Vampiros.

COSAS QUE PASAN

Los bancos son como los vampiros que succionan la sangre de la economía real. Así decía un economista (no liberal, por supuesto) al hablar de la dominante presencia del sistema financiero que ha terminado por imponer sus reglas en todo el mundo económico. El enorme poder que han acumulado los bancos les permite el abuso y, con ello, el proceso acelerado de concentración de la riqueza como nunca se ha visto. Un artículo de Alfredo Zaiat le pone números, este domingo en P/12, a esa imposición. El periodista expresa que la tarjeta Argenta, que la Anses creó para los jubilados, permite hacer algunas comparaciones sorprendentes (e indignantes, decimos nosotros). Por ejemplo, para pagos en 12 cuotas, la tarjeta Argenta cobra un interés del 26%, mientras que el interés que cobran los bancos, para las mismas condiciones, es: Banco Nación 38%, Ciudad 51%, HSBC 58%, Galicia 62%, Francés 62% y Citi 63%. El periodista aclara enseguida: la Anses no pierde dinero cobrando esa tasa, al contrario, gana más que si depositara esa plata a interés en un banco. Y prosigue: “Cuando los bancos cobran una tasa de interés elevada por financiamiento con el dinero plástico abultan sus ganancias y sustraen en demasía recursos al resto de la economía. Más ganancia en manos de los bancos equivale a menos recursos en manos de empresas y consumidores. En lugar de impulsar más la demanda para dinamizar el mercado, ese dinero queda en manos de los banqueros. Las ganancias crecientes de los bancos por intereses provoca una asignación de recursos ineficiente en el conjunto de la economía afectando la dinámica del crecimiento. Esa ineficiencia no solo se verifica en la sustracción de fondos del circuito productivo y de consumo sino también en la estructura bancaria sobredimensionada para administrar el negocio dedicado al crédito personal”. Y a continuación informa que el plantel técnico que hace funcionar la tarjeta Argenta cuenta con, apenas, 30 personas para una circulación de 1,5 millones de plásticos. ¿No tenía razón aquel economista?

Protección.
Cuando Capitanich era jefe de gabinete y rompió, enojado por una información falsa, una hoja de Clarín, al día siguiente, en un gran titular de tapa, el diario dijo que había sido un “peligroso gesto de violencia”. Ahora Fancisco De Narváez molió a palos a un periodista en La Plata y Clarín lo publicó en sus páginas interiores sin ninguna referencia en la tapa y destacando, por sobre todo, las “disculpas” del político en vez de centrarse en la aberrante golpiza. ¿Cómo habría sido la cobertura si en lugar del “Colorado”, el iracundo agresor de un hombre de prensa hubiera sido un dirigente del kirchnerismo? (RAM).