Murió Juan Luis ‘Cacho’ Míguez

Juan Luis Míguez falleció a los 83 años de edad, y con él se fue una parte de la historia de LRA3, Radio Nacional Santa Rosa. “Cacho” Míguez -“El tío Míguez”, le decían algunos-, fue uno de aquellos pioneros que pusieron en marcha la planta de “Radio del Estado”, como se la mencionaba.
A tanto llegaba su identificación con la emisora que fue uno de los que colaboró para ponerla en marcha. Es que cuando transcurría la última parte del año 1949, Míguez y Sigfredo Depetris, dos de los mejores alumnos de la vieja Escuela Fábrica, fueron seleccionados por ingenieros llegados de Buenos Aires para ocuparse en la instalación de la planta transmisora.
Ellos trabajaron en el armado -con la guía de los ingenieros- del transmisor Marconi, llegado en unas 300 cajas que venían desde Inglaterra, y que con sus 25 kilowatt le permitían a Radio Nacional Santa Rosa ser escuchada aún en territorio brasileño.

En Radio del Estado, siempre.
Cuando la radio se puso en marcha ambos quedaron como ayudantes en la planta transmisora, pero en cuanto hubo un concurso para locutores -con un examen que tomaba gente que venía de Capital Federal-, “Cacho” se anotó y luego, junto a Lidé Rodríguez, fueron por años las voces de la radio.
Lo que experimentaron juntos Míguez y Depetris fue increíble, porque estuvieron juntos desde los primeros años de la primaria, relación que se extendió con el secundario y luego compartieron toda una vida desde los mismos inicios de Radio Nacional Santa Rosa. Al punto que los dos estaban trabajando aquella noche de hace 60 años, cuando se produjo en el país el levantamiento del general Juan José Valle contra la dictadura gobernante, y que derivó luego en que la planta transmisora de Santa Rosa resultara bombardeada por aviones de la Fuerza Área.

Un hombre imaginativo.
Míguez, que era muy creativo, tuvo a su cargo distintos tipos de programas, y se recuerda cuando juntando un grupo de chicos hizo “La pandilla de Clen Antú”, en el que tomaban parte niños de 8 ó 9 años que cantaban y leían cuentos. El propio Cacho se encargaba de armar los libretos en su máquina de escribir, que luego con copias al carbónico repartía entre los chicos.
También realizó programas junto a Luisa Pérez de Monti, y otro con la Asociación Arabe; y se recuerda que fue el encargado de recopilar datos para las bodas de plata de la radio, que si no hubiera sido por él se hubieran perdido.
Era de carácter más vale serio, muy estructurado, pero no le escapaba a utilizar la ironía.
Algunos recuerdan que hasta no hace mucho tiempo, en su propio local de la calle Luro, donde vivió siempre, siguió trabajando en el bobinado de motores.
Su fallecimiento afecta a la familia que conformaban con su esposa Nydie Cazaux; sus hijas Silvia Estela, Ana María y Marita; sus nietos María Liz, Martín, Laureano, Ayelén, Emanuel, Anabela, Milagros e Iara, además naturalmente de una gran cantidad de personas que lo conocieron como un hombre que tuvo mucho que ver con la historia misma de la ciudad.

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