“La inclusión no tiene límites”

La ex presidenta de la Comisión Nacional Asesora para la Integración de las Personas con Discapacidad (Conadis) sostuvo que es la sociedad quien pone barreras a la inclusión. Reclama un cambio en la denominación de las instituciones que trabajan con discapacidad.
Silvia Bersanelli, actual directora de la Escuela de Irregulares Motores de la ciudad de Santa Rosa, consideró que ya es momento de cambiar la denominación de las instituciones como la que preside, cuyos nombres connotan discriminación y estigmatización. La idea de cambiar cobró impulso este año, en coincidencia con el trigésimo aniversario de la Escuela, que se cumplirá este 26 de mayo.
“En este repaso y balance de mi actividad en la escuela, hace mucho tiempo que venía pensando en la posibilidad de cambiarle el nombre, lo hablamos con los docentes y con los padres. Durante estos 30 años hubo un avance en materia de reconocimiento de derechos de las personas con discapacidad. Entre ellos se visibilizaron las instituciones que fueron segregando a las personas con discapacidad, que estigmatizaron, que señalaron lo que no pueden hacer las personas, y entre esas cosas están estos nombres. Ponen el problema en la persona y no en la sociedad que es la que genera barreras. Esto es parte del legado del modelo médico rehabilitador”, explicó al programa La Parte y el Todo, que se emite en CPEtv.
-¿Por qué es malo el modelo médico rehabilitador?
-Es un modelo ya superado por el social de la discapacidad o el de derechos humanos. Buscó poner el problema en la persona. La discapacidad era un problema de una persona que necesitaba de una cura o rehabilitación para poder insertarse e integrarse en la comunidad. Esto generó políticas paralelas, políticas especiales, al margen de la sociedad, como las escuelas especiales.
-Es decir que la limitación no es inherente a la persona sino a la sociedad que no incluye.
-Exacto, si tuviéramos una sociedad sin barreras arquitectónicas y yo fuera una persona que circula en silla de ruedas no tendría problemas para desplazarme. Si uno va al museo, con su hijo de 5 años, la hija de 20 y los abuelos, cualquiera de ellos entiende lo que se exhibe. El museo está pensado para que lo pueda entender cualquiera, está construido con un diseño universal del aprendizaje.
-¿Tiene sustento hoy el concepto de la normalidad?
-No, no lo tiene, ningún sustento. Eso es como creer que una persona con una orientación sexual es anormal. Eso se basó también desde una perspectiva de un modelo médico rehabilitador.
-¿Cómo están Argentina y La Pampa en cuanto a la integración de niños con discapacidades mentales o motoras?
-La inclusión no tiene límites, el límite es el prejuicio y el límite lo puede poner la persona. Tiene que ir a la escuela pública y con apoyo.
-¿Esto es lo que pasa en la provincia y en el país?
-No. La convención actual sobre discapacidad viene a romper este esquema de escuelas especiales, al margen de las otras. Todas las escuelas especiales que se generaron al margen de la escuela común, segregan. El modelo del mundo segrega. Hay que empezar a romper ese paradigma e integrar a los chicos en la escuela común, pero generar y planificar los apoyos. En La Pampa llevamos doce años de experiencia. Se ha avanzado mucho. Cuando comencé como directora de Educación Inclusiva, había muy pocos chicos integrados. Yo fui docente de apoyo a la inclusión. Nuestra escuela tiene 84 alumnos, de los cuales 57 están incluidos en el sistema educativo. Es mucho más caro mantener los circuitos paralelos (escuelas especiales) que la inclusión.
-¿Falta un cambio?
-Tenemos que empezar a romper las barreras que tenemos en la cabeza. La inclusión plantea autonomía, que el chico pueda vivir a los 18 años lo más autónomamente. Pero no solo a los docentes se les generó el temor a la autonomía, sino también a los padres. Se les generó una dependencia.