Quejas de los vecinos por los cuencos receptores de agua

El evidente estado de abandono de los dos cuencos aliviadores de Villa Germinal y Malvinas Argentinas ha colmado la paciencia de los vecinos que ya no soportan la invasión de mosquitos, el yuyal que crece por encima de los dos metros, el croar de los sapos a toda hora, la alimañas que se multiplican a metros de sus casas, la basura que se mezcla con el barro y el verdín.
El resultado de semejante dejadez es un vaho inmundo que se esparce por todo el barrio y que ha aumentado considerablemente el consumo de repelente en el norte de la ciudad: a cada rato, grandes y chicos, se rocían por completo para ahuyentar los mosquitos. No es para nada aventurado decir entonces que, lejos de aliviar, los cuencos agravan.
Semanas atrás, los cuencos estuvieron en el centro de atención por una seguidilla de lluvias que hicieron colapsar esos receptorios y que terminaron anegando las calles del barrio durante varios días. Hoy, luego de que el municipio pusiera en funcionamiento dos bombas extractoras, el agua escurre bien pero el escenario sigue siendo crítico. La principal preocupación está puesta ahora en la invasión de zancudos que no deja, en algunos casos, dormir de corrido.

Testimonios.
"Este año no fumigaron. El cuenco está todo tapado de yuyos, es un asco. En todas las ventanas tuve que poner mosquiteros y nos ponemos repelente a cada rato. Mis nenas están todas picadas. Me preocupa en tema del dengue", dijo Silvia, que vive frente al cuenco grande, sobre la calle Quinquela Martín, casi Farinatti. Y agregó: "Con las últimas lluvias tuve agua tres días y no se podía salir.
"Acá es una parte de nadie. Yo hace 58 años que vivo acá y no era así. Está lleno de sapos, pero eso es lo de menos. Hasta hace un tiempo fumigaban dos veces en el verano, pero hace rato que no pasan", dijo Luisa, que vive con su marido frente al cuenco grande.
En el barrio Malvinas Argentinas, en el cuenco chico, la situación es muy parecida a la de Villa Germinal: basura, agua estancada, mosquitos, yuyales. "Hace tiempo que estamos así, entre la mugre, los mosquitos y el mal olor. Antes fumigaban, pero ahora se acabó. Hasta que estuvo el otro intendente venían, cortaban los yuyos, y fumigaban cada tanto. Ahora nada", dijo Jorge Santos, que tiene su domicilio a escasos metros del cuenco.

Emergencia por el Dengue
Hasta el viernes de la semana pasada, el Ministerio de Salud de la Nación llevaba 149 casos confirmados de dengue, situación que se disparó tras el agravamiento del alerta epidemiológico en Paraguay -que en lo que va del año registra 3.000 casos y cinco fallecidos- y los desplazamientos por las inundaciones. La problemática intensificó las tareas de prevención en las provincias argentinas fronterizas como Formosa y Corrientes para evitar el ingreso del mosquito vector.
El temor de los vecinos santarroseños es que, ante el evidente abandono de los cuencos, el dengue llegue a la ciudad y encuentre allí un caldo de cultivo para reproducirse. Aparentemente, la falta de fumigación en los cuencos se debe a la ausencia de mantenimiento del lugar: los fumigadores aducen que no pueden llegar a los lugares claves para aplicar el veneno porque la maleza no lo permite.
Este diario pudo saber que la situación crítica que atraviesan los barrios del norte de la ciudad es conocida por los funcionarios que tienen a cargo la protección del medioambiente y que la excusa para no limpiar las zonas de bichos y alimañas sería la "falta de personal".
"Los mosquitos son solo una parte del problema y además, no solo transmiten el dengue, hay otras enfermedades menos conocidas como la encefalitis. El abandono en torno a los cuencos es tanto que hay roedores e insectos de todo tipo", señaló una fuente municipal que pidió la reserva de su identidad.