“La segunda muerte de Rodrigo y Orlando”

LUCAS SCHAERER, VOCERO DE LA FUNDACION LA ALAMEDA

Desde la entidad que descubre y denuncia casos de trata y esclavitud laboral, advierten que ningún funcionario se hizo responsable por la tragedia que le costó la vida a dos niños en un taller textil clandestino.
Orlando y Rodrigo Camacho, dos niños de 7 y 10 años, murieron el 27 de abril a raíz de un incendio que consumió el subsuelo de un taller textil clandestino del barrio porteño de Flores, donde vivían con sus padres quienes además trabajaban en el lugar. La tragedia volvió a poner en tema la existencia de organizaciones que se nutren de mano de obra sumamente precarizada y en algunos casos, como el de los padres de las víctimas, esclavizadas.
Una semana después del incendio que se llevó la vida de los dos menores, otro siniestro se desató en el mismo taller pese a que ya estaba desalojado y contaba con custodia policial.
“Fue la segunda muerte de estos chiquitos, porque con este otro incendio, intencional, se borraron las pruebas que tendría que haber recolectado la Justicia para llegar a los responsables reales de esta tragedia”, dijo Lucas Schaerer, entrevistado por Radio Noticias.
Schaerer, periodista, es además vocero de la Fundación La Alameda, una ONG que desde hace más de una década descubre y denuncia a diario casos de tráfico de personas, trata y esclavitud laboral.
“En el lugar ya no vivía nadie y estaba bajo custodia de la Seccional 50 de la Policía Federal. No había suministro de gas ni de electricidad, así que era imposible que adentro se encendiera nada. El fiscal que investigaba la causa de muerte de los chiquitos en el primer incendio, no se hizo cargo del segundo porque está demostrado que no fue provocado por el primer incendio”, enumeró. Además se quejó con amargura que se haya decidido dejar el lugar al cuidado de la misma sede policial relacionada con el primer siniestro.

“Mafia”.
Pero Schaerer fue más allá y se refirió a “la mafia de los talleres clandestinos interesada en borrar pruebas del incendio anterior”. También habló de “la complicidad de los funcionarios que están implicados”.
Y ofreció además su lectura política: “Es llamativo como Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta que es candidato a Jefe de Gobierno, María Eugenia Vidal que es vicejefa, no dan la cara por este tema. Yo creo que están haciendo especulaciones electorales. Deben pensar que a los vecinos de la ciudad de Buenos Aires les importa poco la muerte de dos niños”. En la semana, el PRO impidió la interpelación a funcionarios macristas en la Legislatura porteña.
“La verdad es que la ciudadanía en Buenos Aires no se movilizó masivamente a la puerta de la comisaría con la convocatoria que hicimos (desde La Alameda). No éramos mil, dos mil ni cinco mil personas; éramos apenas un puñado de 200 personas, muy similar a las 200 personas que iban a las misas de Jorge Bergoglio cuando era cardenal y hablaba de esta situación”.
– Macri dijo que cada vez que el gobierno de la ciudad va a clausurar un taller clandestinos, los propios trabajadores se lo impiden.
– Las personas que está allí están sometida a una estructura mafiosa que los reduce a la servidumbre. Muchas veces la lógica del amo y el esclavo provoca en el esclavo una total dependencia de su amo y eso es lo que pasa a veces en los talleres, pero no quita que se los pueda asistir y darles un camino de esperanza a quienes está esclavizados. Es una pavada lo que está diciendo (Macri). La ley se tiene que respetar.
– ¿Quienes son los que esclavizan?
– La misma industria (textil) ha montado una estructura en la Argentina que va desde las saladitas hasta las grandes marcas que se han financiado justamente en el tráfico de personas y de los talleres clandestinos. Es una estructura que fue montada junto al Estado: cuando cayó la convertibilidad y se cerraron las exportaciones, fue cuando empezó a crecer la industria textil. La manera que encontraron los empresarios junto al Estado fue el tráfico y el sometimiento. Tenemos una lista de 113 marcas de ropa denunciadas ante la Justicia, muchísima de primer nivel, y también talleres que provén a La Salada o las saladitas del conurbano. La más conocida es la que dirige Jorge Castillo, el mismo que viajó a Angola en comitiva oficial de Presidencia para replicar La Salada en África, que también tiene el acompañamiento del gobierno de Mauricio Macri, que los habilitó en la Ciudad con el mismo método de producción esclavista. Por eso decimos que la mafia es transversal y ocupa lugares de distintos signo político.
– Se dice que la esposa de Macri tiene una marca de ropa muy conocida que se nutre de estos talleres.
– Es la familia Awada. El padre formó una fábrica textil que tuvo mucho repunte en la época de Carlos Menem y la continuidad de la empresa quedó en la madre y los hermanos, entre ellos Juliana Awada. Tienen la marca de ropa de mujer Awada y Cheeky, que es ropa para niños, y Como quieres que te quiera. (Desde La Alameda) hemos comprobado infiltrándonos en talleres y encontramos etiquetas Awada y Cheeky. De hecho, el hermano mayor de Juliana Awada, el cuñado de Macri, tiene una causa judicial abierta porque dos talleres clandestinos en Capital Federal les proveía a ellos. La justicia está queriendo salvarlos y les dictó sobreseimiento en primera y segunda instancia.
Por último, Schaerer destacó como “llamativo” que todavía “no haya caído un solo funcionario”. Por lo pronto, no renunció ni se le pidió renuncia al comisario de la seccional a la que dos veces se le prendió fuego el taller, ni al subsecretario de Trabajo que no inspeccionó cuando el fiscal anti-trata se lo pidió, ni el director de Habilitaciones del Gobierno de la Ciudad.
“El propio Bergoglio, tras el primer incendio (de un taller clandestino) en 2006 en la calle Luis Viale, hablaba de la coima que tapa todo y tapa incluso la posibilidad de encontrar justicia. Ahora está pasando lo mismo -agregó Schaere- y la sociedad en parte es responsable de votar a los mismos funcionarios que son coimeros y no hacen nada por los sectores más vulnerables de la sociedad”.