Oscar Candia: recogerás tu siembra

EL EX ARQUERO DE BOCA Y DE EQUIPOS DE LA PAMPEANA SE VOLVIÓ A SU PUEBLO

Llegó un día a La Pampa no demasiado convencido, y se quedó durante 34 años. Hoy, ya jubilado, el ex arquero de Boca Juniors y otros equipos, decidió a volver a su pueblo natal: San Antonio de Areco.
MARIO VEGA –
Grandote, los bigotes gruesos, el cabello que ya se fue hace mucho tiempo, sentado a la mesa del bar me saluda, pero de verdad no lo registro de entrada… me quedo pensando y me pregunto quién es. Si, lo tengo visto, pero de dónde. “¡Ah, sí, ahora sí. Este es Candia”, me digo cayendo en la cuenta que es el ex arquero de Boca que un día llegó a La Pampa y se quedó para siempre (¿para siempre?)…
Oscar Andrés Candia (66) sigue sentado a su mesa -quizás pensando “de qué se las tira este que me da poca bola” (por mí)… y entonces reacciono y me acerco para saludarlo. Le pido disculpas y el grandote me invita a sentarme. Y charlamos.
Referenciado en General Pico, por su actividad primero como futbolista, y después como entrenador de diversos equipos de la Liga Pampeana, la presencia de Oscar “El Viejo” Candia en Santa Rosa no se me ocurría. Pero ahí estaba, esperando a su esposa, docente, que andaba realizando una gestión.

De vuelta a su pueblo.
“Me jubilé, y ya no vivo en Pico”, me dice de entrada, y me sorprende. ¿Cómo es eso? “Estoy viviendo otra vez en mi pueblo, San Antonio de Areco… de allí somos con mi mujer (Teresa Mercedes Céleme) y decidimos volvernos por una cuestión familiar… tenemos nuestro único hijo Matías en Buenos Aires (trabaja en sonido y producciones), y obviamente nuestros nietos, Antonio (5) y Manuel (3), y el pueblo está a poquito más de 100 kilómetros de Capital Federal. Así podemos estar más cerca, pero… no sabés lo que extraño! Si a veces pensamos en venirnos otra vez a La Pampa… pero vamos a ver”, comenta.
Nacido San Antonio de Areco, a pocos kilómetros de San Andrés de Giles -Luis Sandrini iba a hacer famoso este pueblito con “El goleador murió al amanecer”-, y de Capitán Sarmiento, Oscar vivió allí hasta la adolescencia. “Es el pueblo de Ricardo Güiraldes” (en realidad la familia del poeta fue fundadora de San Antonio de Areco), comenta como para ubicarme.
Hijo de Oscar Andrés Candia y de Emilse Rossolino, agrega que su padre era “un pequeño productor agropecuario”, que le dejó algunas pocas hectáreas en la zona, y su mamá modista.

En San Antonio de Areco.
Oscar vivió la vida bucólica de un habitante de un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires -a 113 kilómetros de la capital-, y tuvo la infancia de un pibe feliz, que jugaba a la pelota, que iba al balneario -que ya no está- donde incluso llegaban como turistas gente de Buenos Aires. Sería ese escenario determinante para su vida, porque allí conocería a Teresa, su novia desde su juventud, y su esposa de toda la vida.
La escuela primaria, la secundaria, y en tanto el fútbol como el divertimento natural de todo el piberío… “A los 16 años ya atajaba en la primera del Club Ríver Plate de Areco… y un día llegó a la zona gente conocida de Bernardo Gandulla (histórico formador de inferiores de Boca Juniors)”.

De Ríver a Boca.
Y cuenta Oscar: “Nos propusieron a un grupo de 8 chicos que fuéramos a probarnos a Buenos Aires. Me tocó la suerte de ser el único en quedar, y a partir de allí una vida nueva, distinta… sí, yo era hincha de Ríver pero después, con el tiempo, uno no puede sustraerse a lo que lo rodea y -vaya paradoja- me hice del club donde jugaba”.
Es que, sin dudas, debe ser muy fuerte vivir en La Candela, estar cerca de todos los cracks de aquellos tiempos -Antonio Roma, Silvio Marzolini, Patota Potente, y tantos-, y entrar a defender los colores azul y oro ante una multitud en una palpitante Bombonera…

La vida junto a los cracks.
“Estuve un par de años viajando, 67 y 68, y recién después me incorporé a La Candela, donde viví otros 5. Y, ahí me encontraba con Enzo Ferrero (jugó luego varios años en España), Horacio Bongiovanni, Rubén Galleti, Peraca, Romerito. Estuve en 1969 con don Alfredo Distéfano en primera división, con ‘El Loco’ Sánchez, y ‘El Tano’ Roma que no se decidía a abandonar. Y me tocó compartir un gran plantel” que sería campeón de la temporada. Ese Boca tenía nenes de la talla de Angel Clemente Rojas (uno de los ídolos zeneizes de la historia), ‘Mané’ Ponce, ‘Muñeco’ Madurga, Silvio Marzolini, Nicolás Novello, Orlando Medina, entre otros. El día que en el Monumental Madurga le hizo dos goles a Ríver (sería empate con los de Núñez), Oscar lo vivió desde el banco de suplentes: “Nos abrieron los grifos… pero igual dimos la vuelta”, rememora.

Todo era bien distinto.
Después le tocó jugar en tercera, reserva, y en primera por la huelga de jugadores; y en 1972 se fue a Colón de Santa Fe, donde jugaban Cococho Alvarez, La Chiva Di Meola, y “Chiche” Araoz.
“Era diferente en aquellos tiempos… no había toda este movimiento mediático… en realidad los jugadores eran tipos sencillos, no había ‘botineras’ -se ríe-, y me parece que lo que cambió todo fueron las nuevas formas de periodismo, la repercusión social… hoy los jugadores son mucho más públicos”, repasa Oscar.
Todo era tan distinto entonces que desde el interior se los veía lejanos, al punto que causaban repercusión los equipos de reserva, o aún de tercera división de profesionales que llegaban a los pueblos. “Era increíble, se llenaban las canchas para ver esos equipos que no eran de primera y que iban a jugar con los locales… me acuerdo de un viaje que hicimos con la cuarta división de Boca a General Acha y había una multitud en la cancha, y eso no pasaría hoy”, agrega.

Jugando con las estrellas.
El titular en el arco de aquel gran equipo de Boca -tenía un fútbol casi lujoso, no tan emparentado a la garra que caracterizó a los zeneizes- era Rubén Sánchez, y Oscar Candia debía aprovechar cualquier oportunidad para ocupar el arco. “Sánchez era gran amigo mío, y cuando lo citaban a la selección me tocaba jugar… jugué en la Bombonera, en Vélez cuando le atajé un penal al ‘Fantasma’ Benito… tuve la oportunidad de enfrentar al gran equipo de César Luis Menotti, el Huracán del ’73 que salió campeón con un fútbol lujoso… Sí, algunos gustos pude darme”, completa con sencillez.
Me gusta muchísimo el fútbol, y cuando se hace referencia a quienes fueron grandes figuras y se cuentan sus anécdotas puedo pasar un buen rato escuchando. Y “El Viejo” Candia -apelativo que le agregarían en su llegada a La Pampa, con el Rácing Tavella- conoció a muchísimas estrellas de nuestro profesionalismo.
“Es verdad lo que decís, y no sólo los que vi en mi paso por Boca, sino también de otros clubes… ¿Si conocí a Alberto J. Armando? Y cómo no… si era el presidente y teníamos que arreglar el contrato con él: era sin dudas un personaje especial”, admite.

No se ganaban fortunas.
Los jugadores de su tiempo, que sólo podíamos ver en las revistas El Gráfico o Goles -apenas algunas imágenes en cine, porque la tele no llegó a La Pampa sino hasta 1972 con Canal 3-, no ganaban las fortunas que perciben los de Boca o Ríver de hoy; y ni soñaban en general con partir a Europa, solo contadas excepciones como Enzo Ferrero que fue a España.
“Se ganaba bien, pero nada que ver con lo que se habla ahora… también las concentraciones eran otra cosa, porque no había celulares, ni computación ni nada cibernético, y entonces el entretenimiento era los juegos de cartas, el metegol o el billar…”. Hoy, como es obvio, los chicos viven mirando sus celulares aún en el entretiempo de un partido, como se ha visto.

Por otros clubes.
Oscar tuvo un breve paso por All Boys de Floresta, dirigido por Silvio Marzolini, luego Alianza de Lima donde participó de la Copa Libertadores, y en 1978 regresó para jugar en Tigre en la B, donde haría una buena campaña. “En un momento tuve alguna oportunidad de ir a jugar a México y estuve como 40 días a prueba… porque obvio, no había ni videos… sólo algunas fotos. Tuve un paso por Argentinos Juniors”, completa, cuando Delem (ex jugador de Ríver) dirigió ahí, y claro… e iba a compartir con un pibe que se las traía: se llamaba, se llama, Diego Armando Maradona (ver aparte). “Hace algún tiempo me encontré con José Pekerman y comentábamos esto de que antes no había empresarios ni todas estas cosas que vemos ahora…”, comenta Candia.

Volver a casa.
Jubilado no hace mucho tiempo, con su esposa empezaron a planear el resto de la vida y, como nos ocurre a casi todos, no dudaron en que el futuro tiene que ver con los hijos, y en su caso con los nietos. Radicada esa parte de la familia en Buenos Aires, la cuenta es fácil: San Antonio de Areco es mucho más cercano a Capital Federal que General Pico. Es casi un toque…
Y un día “El Viejo” Candia y su esposa armaron sus petates y decidieron volver a su pueblo natal…
“Pero extraño un montón, y no estoy loco si te digo que un día quiero volverme a General Pico”, confiesa. Es que fueron 34 años “espectaculares… soy un tipo tranquilo, bastante serio, que traté de conservar una imagen, y a veces pienso en regresar… Sé que no es fácil, pero la idea me ronda en la cabeza”, completa.
“Por ahora en mi pueblo hago una vida tranquila. Mi viejo me dejó un pedacito de campo y voy siempre, y eso me entretiene… Pero no sé”, duda.
Llegó un día con pocas ganas de jugar en La Pampa, pero después se enamoró de estas tierras -le pasó a otros- y se quedó… Ahora, en el momento del sosiego le duele la nostalgia, aunque se me ocurre que el mandato familiar será más fuerte…
De todos modos “El Viejo” Candia se puede quedar tranquilo: dejó aquí una gran imagen, de trabajo, de seriedad, de compromiso… Por eso la ovación que recibió en aquellos merecidos homenajes… es cierto, uno recoge lo que siembra. ¿O no?

Diego en tren
Se sabe que, desde sus primeros años como futbolista, Diego Maradona se subió a cuanto avión lo trasladó a todas partes del mundo. Lo que pocos conocen es que en 1979 -pocos antes de ser campeón mundial juvenil en Japón-, junto al plantel de Argentinos Juniors, que integraba Oscar Candia, viajó en tren de Once a Santa Rosa (¡¡¡). Un montón de horas que se completaron en micro hasta General Pico, para jugar un amistoso con Costa Brava. Cuesta imaginarlo a Diego sufriendo el traqueteo del tren… hoy apenas quedan las vías.
Candia cuenta que en ese tiempo se quedaba con Diego después de entrenar para que el “10” practicara remates al arco: “Me mataba a pelotazos y goles…”, se ríe “El Viejo”. Y agrega: “Hace un tiempo me nombró en una revista El Gráfico, al hacer referencia a un arquero que tenía problemas en una rodilla y se recuperó… y hablaba de mí”, completa. “Ya de pibe notabas que era único, inigualable”, cierra.

“Un cambio de vida”

“¿A La Pampa, Miguel?”, preguntó algo escéptico Oscar Candia, cuando Miguel Angel Tojo le propuso ir a jugar en un equipo que sería conocido como Rácing Tavella (todo un plantel conformado por jugadores que entrenaban en Buenos Aires, y venía a jugar los domingos para la entidad castense). “La verdad muchas ganas no tenía, pero era trabajo… y al final me iba a cambiar la vida”, dice ahora.
Dirigía ese equipo también Roberto Telch, el ex San Lorenzo que también jugaba. Hicieron una gran campaña, y estaban algunos otros que también se quedarían definitivamente en la provincia: Daniel Petrucci, Tito Mansilla, los Pérez (Estergidio y Julio, que ya estaba de antes en la zona). “Obtuvimos el torneo de la Pampeana en 1982… Cuando le ganamos la final a Ferro de Pico la gente de Costa Brava nos esperaba en la ruta para saludarnos porque le habíamos ganado a Ferro, y en Castex fue una locura”. Rácing Tavella perdería luego por el Regional con Atlético Santa Rosa (el año que el albo llegaría al Nacional).
Después Candia fue a Guarany Antonio Franco, de Misiones, hasta que se encontró con José Aragonés para volver a jugar a Ferro de Pico, junto con Cacho López, que más tarde pasaría a Huracán. “Fue un gran año, y tuve la suerte de ser campeón y atajar penales en un partido decisivo con Matienzo”, rememora.

Reconocido entrenador.
En 1986 fue DT de Pico FBC; luego pasó a Independiente de Pico y se quedaría 14 años, hasta el 2006. “Fue un lindo trabajo… eran los grandes tiempos del rojo en el básquet, y no me perdía partido”. Más tarde un año en Sportivo Realicó, otra vuelta por Pico FBC y por último Costa Brava “dos años muy lindos”.
Creador del torneo infantil “El Pamperito”, hace poco Oscar Candia fue homenajeado en el Club Independiente, y “fue una de las mayores emociones de mi vida”, reconoce. Al otro día fue a la cancha de Ferro de Pico, y allí también recibió un aplauso que, a pesar de su tranquilidad, logró alterarlo.
Al cabo era lo que merecía con tantos años dedicados a la formación de chicos, muchos de ellos, por estos días, a lo mejor no dedicados al fútbol -“hay arquitectos, médicos, albañiles, comerciantes”, dice-, hoy hombres que le agradecen lo que les ofreció, no sólo vinculado al juego de la pelota, sino también con lecciones que les sirvieron para la vida… “Y esto es impagable”, reconoce turbado por la emoción.