Una familia aventurera en un R-12

QUIEREN LLEGAR A ALASKA Y DAR LA VUELTA AL MUNDO

Se conocieron hace 5 años, tienen dos mellizas de 4 meses y hace unos días se largaron a la aventura de su vida: después de vender todo en Neuquén, Jeremías y Andrea piensan recorrer el mundo en un auto modelo 88 sin apuros ni imposiciones.
Dos bailarines de salsa cruzan miradas en un boliche de Neuquén. El tiene un cuerpo atlético, fibroso y una cabellera enrulada. Le sobra labia, seguridad, actitud. Ella es menudita, tiene una sonrisa sensual y los ojos de un verde azulado como el mar patagónico. Esa noche del año 2009 bailan, se enamoran y tiempo después se ponen de novios. Pasan tres o cuatro años. Trabajan juntos, pero no conviven. El es curioso y comienza a leer sobre filosofía oriental. Se hace vegano. Ella lo sigue. Adiós a la carne. Los fines de semana, salen a pasear en el Renault 12 de él. Es el tercer R-12 que tiene y lo cuida como si fuese un Mercedes. Van despacio porque el auto está en su tercera década y los caminos del sur no son ninguna autopista. En medio del viaje escuchan ritmos caribeños, Chichi Peralta, Juan Luis Guerra. Cuando vuelven a la ciudad y preparan una cena con verduras y semillas, conversan sobre la posibilidad de emprender un viaje. Pero no un viaje de fin de semana o unas vacaciones extendidas. No. En ellos está germinando la idea de abandonar la vida que llevaban hasta entonces sin pasaje de vuelta, de vender todo lo que tienen en sus dos departamentos de solteros que alquilan a duras penas con gran parte de sus magros sueldos. En ellos está creciendo un deseo irrefrenable de salir a la ruta de conocer el mundo, la gente y su cultura. Entonces, durante varios meses, después de apagar las luces de los veladores e intentar pegar los ojos, puede que cada uno se haya visto junto al otro en un acantilado del pacífico peruano, enceguecidos en el salar de Uyuni o escalando las pirámides aztecas en México.

De paso.
Jeremías Mora (26) y Andrea Casaux (27), los bailarines de Neuquén, pasaron por La Pampa el miércoles pasado. El martes abandonaron su provincia y Santa Rosa fue la primera parada del viaje que emprendieron hacia Alaska. Hasta allí quieren llegar en un R-12 modelo 88 al que bautizaron como el "Pamperito".
El auto es blanco, está bien cuidado y no parece tener los años que tiene. Está ploteado con un planisferio en el que los aventureros definieron la hipotética ruta a seguir. Sobre el capó, una frase confirma que el auto no es solo un vehículo sino parte de la familia que hasta puede hablar: "La mente lo crea, el corazón lo alimenta e impulsa y yo los llevo". En otro lugar del auto puede leerse: "No hay excusas para no cumplir los sueños".
El coche -dicen ellos- no avanza a más de 70 kilómetros por hora, pero eso no importa porque no tienen apuro, dicen que no van a regresar al país por varios años. "Pensamos que nos va a llevar a cuatro o cinco años llegar a Alaska. Tenemos un itinerario pensado, pero eso puede cambiar. Queremos dar la vuelta al mundo, pero eso nos va a llevar entre 15 y 20 años", dijo Jeremías a LA ARENA.

Niñas.
La pareja no va sola. En el asiento trasero del coche, en dos sillitas idénticas, viajan Osiris y Lórien, las mellizas que el matrimonio tuvo en el mes de octubre en Rosario. "Antes de emprender este viaje, hicimos otro por el litoral argentino y de allí pasamos a Uruguay. Yo estaba embarazada de 8 meses y me faltaban varias semanas para parir. Pero las nenas se adelantaron: las tuve en un hospital de Rosario. Nos tuvimos que quedar un mes internadas y tres meses más porque una tenía una hernia inguinal. Cuando solucionamos todo, regresamos a Neuquén para despedirnos e iniciamos el viaje que tanto soñamos", dijo Andrea.
Antes de casarse, tener mellizas y pensar en Alaska, la pareja había planeado irse a vivir a Ecuador para montar un restaurante. Sin embargo, después de averiguar por las redes sociales cómo era todo en el país de Rafael Correa, los enamorados cambiaron de plan. "Empecé a averiguar y me di cuenta que había un montón de familias que están viajando alrededor del mundo, cuya forma de vida es el viaje. Fue ahí cuando le propuse a Andrea irnos en el R-12. Vender todo y salir para el norte", agregó Jeremías.
"El auto es sencillo de arreglar, él se da mucha maña. Además anda a gas y es muy barato mantenerlo. El otro día pensé que tiene la misma edad que nosotros, es modelo 88", contó Andrea.

Página.
El viaje comenzó esta semana, pero el "sueño" -como les gusta decir a Jeremías y Andrea- llevaba tiempo instalado en su cabezas. La idea del viaje, y todo lo que debieron atravesar para lanzarse al camino, está detallado en la pagina "deargentinaalmundoenr12". Pueden encontrarse en el sitio las autobiografías de los protagonistas del viaje, su historia de amor, una foto del día en que se casaron, las ecografías de las nenas cuando se enteraron que iban a ser mujeres y mellizas, e imágenes del "Pamperito" cubierto de nieve en el sur del país. También hay registros de los viajes previos en los que la pareja conoció Córdoba, Entre Ríos y Uruguay, y algunas formas para colaborar con ellos a cumplir con el itinerario anhelado.
Un dato curioso es que hay una sección especial dedicada a las recetas que inventan los viajeros a base de productos naturales y nutritivos. Se llama "Sabores de rutas" y, por supuesto, los ingredientes irán cambiando a medida que recorran el mundo.

La casilla.
Detrás del "Pamperito" va enganchada una casilla de dos ruedas del tipo "gotita". A Jeremías le gusta decir que fue armada y diseñada por él mismo. Construirla por completo le llevó varios meses y un total de 40.000 pesos. Se ve bastante cómoda: adentro hay una cucheta para las nenas y una cama matrimonial que a la hora del almuerzo se convierte en una mesa con dos banquitos. También tiene instalada una cocina con horno que se alimenta con una garrafa y un baño completo con ducha y agua caliente.
La cocina -dicen ellos- es un elemento fundamental. La necesitan para calentar mamaderas y hacer las comidas veganas. Aparentemente, esta filosofía de vida tiene sus beneficios: hace dos años que la pareja no tiene un resfriado, lo mismo que las criaturas, que a fuerza de leche materna no han tenido siquiera un dolor de panza.
"La verdad es que no nos enfermamos. Y si eso nos sucede, nos atenderemos en los hospitales públicos. La enfermedad tiene que ver, muchas veces, con el estrés, con la mala alimentación, con vivir apurado. Nosotros queremos llenarnos el corazón de historias y tener tiempo de calidad. Eso es salud", indicó Mora.
-¿Qué les dijeron sus padres cuando anunciaron que se iban de viaje?
-Primero no querían saber nada. Nos decían que estábamos locos, -dijo Andrea-, nos reprochaban cómo íbamos a criar a las nenas. Pero después, como nos notaron convencidos terminaron por apoyarnos. Nuestros amigos también nos transmitieron buena onda.
-¿Los ayudaron económicamente?
-No. Nosotros nos deshicimos de todo lo que nos sobraba y juntamos la plata solos. La verdad es que en este viaje no podemos cargar con muchas cosas -señaló Jeremías-. Es más solo tenemos un celular viejito para llamar y mandar mensajes, una compu para cargar las fotos y una sola cámara profesional. Para viajar hay que andar liviano y solamente llevar lo necesario.

Postales de una historia rodante.
La gran pregunta que les hacen siempre es ¿de qué van a vivir? Pero ellos no parecen preocupados por eso. "Tenemos un poco de dinero -dice Jeremías-, nada más. Yo hago fotografías, señaladores y postales que vendemos en los lugares donde vamos parando. Eso nos permite movernos. También vamos haciendo un registro de los lugares que vamos conociendo y cargamos todo a la web. Tenemos un sitio en Facebook, un blog y un canal de Youtube. La gente se entera de nuestro viaje y en cada lugar que vamos siempre hay alguien que nos abre la puerta de su casa. Los viajeros son solidarios, y la gente también. Es más, ayer un chico de Toay nos vino a ver al camping y se ofreció para lo que necesitáramos".
-Este viaje es una gran aventura, es lanzarse a un mundo desconocido, muchas veces hostil ¿A que cosas le temen?
-El miedo más grande de todos es salir. Uno a veces piensa en las cosas que pueden pasar, pero eso no tiene sentido. En la ruta hay mucha gente, y el camino te va juntando.

Ilustres visitantes.
Quizás por su carisma, su simpatía o lo grandilocuente de la hazaña, en cada lugar al que llega la familia siempre es bien recibida. En su Fan Page de Facebook, "De Argentina al Mundo en R12", los viajeros no dejan de recibir palabras de aliento e invitaciones. También hay quienes se sacan fotos al lado del Pamperito, que generalmente Jeremías estaciona en el centro de cada ciudad, debajo de un monumento o enfrente a la municipalidad. El padre de familia, es en ese sentido, el mejor agente de marketing de la aventura.