Una operación inédita

Hace tres meses, Beatriz Norma García (54), llegó a la guardia del Hospital con el brazo izquierdo colgando, literalmente pendiendo de un par de hilitos de carne. Los médicos que la atendieron no podían creer que en el viaje desde Bernasconi no se le haya desprendido del cuerpo. Era como si a la altura del codo le hubieran puesto una pequeña bomba, un manojo de petardos malditos que abrió, no un surco, sino un verdadero pozo rojo en el que podían verse triturados los extremos del húmero y el cúbito.
En el Molas, los familiares dieron la siguiente explicación: Beatriz, trabajadora de un campo que dista a 15 kilómetros del pueblo, estaba acomodando las habitaciones de la casa porque el patrón iba a llegar pronto desde Buenos Aires. Entre otras tareas, la mujer tenía agendadas en su mente cambiar las sábanas de la cama matrimonial adonde iría a acostarse su jefe. Cuando fue a buscar las frazadas a un placard, no se dio cuenta, no sabía, que entre las colchas descansaba traicionera una escopeta cargada. Un solo movimiento leve hizo falta para que el arma se disparara.
Los traumatólogos estudiaron las posibilidades del caso. Amputar era una opción sencilla ante el peligro inminente de que el tejido comience a necrosarse. La otra solución, la más dura y difícil, era mantener el brazo vivo para más adelante reconstruir el miembro. Eso llevaría trabajo, horas reloj de curaciones, drenajes infinitos y por sobre todas las cosas, compromiso. Porque no alcanzan juramentos hipocráticos y formalidades de la medicina para pelearle a la muerte. No. Lo que hace falta, por sobre todas las cosas, es ponerle el cuerpo.

Operación.
El jueves pasado, tres meses después de haber llegado a la guardia del Lucio Molas con el brazo deshecho, Beatriz García fue sometida a un reemplazo total de codo, una operación de alta complejidad que nunca antes se había hecho en La Pampa. En el lugar adonde antes tenía hueso, la mujer tiene ahora una prótesis de titanio que une el húmero con el cúbito.
“No fue fácil llegar hasta la operación, hubo mucho trabajo previo para reconstruir el brazo. Hay que tener en cuenta que Beatriz tenía perdigones en su brazo que le fuimos retirando muy de a poco. Acá tuvieron un papel fundamental los enfermeros que le practicaron las curaciones. Fue un trabajo en equipo en el que estuvieron involucrados varios servicios. Por suerte terminó bien”, dijo Franco De Turris, jefe del Servicio de Traumatología, quien encabezó la operación.
La intervención sobre el brazo de la mujer duró poco más de 5 horas. Participaron cuatro médicos además de De Turris (Martos, Beascoechea, Montiel y Morales) además de una instrumentista (Nora González) y una enfermera (Silvia Toranzo).
“Lo más importante de todo esto es que la operación se hizo acá y con el mejor nivel de atención. Hay que darle la seguridad a la gente que acá, podemos darle la mejor respuesta”, dijo el director del Hospital Lucio Molas, Armando Hornos.

De alta.
“Es muy impresionante la recuperación que ella tuvo. Esos pocos tendones y nervios que se salvaron en la parte anterior del brazo son las que le permiten moverlo, llevar la comida la boca. Ahora restará la rehabilitación”, dice De Turris.
La luz de la mañana invade todos los rincones de la habitación. Pasaron cinco días de la operación y Beatriz está ansiosa por volver a Bernasconi. En la habitación, su hija junta todas las pertenencias y dice que no hay problemas con las fotos. Cuando entra De Turris para despedirlas, Beatriz se sienta en la cama, sonríe y mueve su brazo herido que pende de un cabestrillo color negro. Después lo estira y dice que se siente bien, que ya se va, como haciéndole un corte de mangas a esa escopeta maldita que casi pulveriza el codo.

Quintuplicaron las residencias
Uno de los mayores logros de los últimos tiempos del Hospital Lucio Molas es la cantidad de médicos que han optado por La Pampa para hacer sus residencias. Según Armando Hornos en menos de un año se pasó de 3 residentes a 22 casi en todas las especialidades médicas, de los cuales más del 60 por ciento son pampeanos. “Es muy bueno saber que cada vez más profesionales ven a La Pampa como un lugar para perfeccionarse y hacer carrera. Ese prestigio se logra gracias a las más de 850 personas que trabajan acá todos los días”, dijo Hornos.

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