¿Se quedó sin retornos?

ANDANDO POR EL BORDE

En los pasillos de distintos organismos de la administración pública se viene comentando en voz baja una situación que resulta tragicómica. En algún modo podría parecer casi una anécdota risueña, pero a la vez se trataría de una situación grosera con visos de grotesca.
¿Demasiados calificativos? Es que es difícil -o no tanto, según se vea- imaginar que un ex funcionario podría estar reclamando a antiguos “socios” por un retorno que el último mes no llegó a sus bolsillos.
¿Qué es un retorno en la jerga de la actividad pública? Podría decirse que es lo que se conoce como coima, una gratificación con la que se soborna a un funcionario público. El Código Penal lo tipificaría como “cohecho”, un delito que consiste en que una autoridad o funcionario público acepta o solicita una dádiva a cambio de realizar u omitir un acto inherente al cargo que ocupa.
En voz baja algunos periodistas dicen que la versión responde a la más cruda realidad, aunque no pueden salir a denunciar la cuestión con todas las letras, ni ante la Justicia, ni ante la Fiscalía de Investigaciones Administrativas. Simplemente porque no hay nada en papeles que pueda acreditar la triste situación; y sobre todo porque también se conoce que en concepto de coimas nadie firma recibos.
Aquí el tema es que el ex funcionario -de voluminosa figura- vendría llamando por teléfono a sus antiguos “socios” para hacer el reclamo de lo que no le dieron los últimos meses.
En los pasillos del organismo donde se desarrollaban esos acontecimientos la cuestión era comentada en voz baja, pero la confirmación les habría llegado a otros empleados cuando alguno de los “socios” del ex funcionario -en estas horas- puso el grito en el cielo por el reclamo que le formulaba ya fuera del cargo que ocupó hasta el pasado 10 de diciembre.

EL GORDO MOTONETA