Sospechan que no fue suicidio

Un hombre de aproximadamente 30 años fue hallado el fin de semana pasado sin vida en cercanías al Relleno Sanitario, en el oeste de la ciudad capital. El joven, identificado como Matías Bustos, se encontraba colgado cerca de una carpita improvisada sobre uno de los laterales del camino que conduce al predio de Apani.
La justicia aseguró que se trató de un suicidio, aunque hubo personas que manifestaron que Bustos tuvo problemas con unos hermanos de apellido Lezcano por el robo de un caballo.
Como ocurre con este tipo de casos, la fiscalía de Delitos Contra las Personas comenzó una investigación y la autopsia, realizada por el médico forense Juan Manuel Sansón, “no arrojó elementos alarmantes para la investigación”, manifestó la fiscal, María Cecilia Martiní.
Sin embargo, un grupo de personas que viven y trabajan en el Relleno Sanitario, le comentaron a un equipo periodístico de LA ARENA que “un hombre con su hijo lo vio colgado cerca de su carpa. Primero pensaron que era un maniquí y cuando se acercaron, confirmaron que se trataba de una persona” y añadieron que quien lo encontró dijo que “el cuerpo estaba verde e hinchado, no tenía puestas las zapatillas, estaba hinchado por los golpes y tenía un brazo o una muñeca fracturada”.

Suicidio.
Desde la Fiscalía de Delitos Contra las Personas, al no tener datos relevantes de lo que realmente pudiera haber ocurrido, informaron que, a menos que la investigación tome otro rumbo, se trató de un suicidio. La fiscal Martiní expresó al respecto que “fue hallado hace unos días ahorcado -cerca del fin de semana-, era un chico de porte grandote, y por lo que dijo el padre, que se acercó a reconocer el cuerpo, ‘tenía problemas con las drogas’ y ‘hacía varios días que no tenía contacto con la familia'”.
“La autopsia no dio otro signo que el de ahorcamiento”, aseguró Martiní y manifestó además que “el forense, por lo que surgió de la autopsia, no advirtió indicios de elementos que indicaran que el cuerpo haya sido golpeado”.
Por otra parte, la fiscal recordó que “los familiares no habían hecho denuncias de que hubiese desaparecido, pero sí reconocieron que se juntaba con un grupo de gente que suele tener problemas en un barrio cercano al Relleno Sanitario”.
Finalmente, Martiní aseguró que “nadie se acercó a informarnos ni a brindarnos datos que nos lleven a pensar que fue asesinado, obviamente todo va a depender de el rumbo que tome la investigación, ya que fue todo muy reciente”.

¿Venganza por robo?
Una persona manifestó a este medio que Bustos tenía inconvenientes con dos hermanos de apellido Lezcano a quienes les habían robado un caballo en cercanías al Relleno. Los Lezcano, al parecer, hallaron carne en la carpa de Bustos, y habrían tenido un enfrentamiento con el joven que días después fue encontrado sin vida cerca de la carpa donde vivía.

“Cirujeaba, era buen pibe”.
Los chicos que viven en el asentamiento detrás del Relleno Sanitario afirmaron haber conocido a Matías Bustos. Indicaron que vivía solo, en una casilla improvisada, pero alguien se la había quemado (en el lugar se puede apreciar los restos frente a otra carpa que quedó en pie).
Además, aseguraron que entre el viernes 4 y sábado 5 de noviembre lo vieron por última vez y comió con ellos: “asado y ravioles”. Según expresaron las personas que viven en el asentamiento, Bustos “cirujeaba, era buen pibe y tenía problemas con los Lezcano”, aunque descartaron que les haya robado comida. Finalmente aseguraron haber ido al velorio del joven.

Familia humilde y trabajadora
Según personas allegadas a él y a sus dos hermanos, Matías no era un joven con problemas. Bustos fue criado por una familia de barrio, humilde y trabajadora, según contaron a este diario quienes conocen el entorno íntimo. En su adolescencia cursó sus estudios en el Colegio Ciudad de Santa Rosa, por lo que para las fuentes consultadas fue llamativa su decisión de apartarse de sus lugares habituales para irse a vivir a una carpa improvisada y en las peores condiciones en cercanías al Relleno Sanitario.

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