Resuelven el 9 por el caso de Jesica Pérez

Ayer, en el Tribunal de Impugnación Penal, se realizó una audiencia por el caso de Jesica Vanesa Pérez, condenada a ocho años de prisión por el homicidio de su ex pareja Juan Emilio Cisneros.
Allí, ante los jueces Carlos Flores y Filinto Rebechi, la defensora oficial Cristina Paula Albornoz fundamentó el recurso de impugnación que presentó contra la sentencia dictada por el Tribunal de Audiencia el 2 de agosto. En realidad ese día la mujer fue declarada culpable y luego, el 11, durante un segundo juicio llamado de cesura, recibió la pena.
La defensa dijo que el fallo no estuvo bien fundado e insistió en que Pérez debe ser absuelta del delito de homicidio simple porque actuó en defensa legítima y, subsidiariamente, planteó que le den la pena mínima, que es de un año, por haber actuado bajo emoción violenta. El TIP anunció que dará a conocer su pronunciamiento el próximo jueves.
Pérez, de 24 años y quien permanece bajo arresto domiciliario, está acusada de matar a Cisneros, de 21, el 11 de marzo de 2012 en el barrio Matadero. La mujer, al llegar a su casa y ver que le habían robado un televisor que le había costado mucho comprar, sospechó de la víctima. Por eso fue a buscarlo a la casa de su madre. Pero allí no lo encontró y siguió hasta lo de su hermana, donde golpeó y pateó la puerta.
Cuando el hombre salió entredormido, Pérez lo apuñaló. Después huyó en su bicicleta y fue detenida a las pocas cuadras. Tenía el cuchillo envuelto en un buzo.Durante el proceso, y a través de testimonios de psicólogos, psiquiatras y asistentes sociales, se conocieron detalles de su vida, signada por el abandono y la violencia. La joven fue abandonada por sus padres, quedó embarazada a los 14 años, vivió sola en la calle, la prostituyeron, pasó por institutos de menores y por programa Guadalupe -para recuperarse de sus adicciones- y fue maltratada por Cisneros.
Albornoz, durante el juicio, graficó esa violencia en una frase dicha por su defendida: “Me pegó una piña que me desacomodó todos los dientes”. Y no cuestionó el hecho, aunque lo explicó así: “Dirigir sus actos no es incompatible con la emoción violenta. Ella sabía lo que hacía, pero hubo tal conmoción en su ánimo que no actuó ningún freno inhibitorio. Tampoco podemos analizar lo del televisor como el televisor que cada uno de nosotros tiene en su casa. Ese era el televisor de sus hijos, un bien muy simbólico, y ella vivió ese robo como una agresión”. Lo había comprado con el salario que percibía en un taller de panificación.