de entre 3 y 4 veces, en tanto que si se comparan los ingresos de los graduados con los de quienes finalizaron estudios en un instituto terciario esa diferencia es de 2,5 veces.

Brecha.
Si bien la escala es siempre creciente (a más años de estudio, mayor ingreso adquirido), la diferencia es mayor en el último escalón: el que “asciende” desde quienes tienen una carrera universitaria incompleta hacia los graduados. Terminar el ciclo secundario puede aportar un diferencial en los salarios del 33,5% respecto de los que comienzan el ciclo pero no logran concluirlo.
La creciente desigualdad entre salarios es lo que ha disparado la brecha social, debido a que el beneficio ha ido mejorando para los más formados y empeorando para los empleados de menor cualificación además de proliferar los trabajos a tiempo parcial o jornadas flexibles.
Además, los impuestos y/ aranceles, que sirven para reducir estas desigualdades (retenciones, ganancias, caída de las barreras paraarancelarias favoreciendo a los importadores), resultan menos efectivos en la redistribución de ingresos desde mediados de los 90 y acercándose a la crisis del 2001.