La carta a Bergoglio

Según el manuscrito enviado a Bergoglio, “el último pedido fue de reunir 65 mil dólares” para una supuesta intervención de una joven. “Muchos miembros colaboraron con hasta más de 6 mil pesos cada una”.
“Le escribo para contarle cosas muy delicadas”, comienza el manuscrito que el sacerdote católico Jorge Bergoglio, hoy convertido en Francisco 1, recibió en febrero de 2006 de parte de dos jóvenes que en ese momento eran internas del “Instituto secular en formación Servi Trinitatis”.
La carta, tal como había revelado LA ARENA en su edición del jueves, fue entregada a Bergoglio a las 4 de la madrugada en un hotel de la Ruta 35, en esta capital, donde se encontraba alojado. El entonces cardenal viajaba hacia Buenos Aires a las 7 de ese día, de acuerdo a lo expresado por el abogado Omar Grebuers, patrocinante de las víctimas del instituto que se ubica sobre la calle O’Higgins.
“El (Bergoglio) recibió la carta en la mano. Es la misma que quedó incorporada en la causa y describe con minuciosidad asombrosa lo que ocurría en Servi Trinitatis”, recordó Gebruers respecto al texto al que tuvo acceso este diario.
En la extensa carta, las adolescentes contaban la historia de otra chica que había ingresado a la secta el 25 de diciembre de 1996. “A los meses de haber entrado, todos los directores del instituto avisaron a todos los miembros (de España, Venezuela y Argentina) que esta chica se estaba enfermando cada vez más y que no se sabía qué era. En el año 1998 ella comienza sus estudios universitarios en Buenos Aires, los cuales abandona en su primer año al no aprobar ningún examen”, se detalló.
Luego, los directores “avisaron que ella había recibido un transplante de hígado (en el ’99) y que había que empezar a rezar mucho por ella porque era muy santa y tan humilde que no quería ni siquiera que la prensa se acercara ante semejante intervención”.
Según el relato, los directores de Servi Trinitatis insistieron que los problemas de salud “seguían empeorando, y que (la joven) tenía problemas de corazón, de pulmones, en su cerebro, infartos, muchos estados muy graves de coma e incluso hasta cánceres” Sin embargo, de cada problema se recuperaba “milagrosamente”.

Estampitas.
La joven, según diversos testimonios, estuvo a punto de ser beatificada por la cantidad de operaciones o transplantes que los responsables de Servi Trinitatis decían que le hacían. “Era la gran santa del instituto, de hecho nos hacían hacer cadenas de oraciones porque nos decían que ella estaba muriéndose. Hasta repartieron estampitas con su imagen”.
Frente a ese cuadro, en 10 años la chica casi nunca viajó a Santa Rosa y, cuando lo hacía, “se le colocaban sondas para que pensaran que estaba en tratamientos ante tantas operaciones”. Según los encargados del instituto, habían trasladado a la joven al hospital Militar de Buenos Aires, a Bahía Blanca y de ahí a Cuba porque era “un caso muy especial que sería estudiado hasta en Japón por su complejidad”.
En la carta se agregó: “Desde antes de que supuestamente fuera llevada a Cuba, los directores comenzaron a pedir dinero a todos los miembros del instituto para pagar las operaciones porque eran muy caras”.
Cuando la chica “supuestamente” ya estaba internada en Cuba, los pedidos de colaboraciones eran cada vez más costosos, según el manuscrito. “El último pedido fue de reunir 65 mil dólares. Muchos miembros colaboraron con hasta más de 6 mil pesos cada una”.

Engaño.
“Nadie dudaba de nada hasta que en octubre de 2005 los directores dijeron que se acababa de descubrir que esa chica ‘había engañado al instituto durante 10 años con mentiras y obtención de dinero deshonesto’. A la vez los directores dijeron que lo único que se pensaba hacer era investigar pero ‘solo para que ella no moleste más, que el dinero no importaba y que además no se podría recuperar nada de todo el dinero enviado porque no se contaba con comprobantes de nada”.
Finalmente, los encargados de Servi Trinitatis dijeron que “los miembros no se preocuparan más del caso, que ciertos directores del instituto (sin decir quiénes exactamente) se encargarían de investigar y se ordenó severamente por obediencia que del tema no se hable entre los miembros, que si tenían preguntas o comentarios del caso solo se podrían hacer a los directores y si llegaban a tener cartas enviadas por (se menciona el nombre de la joven) de estos casi 10 años que fueran entregadas a los mismos…”.

“Mucho mal”.
El instituto tiene autorización de la Secretaría de Culto de la Nación para funcionar en Argentina. El sacerdote español Antonio Martínez Racionero llegó desde ese país a La Pampa junto al sacerdote Ricardo Latorre Cañizares, en los años 90. Ambos ocuparon cargos importantes en la Catedral durante el obispado de Rinaldo Fidel Brédice. En 2011 se tuvieron que alejar, luego de ser investigados por reducción a la servidumbre y defraudación. El obispo ya era Mario Poli.
Ambos fueron acusados por ex integrantes y familiares del cenáculo que tiene ese instituto en la calle O’Higgins y en el que están internadas varias “laicas consagradas”. Con la llegada de Bergoglio al Vaticano, como Francisco I, las víctimas abrigan la esperanza de recibir algún resarcimiento. En la semana se conoció que Martínez Racionero fue designado como el líder de la secta a nivel mundial.
Para Gebruers, ni la Iglesia, ni el Estado ayudaron a las víctimas. Afirmó que si bien los párrocos denunciados fueron absueltos, todos los peritos que intervinieron confirmaron que las víctimas habían sufrido un daño psicológico y psiquiátrico grave. Lo que no se pudo acreditar judicialmente fue que el daño se hubiera producido en Servi Trinitatis.
Ya sobre el final de la carta, las autoras le preguntan a Bergoglio: “¿No le parece nada sospechoso? ¿Tan exagerado es sospechar que en la Catedral de Santa Rosa como también en Lomas de Zamora, en vez de estar ante un ‘instituto secular en formación’ podríamos estar ante la presencia de una secta u organización muy peligrosa y muy bien organizada a nivel mundial que solo Dios sabe para qué recauda tanto dinero ‘en nombre de Dios’, que por un lado dan buena imagen y a la vez la aprovechan para hacer mucho mal?”.

Diálogos con el director.
Además de la carta entregada a Bergoglio, hubo otras de ex internas e internos dirigidas a Mario Aurelio Poli, Rinaldo Brédice o al presidente (en agosto de 2008) del Tribunal Eclesiástico, monseñor José Luis Kaufmann. En una de las misivas, un hombre describe diálogos concretos con el director del instituto, el español Gratiniano Checa Colmena.
“Esta no es mi vocación”, le manifestó en una oportunidad el interno. “Mira, si quieres terminar como Judas Iscariote en el infierno, ve, coge una cuerda, la atas al árbol y te ahorcas y quien sabe si terminas condenándote. Eso es lo que pasará si dejas ésta institución”, fue la respuesta del fundador de Servi Trinitatis.
“Venía a confesarme porque cometí un acto de masturbación”, dijo el joven. Y la respuesta fue: “la próxima vez enciende fuego en la hornalla de la cocina y te quemas los testículos… a ver qué sientes… y verás que el infierno es mucho peor. Luego ven cuéntame lo que has sentido”.
Otra: “Padre, no puedo dormir”. Checa Colmena le dijo: “reza, reza las cuatro partes del rosario y los últimos dos de rodillas, y cuando termines y sigues sin dormir, vuelve a empezar”.