Los embalses de Mendoza están desbordantes de agua

¿EL ATUEL CRECIO POR LAS LLUVIAS?

Los enormes volúmenes de agua almacenados en los embalses mendocinos son otra prueba de que el ingreso del Atuel y el crecimiento del Salado no obedecen totalmente a las lluvias.
Con la habitual liviandad que usan en su relación con La Pampa con respecto al río Atuel los técnicos oficiales mendocinos han afirmado que los escurrimientos del río, que llevan ya al menos dos semanas, se deben a las lluvias que últimamente han precipitado sobre la provincia cuyana. Sin perjuicio de la incidencia del fenómeno meteorológico la cantidad escurrida en ese lapso, tomada con prudencia, supera los diez hectómetros cúbicos, una cifra que haría desconfiar a cualquier hidrogeólogo.
Sin embargo, más allá de la sospecha, está la evidencia aportada por el organismo oficial mendocino en la materia, el Departamento de Irrigación, en uno de sus boletines. Según lo informado por esa oficina los diques que embalsan los ríos de la provincia cuyana acumulan una gran cantidad de agua, con alguno que ya rebasa su capacidad de embalse. Las cifras corresponden al día 8 de junio, por lo tanto son datos actualizados.
Como se advierte en los tres primeros embalses la capacidad de acumulación está muy cercana al tope y en uno de los casos ya ha sido superada, según se puede ver en la columna correspondiente al porcentaje medido. En Nihuil y Valle Grande queda un resto relativamente pequeño para que lleguen a su máxima capacidad de retención.

Manejo irresponsable.
Esta situación debe ser vista en función de la época del año que está transcurriendo: el otoño, a las puertas del invierno, que es cuando se producen las mayores precipitaciones nivales y consecuentes acumulaciones de agua. Bajo esa perspectiva es lógico que los operadores de los embalses disminuyan la acumulación en previsión frente a aquellas nevadas que producirán, en la primavera, enormes volúmenes de agua a causa del deshielo. Eso explicaría, también, el escurrimiento del Salado-Chadileuvú que, inesperadamente, pasó de un caudal casi inexistente a varios metros cúbicos por segundo. En el caso de este río no se tiene información acerca de cómo se están manejando los embalses sobre el río San Juan.
Una vez más los pampeanos pueden ver -y padecer- cómo proceden las provincias arribeñas según su absoluta conveniencia y desentendiéndose de la suerte de quienes están aguas abajo. La solución a semejantes problemas, al margen de una mínima solidaridad y del interés nacional, solo podrá llegar con la constitución de los respectivos comités de cuenca, una medida resistida desde siempre por las provincias ubicadas aguas arriba y desatendida por los gobiernos nacionales.

Compartir