“Se priorizó a los pueblos y las rutas”

El ex gobernador consideró que los técnicos europeos realizaron un trabajo “casi perfecto”, apoyados en parte en la buena información de la APA. El exceso de lluvias obligó a tomar decisiones difíciles pero necesarias para evitar problemas mayores.
Hace más de 15 años, el norte pampeano atravesó una crisis hídrica por la acumulación de lluvias similar a la que se está viviendo en estos días, con campos inundados, rutas cortadas y pueblos cercados por las aguas. “Hubo que tomar una decisión y se resolvió salvar los pueblos y las rutas”, recordó el ex gobernador Rubén Marín al rememorar las definiciones que hubo de tomar cuando la zona más poblada y más productiva, quedó bajo el agua por las lluvias y la crecida del río Quinto. “El estudio que hicieron los daneses, te diría que fue perfecto, casi perfecto”, valoró el ex mandatario, remitiendo a que ese trabajo sigue siendo la herramienta principal para contener ese excedente de lluvias. En aquellos años la postura de La Pampa era retener en los bajos de Quemú Quemú toda el agua que se pudiera, pero en caso de sobrepasar esa capacidad, se dejaría seguir escurriendo y que derivara hacia Trenque Lauquen, como marca la pendiente natural del terreno.
Para el ex gobernador Rubén Hugo Marín parece que los años no hubieran pasado al punto que hoy recuerda con lujo de detalles las inundaciones que afectaron la provincia entre 1998 y 2000 y que generaron una crisis similar, quizá de mayor magnitud aún, a la que atraviesa el norte de nuestra provincia en estos días. “En el ’99 se sanciona un decreto (provincial) que declara la emergencia hídrica, que abarca desde Maracó, Realicó, Rancul, agarrando Trenel, hasta Quemú. Fue en julio de ese año. Después, en junio de 2000, se dictó otro que prorrogó la emergencia por 18 meses más”, detalló.

Estudio.
Los decretos fueron las herramientas legales para encarar la crisis y empezar a buscar soluciones. Una de ellas, quizá la principal, fue encargar un estudio al Instituto Danés de Hidráulica para determinar el estado de situación y las posibles acciones a seguir. El contacto con el IDH -instituto líder a nivel mundial en este tipo de estudios- fue Juan Carlos Savioli, un joven ingeniero pampeano radicado en Copenhague y que se desempeñaba desde hacía varios años en el organismo. Savioli era conocido por su apodo de “Pichito” por ser hijo del médico santarroseño Juan Héctor “Picho” Savioli. “Si te tengo que decir la verdad, no me acuerdo cómo entramos en contacto con este muchacho”, reconoció Marín. “Lo que me acuerdo es que era un chico muy estudioso y tenían un cargo importante en el Instituto y él nos hizo el contacto con ellos”.
En septiembre del año 99 comenzó a realizarse el estudio y unos meses después estuvieron sus primeras conclusiones. El trabajo de los daneses mostró que esa zona de la provincia tiene una leve pendiente hacia el sur que llega hasta la zona de Quemú Quemú. Al oeste de esta localidad se encuentran unos bajos que son las zonas más deprimidas de ese sector de la provincia. “Esa pendiente venía hasta Quemú y después iba hacia provincia de Buenos Aires, para el lado de Trenque Lauquen”, recordó Marín.
“El estudio era para ver las napas freáticas, a qué distancia estaban, qué evolución tenían con las lluvias y dónde podían derivarse cada una de acuerdo al monto de lluvia caída. Los daneses hicieron un estudio casi perfecto, te diría, perfecto, sobre todo recogiendo la información que había acá de la gente de Aguas -v.g., la Administración Provincial del Agua-, que también tenían muy buenos estudios”.
“Ellos -los técnicos daneses- sacaban cálculos y te decían, por ejemplo: si llueven 50 milímetros, la derivación es esta; si llueve 100, es esta. Tenían el cálculo de lluvias en La Pampa y habían puesto un excedente de lluvias, como ocurrió realmente después”.

Decreto.
Cuando el estudio ya estaba en marcha, la crisis de las inundaciones se extendió a Santa Fe y a Buenos Aires, y allí salió un decreto nacional que cargaba “cinco guitas (sic) por cada litro de nafta” con destino a financiar estas obras. “Como casi siempre ocurre, La Pampa era la única que tenía los estudios hechos, que los habían hecho los daneses, entonces se pudo conseguir un dinero empezar a hacer la obra”. Contar con información precisa sobre lo que estaba sucediendo le permitió a La Pampa conseguir más fondos de los que se le habían asignado previamente.
“Después, cuando vino Néstor (Kirchner, ya como presidente de la Nación), me acuerdo que nos dio unos fondos más, creo que 20 millones, para terminar las obras”. Con ese dinero se terminó la primera de las tres etapas que diagramaron los técnicos daneses.

Expropiación de campos.
Otro hecho grabado a fuego en la memoria de Marín fue el tema de las expropiaciones de campos para usarlos como depósitos del excedente de agua. Eran los campos ubicados en las zonas deprimidas de Quemú Quemú, Trilí y La Puma. “Tuvimos que sancionar esta ley de expropiación para aquellos campos que tenían que recibir el flujo de agua en caso de inundación, porque se había puesto como prioritario salvar los pueblos y las rutas. Esa fue la prioridad que hubo”, rescató el ex mandatario.
En el caso de los campos más pequeños, por ejemplo una propiedad de 200 hectáreas, se decidió alquilarlos y pagarle un canon al propietario durante el tiempo en que el predio estuviera improductivo. En las extensiones más grandes, la postura fue expropiarlos a favor del Estado pero dejando al dueño original la posibilidad de utilizarlo mientras no hubiera agua. Para ello los ex propietarios debían pagar un pequeño canon “que era poca cosa y que calculo que ya lo deben haber actualizado”, estimó el político.
“Nos parecía lo más razonable, porque sino esa propiedad iba a quedar sin usarse hasta la próxima inundación. Ellos lo podían usar y de hecho los estuvieron usando hasta ahora”, apuntó.
Mucha gente aceptó las nuevas reglas de juego y se amoldó al nuevo escenario. Pero hubo otros que resistieron y protestaron. “Me acuerdo un hombre de la zona de Trilí que tenía como 5.000 hectáreas; ¡cómo zapateaba ese hombre!”, rememoró.

Canales sucios.
“Yo cada tanto pregunto un poco, porque el tema me interesa, y lo que me han dicho es que los canales no se volvieron a limpiar. Por lo menos hasta la última vez que pregunté”, comentó Marín, con un cierto tono de reproche a las autoridades que no conservaron lo que se había hecho.
“Y en una llanura como la nuestra, lo único que hace el agua es distribuirse por todos lados”, reflexionó. Si los canales estuvieran limpios, el líquido circularía hacia las zonas de sacrificio que se establecieron hace más de 15 años. “No sé si habrán hecho algo ahora”, reiteró.

“Esa vez se les fue la mano”.
A manera de conclusión Marín señaló que la posición de La Pampa era receptar y almacenar toda el agua que se pudiera, tal como se hizo. Ello fue producto de un pedido que hizo la provincia de Buenos Aires para ganar tiempo en pos de realizar sus propios estudios y las obras de derivación.
¿Qué hubiera pasado si los embalses de Quemú se saturaban y el agua amenazaba desbordar?: “Y… nosotros la largábamos”, reveló el ex gobernador.
Nunca se llegó a ese extremo, pero la decisión estaba tomada. Hoy por hoy, las canalizaciones realizadas en provincia de Buenos Aires facilitarían la descarga de esa masa de agua hacia la cuenca del Salado, pero en aquel momento hubiera incrementado la tensión entre las dos provincias.
“Yo siempre digo que en nuestra provincia es mejor tener problemas de agua que de sequía, pero esa vez se les fue la mano”, concluyó el ex gobernador en ese breve repaso de esos años.

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