“Las Porfiadas” del Malvinas camino a una cooperativa textil

La historia comenzó como un taller de corte y confección en el Centro de Salud del barrio Malvinas Argentinas, en la esquina de Maestros Puntanos y Painé Norte. En ese momento, en septiembre del año pasado, unas 14 mujeres acudieron a ese espacio con una característica en común: todas estaban desocupadas y buscaban en la costura una oportunidad. A partir del taller, surgió la idea de formar una cooperativa de trabajo textil.
De esas 14 mujeres, quedaron solo dos: Marta González y Verónica Sosa. Ellas se encargaron de continuar el plan, y llamaron a otras cuatro costureras: Claudia Carrizo, Gabriela Díaz, Solana Rondó y Daniela Villavicencio. Entre las seis son “Las Porfiadas costuras” y trabajan de lunes a sábados, e incluso los feriados, en el espacio que les cedió el Centro de Salud del Malvinas Argentinas. Todas tienen hijos menos Solana, la hija de Claudia que es adolescente y se incorporó al grupo hace una semana.
Sus ingresos salen de pensiones, asignaciones, trabajos particulares de costura, tejidos, más los ingresos de sus maridos.
“El equipo técnico de salud nos ofreció formar una cooperativa y nos pareció bárbaro porque es una salida laboral para nosotras, así que empezamos a ver cómo íbamos a hacer esto”, contó Gabriela. “Sabíamos que teníamos que presentar un proyecto en la Subsecretaría de Cooperativas y Mutuales, hablamos con Graciela Zapata y desde un principio nos dio todas las contras de nuestro proyecto porque decía que el textil no es viable”, explicó.
Luego de una reunión con Zapata y el equipo técnico del Centro de Salud, “Las Porfiadas” confirmaron que no sería un trámite fácil, pero claro, no llevan su nombre en vano; así es que siguieron adelante. “Nos dijeron que como cooperativa no iba a ser rentable, que íbamos a tardar muchísimo tiempo en obtener una remuneración para cada una, que íbamos a estar mucho tiempo invirtiendo y que iba a ser muy competitivo. Por eso encaramos con la idea de talles especiales porque es muy competitivo el mercado, pero no hay talles especiales. Esa idea le gustó a la mujer. Salimos medias pachuchas, pero por algo nos llamamos Las Porfiadas y estamos acá”, expresó Marta entre risas.

El trabajo digno.
El formar una cooperativa implicaría para “Las Porfiadas” tener un trabajo en blanco, tener obra social, aportar para una futura jubilación, y todos los beneficios que conlleva un empleo formal. “La principal diferencia entre una empresa y una cooperativa es la ideología que uno tiene en cuanto a lo que es el trabajo. No es lo mismo tener un jefe que trabajar en un lugar donde todos trabajen de la misma forma”, opinó Daniela, que todos los días cruza media ciudad desde su casa en el Butaló, para llegar al Centro de Salud.
“En una cooperativa no hay patrón y no hay empleados, son todos trabajadores por igual manera. Hay más equidad en el trabajo”, completó Marta, una de las dos mujeres que viven en el barrio.
La futura cooperativa está abierta a recibir más trabajadores que quieran formar parte, sean mujeres u hombres, y sepan o no coser. “Estamos abiertas a propuestas y a incorporar más gente que quiera trabajar. Es poca la gente que realmente le quiere poner el pecho, para nosotras es un sacrificio desde que empezó y el día que logremos la cooperativa va a ser más sacrificio también. A todo el mundo le parece linda la idea, pero no cualquiera lo encara”, aseguraron.

Lo que sigue.
“Las Porfiadas” continúan trabajando, mientras redactan una serie de informes que les pidió la provincia, que luego se elevarán a Nación y allí se decidirá la creación o no de la cooperativa textil. “Mucha gente se sorprende porque hicimos todo solas, a fuerza de pulmón, no fuimos a golpear a ningún ministerio para que nos den absolutamente nada y hasta ahora, no sé si por factor suerte o porque somos muy porfiadas, nos ha salido bien”, comentó riéndose Marta.
Las trabajadoras pretenden hacer una producción y vender al resto de los comercios. Trabajar en cantidad. “Nos cuesta conseguir personas que quieran trabajar por el hecho de que nosotras ahora no cobramos un peso. Es todo trabajo. Empezamos con bolsitas de friselina y reciclado, yendo a la Feria Franca. Ese trabajo lo hicimos con las máquinas de coser familiares de cada una, trayendo tijeras, hilos, centímetros, todo nuestro; yendo y viniendo con las máquinas porque cada una trabaja en su casa también. Hicimos buzos de egresados, alguien nos prestó plata, ahorramos y compramos dos máquinas más”.
Al finalizar la entrevista con LA ARENA, las mujeres quisieron nombrar y agradecer al equipo técnico del Centro de Salud del Malvinas Argentinas, que las apoyan y acompañan en cada paso que dan. Ellos son el director Claudio Acosta, la trabajadora social Nadia Naab, el psicólogo Lucas Naccaratti, la médica Fernanda Capdevilla, la odontóloga Natalia Gallardo, y las administrativas Estela Guzmán y Lorena Arias.