Ladrones como en su casa

En medio del cepo informativo que promueve el Ministerio de Seguridad hay voces que rompen el silencio. Voces que colmadas por la indignación que genera ser una víctima regular de rateros y delincuentes, utilizan las redes sociales y los medios de comunicación como el único canal para dar a conocer lo que les está pasando.
El caso de Alejandro Lastiri, un joven kinesiólogo que vive sobre la calle Dino Saluzzi en el barrio Las Camelias, muy cerca de la Laguna Don Tomás, sirve para ilustrar la realidad que atraviesan decenas de santarroseños: el lunes a las 20, cuando su casa estaba sola, un muchacho ingresó para robarle y le generó algunos daños en las aberturas. El intruso se fue sin llevarse nada porque la alarma comenzó a sonar.
El enojo del damnificado no tiene que ver con este hecho en particular sino con lo que viene sufriendo desde que comenzó a construir su casa. Al menos 10 veces denunció que le faltaban materiales de construcción que estaban en el obrador y el 26 de febrero de este año, uno o más desconocidos entraron a su casa y lo desvalijaron. Desde ese día, además de la alarma, la casa de Lastiri cuenta con cuatro cámaras de seguridad cuyos registros pueden ser vistos en vivo y en directo en cualquier momento desde su celular. Pero parece que los sistemas no bastan.

Mecánica.
En una de la filmaciones que el kinesiólogo subió ayer a su cuenta de Facebook se observa con claridad la mecánica que utilizó el delincuente. “Se lo ve clarito. En la mano tiene una boleta de luz que le robó a una vecina y que yo entiendo iba a usar como una coartada en el caso de que hubiera alguien en casa: ‘vengo a traerle la factura’. Antes de irse dejó la boleta tirada”, dijo Lastiri,
En total son diez minutos los que el intruso pasa dentro de la casa. Primero intenta empujar una puerta y desiste, se asoma a una ventanita que está sobre la puerta trasera, y después se mete a la casa por el garaje. Luego patea un vidrio y mete la mano para abrir una puerta. Una vez adentro, salta la alarma y las cámaras que enfocan al frente de la casa, muestran al muchacho escondiéndose mientras la gente que a esa hora entrena en la Laguna Don Tomás sigue con sus actividades. Nadie se imagina que están robando en la casa. Ante la chicharra que no para de sonar, sin tomar nada, el intruso se da a la fuga.
“Estoy recaliente porque la otra vez que me robaron no encontraron nada de lo que me robaron y ni se sabe quiénes son los ladrones. Aquella vez la policía actuó bien, no tardaron en venir. Esta vez pasaron 40 minutos hasta que apareció un patrullero”, dijo Lastiri. Y agregó: “Yo vivo con mi mujer y mi hija, que está aterrada, es chiquita y a la noche le cuesta dormir. Esto no me pasa solo a mí, a todos mis vecinos le robaron. A algunos cuando estaban construyendo pero también cuando ya estaban instalados”.

Al mismo tiempo.
Pero no solo de rateros está hecho el mundo del hampa en Santa Rosa. Casi a la misma hora en que el desconocido quedaba grabado en las cámaras de Lastiri, cuatro encapuchados en dos motos asaltaban al empleado de una distribuidora que arribaba en su camión al depósito de la firma (ubicada en Pío XII y Anza) con una importante suma de dinero que rondaría los 80 mil pesos. El hecho también quedó registrado en las cámaras de seguridad del lugar. El dato llamativo es que, minutos después del robo, la policía detuvo a tres muchachos que nada tenían que ver con el robo.

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