“La Justicia espera a que te maten”

VIOLENCIA MACHISTA EN TOAY: UNA MUJER PIDE PROTECCION PARA ELLA Y SUS HIJAS

Carola Cuevas tiene 36 años. Vive en Toay junto a sus dos hijas, de 20 y 15, y una nieta. La mitad de su vida la ha vivido con terror. El que fuera su pareja (padre de sus hijas) durante 14 años, el policía Omar Vicente Villamil, la golpeó y amenazó mientras duró la relación entre ellos y continúa hostigándola hasta hoy, sin respetar la restricción de acercamiento a su casa que pesa sobre él.
En agosto de 2013 fue condenado a un año de prisión en suspenso por la jueza Laura Armagno por los delitos de lesiones calificadas por el vínculo, amenazas simples y también agravadas por el uso de arma de fuego (la pistola 9 milímetros reglamentaria de la fuerza policial), todos en concurso real.

En pasiva.
Villamil está en pasiva en la fuerza producto de un incidente que protagonizó el 8 de octubre de 2011, cuando se apareció en la casa de Carola. En ese momento, llevaban más de dos años separados. El policía comenzó a golpear las ventanas y puertas de ingreso a la casa y exigía que le permitieran ingresar para arreglar todos los asuntos de una vez por todas.
Cuevas estaba con sus hijas en la vivienda y no le abrió. Por el contrario, llamó a la Seccional Quinta para denunciar que su ex marido la iba a agredir otra vez. La mujer recordó que llegaron dos efectivos a la vivienda, los cuales se fueron luego que Villamil los amenazara con el arma reglamentaria de “volarles la cabeza”. Cuando ya casi había roto una de las ventanas, el agresor se retiró solo.
La mujer se enteraría más tarde que había ido hasta la comisaría donde discutió con otros efectivos y volvió a sacar la pistola. Aquel incidente le valió dos días de arresto y el posterior pase a pasiva que todavía está vigente, según contó Carola.

Traslado.
Dos años antes, pocos días después de la separación, ella debió ser internada luego que el agente la golpeara en plena vía pública, en la esquina del Boulevard Brown y Balcarce. “Nadie para a ayudarte. Me acuerdo que le pedí ayuda a alguien que pasó en moto pero no se detuvo. Me pateó la cabeza y tuvieron que internarme en observación por los golpes que tenía”, recordó entre lágrimas.
Por aquel episodio, Carola recordó que su ex esposo no fue encarcelado sino protegido. Lejos de apartarlo de la fuerza, lo trasladaron por 8 ó 9 meses a otro destino: el destacamento policial de Embajador Martini. Durante todos esos meses, el violento no apareció por la casa de la víctima pero se encargó de amenazarla telefónicamente.
Desde hace algo más de un año, Villamil trabaja en la Municipalidad de Toay. En su auto particular o en alguno del municipio, el hombre se ha encargado de que la mujer sienta su presencia amenazante. Ella lo denunció en octubre pasado por seguirla cuando ella salía con su moto de una gomería.
Fue la última denuncia que Carola realizó ante la Policía, cansada ya de las violaciones de su ex a la restricción de acercamiento a su domicilio. “La Justicia espera a que te maten. No es que tenga miedo de morirme, pero todavía tengo que terminar de criar a mis hijas”, dijo entre llantos.

Terapia.
Desde que su caso se judicializó, con posterioridad a la golpiza por la cual la internaron, el área de atención a las víctimas de violencia de género le ha prestado asistencia psicológica. Carola aseguró que lleva años en terapia, aunque a veces se cansa y deja para luego regresar. Lo que no puede sacarse de la cabeza es el ruido que hacía la 9 milímetros de su ex marido cuando éste la cargaba para apuntarle a la cabeza y amenazarla.
Tampoco olvidan las golpizas sus hijas. La más grande, que una vez intentó defenderla, y la menor, que debió ser internada con convulsiones hace dos años, cuando el policía fue a la casa de Carola a golpearla por enésima vez con las adolescentes como testigos.