Una mirada pampeana sobre la abdicación

ABEL CUENYA
Las viejas antinomias -monarquía o república-, generadoras de la ominosa Guerra Civil que asoló a España desde el ’36 al ’39 salieron a la calle ayer con la abdicación de Juan Carlos y el tratamiento por las Cortes, hoy mismo, del “plácet” para la asunción de su hijo Felipe.
Anoche alrededor de la estatua del oso y del madroño, popular centro de reunión en la Puerta del Sol madrileña, fue copado por banderas de la República y miles de españoles al grito de “España, mañana, será republicana”, presionando a los diputados para obtener un referéndum que cambie radicalmente la forma de gobierno.
No hay demasiados datos para estimar un veredicto. El 24 de mayo los ciudadanos eligieron eurodiputados para el Parlamento Europeo. Los dos partidos mayoritarios (PSOE y PP), que se alternan en el poder, obtuvieron un virtual empate, mientras que una nueva agrupación liderada
por un joven que se inicia en las lides políticas, resultó el gran ganador moral en esa puja.
Por otra parte las autonomías, y especialmente Cataluña de Mas, vienen por su propia fuerza apretando al gobierno federal, al punto de hablar de su independencia total.
La televisión muestra imágenes de las grandes ciudades de la península donde las gentes están acudiendo en masa a su plaza mayor. El hombre que vende helados, con tanta experiencia en movimientos populares (como El Oso), me dice con su gracejo madrileño.
– Tranquilo, aquí nunca pasa nada…
Puede que tenga razón. (Madrid, especial para La Arena).