“Pitoto” Corcuera, el personaje de Doblas

MARIO VEGA
Realizar tantas actividades hacen que, necesariamente, una persona tenga que vincularse con muchas otras. Eso pasó con Juan Manuel Corcuera, quien tiene amigos y conocidos diseminados por todos lados.
Suele suceder con mucha gente, y en este caso no sería la excepción. Aquellas personas que, en cualquier actividad, en cualquier ámbito, resulten más o menos conocidas, serán al cabo figuras controvertidas. Oscilarán entre los que los quieren y respetan y los que, por el contrario, los impugnarán por su forma de ser, de comportarse… serán al cabo hombres (o mujeres) polémicos sobre los que no recaerá una única opinión.
En todas las ciudades, en todos los pueblos, hay personajes que se tornan, por sus características, más populares que otros. Popularidad que, como quedó dicho, vendrá cargada de subjetividades entre los que manifiestan un sincero aprecio por la persona de que se trate o los que, directamente, rebatirán su imagen y su personalidad.
Sobre el hombre al que habremos de referirnos pesa precisamente ese parecer. Fue el domingo anterior que estuvimos en Doblas, y una simple alusión en una tribuna de la cancha de fútbol desató una mini discusión. Alguien comentó: “Le van a hacer una nota a Pitoto”.
Siete u ocho personas que lo rodeaban tuvieron reacciones disímiles: “¡Ah, mirá que bien!”, deslizó alguno; en tanto otro señaló sin hesitar: “¿A ese tipo que siempre anda discutiendo?”. Las opiniones rápidamente se dividieron entre los que entendían que sí, que podría ser un personaje del pueblo; y los que abiertamente se pusieron en la vereda de enfrente.

De Doblas, por siempre.
Ahora bien. ¿Quién es Pitoto?
Juan Manuel Corcuera (50), que de él se trata, nació, se crió y se va a morir en Doblas. Pertenece a una reconocida familia de la zona, y su apellido es muy representativo si de fútbol hablamos, porque su hermano Dardi es el director técnico de Independiente de aquella localidad, y su hermano Ricardo es jugador y referente del plantel.
Pero no sólo eso. Pitoto es además el hijo de Manuel y Bernardina, y el hermano -además de aquellos dos vinculados al rojo de Doblas, Dardi y Ricardo-, de Rubén y Rodrigo. “¿Qué hacía el viejo Corcuera? Tenía un camioncito, y con él repartíamos leña, pero además un tiempo trabajó en la Empresa Codi -constructora de caminos-; aunque un tiempito lo hizo en Carmen de Patagones, donde vivimos un año”, menciona Juan.
En pareja con Gabriela Linera -“ella me ayudó a encaminarme”, reconoce-, tienen cuatro hijos: Lara (24), Nahuel (22), Melisa (19) y Bernardina (9). De chico concurrió hizo la primaria en la escuela “Doña Paula de Albarracín”, y después empezó el secundario pero dejó “por vago”.

Multifacético.
A esta altura usted debe preguntarse qué tiene de particular la vida de Pitoto. Y le cuento: es trabajador municipal (hoy integra el consejo directivo de ATE) desde hace 11 años; pero se lo conoce también por otras facetas: Dicen quienes lo conocen mucho que es una persona solidaria y que ha vivido en el ambiente deportivo “desde siempre”. Fue jugador de fútbol y campeón (en 1983) con el club del que es hincha fanático -“Soy fana de Independiente de Doblas y simpatizante del rojo de Avellaneda”, aclara por si hace falta-, pero además fue boxeador, ciclista, domador, jockey, jugador de paddle, de pelota a paleta cuando había cancha en el pueblo, y “bochófilo de toda la vida”. Hoy es el encargado de las canchas de bochas del club.
“Casi podría decirse que con mis hermanos nacimos en Independiente, porque nos llevaban nuestros tíos, Juan y Anastasio Coco. Jugué y en 1983 fuimos campeones de la Liga Cultural con el equipo que integraban los hermanos Garmendia, Nando y Alfredo (los dos de Macachín), Osvaldo Pereyra, el Jabalí Losada, Carlos Sánchez, Tomás Trejo, Marcelo Gutiérrez, Antonino y Juan Coco, Jorge Páez, mi hermano Dardi; y además estaban Ricardo Garay y Juan Gordillo. ¿La rivalidad con la gente de Macachín? No, se dio todo muy bien, y con los hermanos Garmendia aprendimos el valor de concentrarnos antes de los partidos e hicimos una campaña bárbara. Además jugué en Colonia Sabadell, Alpachiri y Pampero de Guatraché, donde pasé momentos fantásticos. Jugué hasta los 36 años, y después hice de todo un poco”, cuenta.

Boxeaba con 55 kilos.
El boxeo lo iba a tener por gran protagonista de la zona. “Hice 26 ó 27 peleas, y hasta la pelea 20 venía invicto, y siempre me ponían un rival un poco más exigente. Acá (en Doblas) nos entrenaba Pelé González, que era de Santa Rosa, y como yo mostraba condiciones la gente me empezó a seguir… fueron buenos momentos, y hasta me tentaron Chito Teves, Vicente Espinosa y El Zorro Campanino para que me instalara en Santa Rosa, pero no. Yo soy de Doblas…
Gran admirador de Nicolino, de Gustavo Ballas y el propio Campanino, Juan boxeaba bien: “Hice algunas peleas bárbaras con Carlitos Marinangelis, el hermano de Hugo, Raúl Avila y con Gustavo Adema; y hasta me di el gusto de ganar el campeonato pampeano”, rememora.
Se lo digo: Pesabas la mitad que ahora. “Exactamente: andaba por los 55,500, y ahora tengo alrededor de 110… Dejé de fumar hace mucho, pero además me pierde la comida, y aunque a veces hago un poco de sacrificio para bajar de peso me cuesta demasiado”, admite.
Pero se sabe, más allá de las condiciones, en el boxeo hay que ser dueño de una gran disciplina, y no era esa precisamente la mayor virtud de Corcuera. “Era joven, me gustaba andar, los bailes… sí, en eso fallamos un poco los de Doblas”, explica.

¿Miedo? A nada.
¿Cómo es eso? “Sí, por ejemplo aquí siempre hubo buenos jugadores de fútbol. Siempre, pero a la muchachada le gusta salir, divertirse, y a veces eso se paga en la cancha. Es así, qué le vamos a hacer…”.
Practicó ciclismo, y en una Vuelta de La Pampa logró ubicarse en el pelotón de punta, hasta que una desafortunada pinchadura le iba a frustrar el sueño de ser protagonista hasta el final.
Pero otro aspecto en el que se ha destacado Pitoto tiene que ver con los caballos. Tanto en las jineteadas, participando en domas en diversos escenarios, y particularmente en la Fiesta del Puestero, en Junín de los Andes. “¿Cómo empecé? de chico en el campo con Ignacio Gordillo y Paulina Coco, que es mi madrina: ellos en las yerras me hacían jinetear terneros. Si tengo que hablar de una virtud es que no tengo ningún miedo, por más ‘macaco’ que sea el pingo: yo les pido que no me cuiden, que lo larguen nomás y ahí voy…¿Miedo? no lo conozco. De verdad que no le tengo miedo a nada”, dice con total seguridad.
También ha participado mucho en carreras cuadreras. “Aunque como jockey soy más o menos nomás tuve la suerte de ganar algunas, y por allí andan las fotos que testimonian eso”, cuenta tratando de no parecer presumido.

La solidaridad como valor.
Hoy, en una etapa distinta de su vida, pasa muchas horas en las canchas de bochas de Independiente. “Además hacemos alguna comida para llevar: sandwiches, tostados, lomitos… así que hasta la noche bastante tarde la paso en el club”, indica Juan.
Se define como alguien “muy solidario. Con quién sea eh!. Puede ser alguien que esté enojado conmigo por alguna cosa que si me precisan ahí voy a estar; y por eso es también que colaboro con todas las instituciones del pueblo. ¿Qué dicen que soy polémico, discutidor? Sí, lo soy: siempre digo lo que pienso, y sé también que a veces no cae bien y por supuesto habrá gente que no me quiere, pero igual no tengo rencores. ¿Sabés una cosa? Creo que ser solidarios en la vida es lo más importante…”.
Juan Manuel Corcuera, “Pitoto”. Así como lo pintan, así como se ve: discutidor, polémico, frontal, polifacético. De Doblas. Tómelo o déjelo. Él es así.

“La cabeza un solo chichón”.
En años de andar por tantos escenarios, por distintos motivos, Juan tiene un millón de anécdotas, aunque como pasa siempre cuando se le pide que recuerde alguna le pasa lo que a todos: sólo alguna aflora a la mente, cuando en reunión de amigos surgen a montones.
“Me acuerdo de un gran lío que se armó la noche que perdí el invicto en Los Ranqueles de Cayupán, en Catriló. Era mi pelea 20 y me pusieron a Gustavo Adema, que boxeaba muy bien… fue gran pelea, pero yo no había perdido, pero se la dieron a él que era local. Sabe pasar… Lo tremendo fue cuando bajamos: mi tío Antonino Coco le pegó una trompada a un balde de agua y salpicó a algunos. Tenías que ver, Antonino, Anastasio, Valentín Córdoba, Orlando “El Banana” Tapié y yo contra 20, 30 personas, que se yo… Dimos y recibimos, más que nada recibimos -se ríe-, y cobramos por el campeonato del mundo. ¡Al otro día! tenías que vernos: la cabeza un solo chichón. Fue una locura pelear con tanta gente, y te aseguro que me dolía todo el cuerpo de lo que pasó abajo del ring, no por la pelea con Adema. Hoy nos reímos, pero la pasamos muy mal”, rememora.
“¿Por qué me dicen Pitoto? Cuentan que en el pueblo había un personaje que todo el día decía pitoto, pitoto de aquí, pitoto de allá… y bueno, algún amigo del fútbol me lo dijo a mí y me quedó. La última: conté que estuve a punto de ir a Santa Rosa para seguir boxeando, y hasta me habían conseguido trabajo en la Cámara de Diputados… tengo entendido que como no fui el lugar le quedó a otro muchacho de Doblas que había ido a jugar al fútbol y todavía trabaja ahí: Tomás Trejo”.

La pelea con el Loro.
Dice Juan que “algunos” le han hecho “fama de peleador, de camorrero, “pero no es así. Soy discutidor, y si algo no me gusta lo digo, voy de frente, pero nada más. Claro que no me quedo callado si creo que tengo razón”. Y se remonta, para ratificar esto, a que su última agarrada “a piñas, como era antes”, fue en Macachín hace muchísimos años. “¿Y sabés con quién? Con el Loro Fernández”. El Loro es un conocido ex jugador del rojo macachinense, hoy dirigente. “Ha pasado muchísimo tiempo y de verdad te digo, ni me acuerdo por qué fue. ¿Si hoy nos vemos? Y… nos saludamos, qué vamos a hacer”.