Toffoni reiteró que no quiso matar al joven

COMENZO EL JUICIO

Leonardo Toffoni (62) se prestó a declarar ayer frente al tribunal, y contó su versión del incidente en el que disparó produciendo la muerte de Nicolás Pescara (19), cuando el joven junto a Carmona habían ingresado a robar en su despensa, ubicada en la esquina de Tomás Masson y Libertad.
Toffoni, que vivía a unos 30 metros de la despensa, dijo que esa noche del 4 de mayo de 2014, cuando eran aproximadamente las 5.50, escuchó ruidos de vidrios rotos, pensó que habían ingresado a su comercio, y después de ponerse pantalón y zapatillas tomó un arma y se cruzó para evitar el robo. “Mi idea era retenerlos hasta que llegara la policía”.
El comerciante, quien hoy se dedica a colocar contenedores de su propiedad, y a limpiar terrenos con una pequeña pala mecánica, en varios pasajes de su exposición se quebró y lloró.
Toffoni afronta el juicio en el que el fiscal está pidiendo se lo condene por homicidio simple, agravado por el uso de armas, con exceso en la legítima defensa. Esta misma acusación es sostenida por la parte querellante. La defensa, en tanto, tratará de probar que actuó en legítima defensa: “No se trató lisa y llanamente de un homicidio”, dijo la defensora.
El jurado está integrado por los jueces Andrés Aníbal Olié (presidente), Carlos Alberto Besi y Daniel Alfredo Sáez Zamora. El fiscal es Máximo Orlando Paulucci, en tanto la defensa de Toffoni es asumida por los abogados Vanessa Ranocchia Ongaro y Marcos Paz; y Sebastián País Rojo y Carina Salvay representan a la querella.
Después de leerse los cargos, Olié le preguntó a Toffoni si estaba dispuesto a declarar, y éste asintió.

“Vi luces de linternas”.
Así narró que mientras dormía junto a su esposa, en un domicilio de la calle Libertad, escuchó ruidos que provenían de su comercio. En tanto se cambiaba le pidió a su esposa que llamara a la Policía. “Me vestí, tomé el arma.. no la había usado nunca, ni sabía si estaba cargada. Veía gente con linternas dentro del negocio y cuando me acerqué a la puerta les grité que se tiraran al piso, que ya llegaba la policía. Carmona, después supe que era Carmona, se tiró al piso y puso las manos en la espalda… pero alcancé a ver una sombra de alguien que venía entre las góndolas. No sabía si eran dos o tres… Vi alguien al costado que tenía algo que brillaba en la mano, y que empujó la puerta de dos hojas, yo la devolví y la volvió a tirar… Me tiró para atrás, se me vino encima y sentí el golpe y el ardor en el brazo”, explicó.

El disparo.
Toffoni sostuvo que al notar que tenía una herida instintivamente bajó el brazo izquierdo hacia la otra mano donde tenía el arma. Fue allí que sintió el disparo. Indicó que no sabía si el tiro era del arma que portaba, y que en un momento llegó a pensar que había disparado “al aire” el policía que inmediatamente advirtió detrás suyo.
Contó es padre de tres hijas mujeres; que la despensa -que hoy está cerrada- era robada “cada dos o tres días. Fueron muchas veces”, dijo, y que generalmente le llevaban bebidas, vino, fernet y cinzano.
Evaluó que todo duró “unos segundos”, y que “nunca” apuntó a los intrusos, y señaló que tomó el arma “probablemente por miedo”. Que el revólver, un Colt 38, permanecía en la mesita de luz, ocupada con zapatos y otros elementos del padre de su mujer, que era el dueño del arma.

“Cansado” de ser robado.
Admitió que tenía un permiso de portación, que incluso había renovado, pero que nunca tuvo un arma de su propiedad.
En este punto hizo referencia a una vez que en el campo le prestaron un arma larga y le disparó a un ciervo, que luego el “paisano” que lo acompañaba terminó de matar. Allí Toffoni volvió a sollozar. “Ese día dije, nunca más voy a usar un arma”, completó.
Reiteró que estaba cansado que le robaran -“trabajaba doce horas por día en la despensa, para que después te roben y te rompan todo”, amplió-, y que su intención era detener a los jóvenes “hasta que llegara la policía”.
“Pescara era más alto, y tenía un casco puesto”, precisó Toffoni, con lo que sugirió aparecería como “más grande” físicamente.

“Fue un desastre familiar”
El primer testigo fue el papá de Nicolás, Jorge Omar Pescara. Sostuvo que la muerte de su hijo les “causó un desastre familiar, nos destruyó”.
Señaló que tenía estrecha relación con su hijo, que pasaba casi todos los días por su casa -Nicolás vivía con su madre, y el padre con su nueva pareja-, y que trabajaba, “como electricista, y en una obra. No se dedicaba a robar, ni se alcoholizaba. Y no sé cómo se mandó esa macana”, agregó.
Después refiriéndose a Toffoni dijo que a su hijo “lo mató como a un perro”, y un poco exaltado reflexionó: “Si pienso como él… ¡Que llame a la policía!”, completó.

Ranocchia defendió hermano de Pescara.
La abogada Ranocchia Ongaro pareció querer desmentir la cercanía del joven con su padre, al preguntar a éste si sabía que había estado preso. El hombre negó, y Ranocchia le mencionó que alguna vez defendió al hermano de Nicolás, Brian Montensino -también hijo de Pescara, y que no lleva su apellido-, y que por eso supo que “en diciembre” el joven que resultó muerto estaba detenido.
Pescara señaló que pudo haber estado de viaje en ese momento y la defensora insistió en que el joven también fue detenido en marzo, junio y diciembre. “En tres oportunidades” involucrado en delitos contra la propiedad, reafirmó. El presidente del tribunal consideró que “era pertinente” su apreciación, pero que no se excediera en sus consideraciones. Sobre el final la abogada pidió disculpas al padre por “si lo había incomodado”.

La versión de Carmona.
Después el que se presentó ante el tribunal fue Emiliano Agustín Carmona, y explicó como a su criterio sucedieron los hechos.
Narró que venían del centro de la ciudad, y que al pasar decidieron ingresar a la despensa, en la que nunca habían estado antes. Sintetizó más o menos en los mismos términos que Toffoni que les decía: “tírate al piso o te mato”. Carmona lo hizo y dijo que pudo ver hacia “el costado” donde estaba Pescara, que “había comenzado a flexionar sus piernas para arrodillarse”. En ese momento sintió el disparo.
Reveló que antes que llegara Toffoni buscaron en la caja pero no encontraron dinero, y que apartaron “algunas botellas” para llevarse; y ante una pregunta de si tenían celulares dijo que sí (¿los utilizaron como linternas?).
Enseguida llegaron los policías. Dijo que estos le dijeron que “iba a quedar preso porque yo tenía el arma y lo había matado”.
Reconoció que habían consumido alcohol y marihuana, y por último afirmó que Nicolás “no tenía nada en la mano”, haciendo alusión a que Toffoni había señalado que vio “algo brilloso” en su poder.

Toffoni “estaba como ido”
“Cuando llegamos estaba la moto en marcha, y Toffoni caminando dificultosamente cerca de la puerta, como ‘ido’. Tenía mucha sangre en los brazos y las piernas”, detalló el policía Carlos Daniel Martín.
Los dos policías que fueron los primeros en llegar a la despensa después del disparo, también comparecieron frente al tribunal, y Martín agregó que le pidieron al comerciante que tirara el arma, lo que el hombre hizo de inmediato. “Nos avisaron a través del 101 que teníamos que ir porque estaban ingresando a la despensa”, agregó.
En tanto Carmona les dijo que estaba bien y se fijaran en el amigo. Martín señaló que conocía a Carmona porque había estado involucrado en el robo de una caja registradora frente a la estación de servicios Aspro, y Pescara en el robo de unas baterías. Que “a los dos” los reconoció por hechos anteriores.
El agente Mamanni señaló que Toffoni tenía el arma como lo hacen los policías, tomándola con las dos manos, y apuntando hacia abajo, y que lo vio “como sockeado”. Que vio a Carmona en el piso boca bajo y mirando al interior del negocio, no hacia afuera, y que conocía al joven como “del ambiente”.
Roberto García, el policía que hizo el peritaje del arma indicó que funcionaba bien.

La mujer de Toffoni.
María Elena Hernández es la mujer de Leonardo Toffoni, quien durante la audiencia lloró desconsoladamente, acompañada de dos de sus hijas. Sobre lo sucedido aquella noche relató que se quedó en la casa “tratando de avisar a la policía, y no podía porque no tenía anteojos”, y que desde dentro de su casa, porque estaba la puerta abierta, escuchó los gritos de su esposo pidiendo a los intrusos que se tiraran al piso.
Después mencionó que se tuvieron que ir de la vivienda de la calle Libertad, porque los habían amenazado, que los siguieron e insultado de diversas formas y que en un momento hasta llegó a arrojarse una molotov a la despensa.

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