“Sufrimos un trato despreciable”

La docente contó cómo fue secuestrada en el ’75 estando embarazada de casi 8 meses. “A los hombres los sometían a terribles torturas, pero para nosotras había una vuelta de tuerca”, afirmó Alcala.
La profesora de Historia y Geografía, Marta Gloria Alcala, declaró ayer ante el Tribunal Oral Federal de Santa Rosa en el juicio de la Subzona 14 II y relató cómo vivió la detención ilegal a la que fue sometida y el interrogatorio que padeció mientras estaba embarazada y con contracciones.
Fue su primera declaración en el juicio de la Subzona 14, como víctima de la represión ilegal en la capital pampeana durante la última dictadura cívico militar y pidió a los jueces que consideren especialmente los vejámenes que sufrieron las mujeres por su condición de género.
Con tranquilidad y seguridad en sus palabras, Alcala, que en aquella época militaba en la Vanguardia Comunista en la Universidad, comentó en el inicio de su testimonio que los hechos comenzaron a principios de diciembre del 75 antes del golpe de Estado, donde “se veían situaciones de tensión. La caída del gobierno democrático era inminente”.
Recordó que una noche entre el 2 y el 5 de diciembre del ’75, cuando estaba celebrando el triunfo en la interna de ATE de la lista encabezada por su pareja Roberto “Taragüí” Rodríguez, contra los postulantes de la “burocracia” sindical, le avisaron que estaban allanando la casa de sus padres y que la buscaban para detenerla.
Esa noche no regresó a lo de sus padres ni a su casa de la calle Yrigoyen, por seguridad, y durmió en la casa de Caíto Cafardo. “En ese momento estaban detenidos Raulito D’Atri, mi médico personal, profesores, y además yo estaba embarazada de siete meses y medio y sabía que era un varón. Mi hijo nació el 21 de enero del ’76”, continuó.
“Ellos (por sus compañeros) me decían que no vuelva a mi casa, me protegían a mí y yo fundamentalmente protegía a mi hijo. Esa noche comencé con contracciones, mientras tanto el Ejército estaba en la casa de mis padres. Mi padre era oficial del Servicio Penitenciario retirado”, siguió.
Junto a sus compañeros, al día siguiente, Alcala fue a hablar con el gobernador Aquiles Regazzoli, pero fueron recibidos por el ministro de Gobierno, Félix Molteni, quien hizo un llamado y confirmó que la estaban buscando. “No sé con quién habló. Abría los brazos y decía, esa es la respuesta, ‘tenés que ir al interrogatorio nena'”, contó.
“Mientras yo tenía contracciones, los compañeros me decían que no vaya, pero sentí que estaba en riesgo la vida de mi hijo, así que decidí ir a la Primera para que me interrogaran, yo quería ver a un médico”, siguió.

Era invisible.
Al llegar a la Seccional Primera, se encontró según dijo “con una cola de compañeros de todas las facultades, parecía una asamblea universitaria”. Fue interrogada en “una habitación en penumbras por una persona joven con uniforme, tenía una lámpara frente al rostro, no vi demasiado”, detalló.
“Me muestra una serie de fotos, no entendía demasiado y cuando miro veo que estoy en todas las imágenes en primer plano, en todos actos de militancia, asambleas, reuniones en defensa por los ríos. Me decían, ‘ya sabemos quién sos'”.
Contó que le dijo al efectivo que tenía contracciones, pero “era como que no había dicho nada. Me preguntaban a qué organización pertenecía y ahí escuché una voz de atrás diciendo ‘yo también fui revolucionario a tu edad, piba’, era una voz autoritaria. Y cuando intenté girar la cabeza, terminantemente me dieron la orden que vuelva a mirar al frente. Tenía más autoridad que quien tenía delante de mí”.
Allí, le preguntaron en forma insistente por Hugo Chumbita -que era responsable del Instituto de Estudios Regionales de la UNLPam, donde ella colaboraba- y le advirtieron que sus ideas la hacían “una enemiga de la Nación. Le discutí, les dije que mi pensamiento era opuesto a lo que decían y que creía en la democracia”.
“Me preguntaron qué vínculos tenía con la guerrilla, duró mucho y todo en ese tono. En ese momento, la persona (que estaba atrás) sale de la habitación, suena el teléfono, cortan, y no me dicen nada, pregunto qué pasa, que quería un médico y nadie responde”, manifestó Alcala.
En ese momento, una mujer y un agente de policía la trasladan a la Jefatura de Policía. “Me llevan en un auto, parecía invisible, les decía que necesitaba un médico y ni siquiera me miraban. Intenté tratar de controlar yo misma el pulso y las contracciones”, relató.
Quedó alojada en un cuarto de la Jefatura vigilada por las celadoras del lugar. Dijo que “en un momento me dejan sola, se abre la puerta y aparece Constantino (el represor fallecido), lo vi gigantesco, me sentía un pequeño gusano, y el tipo de muy mal modo, me dijo: ‘qué mierda hacés acá, porque no te vas a la mierda y te dejás de gritar. Se fue y me dejó la puerta abierta”.
Y agregó: “Primero sentí temor, no me animaba a salir, me preocupaba mucho lo que podían hacer, pasaba el tiempo y me sentía mal, entonces empecé a caminar, pasaba por las oficinas y yo era como invisible, nadie me veía, parecía que no me registraban hasta que llegué al frente y ahí me di vuelta y dije al guardia ‘me voy”, hacé lo que se te ocurra, respondió” el agente.
Allí, fue a la casa de una tía que vivía a metros de la Jefatura sobre la calle Escalante. “Me sentía muy mal, quería que me vea un médico lo antes posible. Me comuniqué con Roberto Rodríguez que enseguida estuvo ahí y me llevó al hospital porque tenía contracciones de parto. Mi médico estaba preso, Quique Otálora, y me atiende la partera Miskoff, que ojalá no me hubiese atendido, porque las cosas que me dijo son irreproducibles. Cuando se enteró quién era, me decía: ‘a ustedes se les deberían morir todos los hijos, deberían estar muertas, ojalá se te muera'”.
En ese momento, cuando disminuyeron las contracciones, se sacó el suero y se fue del hospital. “No volví a pisar el hospital, mi hijo nació en una clínica, tenía muy poco peso, y varias vueltas de cordón en el cuello, por cómo vivió los últimos meses de embarazo”.
Por otro lado, contó que en el regreso de la democracia en 1984 cuando ingresó a la Administración Provincial del Agua solicitó sus antecedentes policiales y figuraba a disposición del Comando Militar Subzona 14.
Además, contó que entre su detención y 1983 perdió tres embarazos, y recién luego de 11 años logró quedar embarazada normalmente, cuando tuvo “un poco de paz”. En esa línea, advirtió que “nunca se termina de dimensionar el daño”.
Alcala pidió al tribunal que haga “preciso” hincapié sobre las cuestiones de género. “La condición de mujer motivó torturas específicas que abarcan todo el arco del terror desde los vejámenes más terribles hasta someter a una mujer embarazada al riesgo de perder su hijo. Las mujeres sufrimos un trato despreciable. Yo fui una privilegiada al lado de lo que sufrieron otras compañeras”.
Manifestó, además, que “a un hombre se lo sometía a terribles torturas, pero para nosotras había una vuelta de tuerca” y mencionó a Raquel Barabaschi, que “es el caso más contundente pero todas las mujeres sufrieron un trato despreciable que no cabe en la cabeza de un ser que tenga conciencia de la humanidad”.