Servi Trinitatis: familiares acusan al obispo por no actuar

Los Iani contaron la traumática experiencia desde que una de sus hijas, la joven que la semana pasada fue retirada y luego volvió al cenáculo, ingresó al instituto católico. “A mi familia me la hicieron pelota”, dijo el papá.
Los padres y los hermanos de M., la interna de Servi Trinitatis que la semana pasada fue retirada bajo orden judicial y volvió al cenáculo en plena madrugada, le apuntaron al obispo Mario Poli por no hacer nada aunque desde hace 20 días lo pusieron en conocimiento de la situación. Poli les había pedido “paciencia”, pero pese a tener una copia del informe del médico clínico sobre la frágil salud de la joven, no han obtenido respuestas.
Ayer la familia Iani convocó a la prensa para contar la historia que comenzó con el ingreso de una de sus hijas a la casa de la calle O’Higgins, acompañados de otros denunciantes y el abogado Omar Gebruers. Emocionalmente quebrados en varios pasajes del relato, dijeron que temen por la salud de M. y por eso piden a la justicia un informe psicofísico porque está “al límite de la desnutrición y de un montón de enfermedades”.
Raúl, el papá, recordó con exactitud el día que su hija se fue a vivir a lo que luego supieron era el “cenáculo”: 17 de diciembre de 1999. Ese día ella les dijo que se iba a vivir con unas compañeras de Acción Católica y ya nada fue igual. “Primero dijimos “está bien, es mayor de edad, es su decisión, está estudiando una carrera”; el día que tomó la decisión de irse a la casa fue un poco aceptar lo que ella quería”, explicó Cecilia, su hermana mayor.
Los cambios en su comportamiento y su manera de ser se fueron profundizando. “Cada domingo que venía era preguntarle qué hacía, y las respuestas eran como muy estudiadas. Mamá siempre fue la que dijo que no estaba bien, nosotros como que no le dábamos pié porque decíamos que eso era lo que ella había elegido”. Luego, la madre (Susana) se empezó a conectar con chicas que M. decía eran sus amigas, y que habían empezado a salir del instituto y a contar lo que realmente pasaba ahí adentro. “Llegamos a esta instancia porque no nos quedaba opción: con ella es ya imposible hablar, porque dice que está todo bien y que son las leyes de dios”, dijeron.
Luego de la denuncia ante la justicia civil, M. quiso hablar con su papá y un día fue a visitarlo a su taller. “Yo le preguntaba “cómo estás”, “te veo más flaca, qué problema tenés”; me dijo “por qué denunciaste”. Y yo le dije que no denuncié a la Iglesia, denuncié a esta secta que está dentro de la Iglesia”. Raúl entendió que la conversación que tuvieron en ese momento era para que levante la denuncia, y él le contestó que “una denuncia no se podía levantar”. “Aparte me dijo que no me mintió nunca, que lo que hacía era ocultar porque si nos decía (la verdad) no íbamos a aceptar su voluntad”.

Alarmas.
Las primeras alarmas que hubo en la casa fueron alrededor de cinco años atrás, según explicó Cecilia. Se enteró que una compañera suya de la facultad que iba a ese grupo estaba en psiquiatría del Lucio Molas. “Le pregunté a M. si no la iban a visitar, y me dijo que no porque se había alejado de Dios y por eso le pasó lo que le pasó”, relató aún sorprendida. También fue a ver al padre Ricardo (uno de los sacerdotes denunciados), a quien le preguntó por su hermana: “me negó conocerla, aunque ella estaba a cargo de un campamento de 40 chicos en Doblas”.
El médico de cabecera de M. se comunicó con los Iani porque conoce a Susana. Allí les informó que era la segunda vez que la debía atender por los trastornos que ahora denuncian. “Cuando mamá le dice al médico todo lo que estaba pasando con ella, él le dice que ahí le cerraban un montón de cosas porque hace dos años que la veía mal -relató la hermana-. Ella iba al médico siempre acompañada de la jefa de la casa, y contestaba mirándola a ella”.
Le pidieron un informe al médico clínico, que junto con el del psiquiatra ahora figuran en la denuncia que llegó al Juzgado de la Familia y el Menor. Según explicaron, ayer Florencia Hasper -la abogada de la familia- pudo ver que hay un informe firmado por dos psiquiatras que, si bien afirman que tiene trastorno de personalidad y otras patologías, no es necesario dejarla internada en ese lugar. Ese es el informe con el que la jueza subrogante María del Carmen García dispuso que vuelva desde su internación en Psiquiatría del Molas al cenáculo.

Informe clínico.
El informe clínico del cual posee copia Poli dice que tiene “vómitos reiterados, y dicho por ella que no tiene tolerancia a la carne, también gastritis, y ha perdido mucha masa muscular”, según explicaron. “Ese informe se lo acercamos al obispo veinte días antes de ir a la justicia, no es que la Iglesia no sabía; Poli no contestó nunca, le pedimos audiencia tres veces por escrito en 50 días, no puede decir que desconoce el tema”, reclamaron.
Raúl graficó sus sensaciones crudamente. Contó que el 24 prendió la tele y vio al obispo deseando “feliz navidad y en familia”. “Yo me pregunto dónde está mi familia, me la hicieron pelota”, dijo sumamente afligido.
No sólo los Iani, también los demás denunciantes tenían ciertas esperanzas cuando el nuevo responsable de la iglesia pampeana reemplazó a Fidel Brédice. Cecilia se quejó porque el prelado “pidió por favor que le dieran tiempo; al no dar las audiencias mamá una vez lo siguió por la calle y él le pidió que le tuviera paciencia, que tenía que ver el caso y ver qué hacía. No sabemos qué está haciendo”, sentenció.