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A 70 años del accidente de Honorio Romero en la ruta a Toay

HISTORIA LOCAL

Una tarde, cuando volvía de Toay, volcó con su auto en lo que ahora es Avenida Perón. Desde entonces se vio forzado a moverse en silla de ruedas. No obstante tuvo una vida cargada de éxitos deportivos.
(Por Raúl Espinosa)
Cuando cursaba mis estudios secundarios en la entonces Escuela de Artes y Oficios -hoy E.P.E.T.-, por la ausencia del titular de una de las materias teóricas, conocí a quién hizo la suplencia. Era un joven maestro normal y profesor de ejercicios físicos. Corría el año 1948.
Obviamente ese puñado de alumnos que formábamos, no dejamos de cambiar indiscretas miradas indagando sobre la personalidad del nuevo maestro. Era apenas mayor que algunos de nosotros y ya se sabe que llegar a ajustar la relación toma su tiempo, pero a despecho de la cercanía en la edad, el curso siguió su camino.
Honorio Romero apenas superaba los 20 años, era hijo de un comerciante acreditado en el medio y su grupo familiar pertenecía a los primeros pobladores de Santa Rosa.
Su condición de profesor de ejercicios físicos seguramente, le facilitó alcanzar una contextura tal que -unida a su buena estampa-, lo dotaba de buena figura. Todo ello contribuía a un desempeño algo distante hacia nosotros no exento de alguna arrogancia.
Lo que no conocíamos nosotros era el origen de la preparación que ostentaba. Honorio Romero -a través de una beca otorgada por mérito-, dado que fue alumno del Instituto Nacional de educación física Manuel Belgrano de San Fernando, Buenos Aires, reservado para alumnos con los mejores promedios en las escuelas normales del país. Ese instituto cuyo paradigma se resume en preparación de «Mente Cuerpo y Alma» goza de un enorme prestigio por la estricta exigencia en conducta, orden y responsabilidad. Del mismo han salido ejemplares profesores como por ejemplo, Ricardo Pizzarotti preparador físico de la selección ganadora del mundial 1978 y juvenil Japón 1979 secundando a otro de nuestros grandes, Cesar Luis Menotti.

Funcionario municipal.
Cumplida la suplencia y pasado algún tiempo nos enteramos que el doctor Benigno Palasciano, al frente de la intendencia de la ciudad, lo tomó como secretario y hombre de confianza, con injerencia además, en cuestiones de tesorería.
Por todo ello se hallaba cargado de actividades, su figura crecía y se preanunciaba una carrera exitosa y prometedora. Valdría decir que, como en la poesía gardeliana, «la vida le sonreía».
Pero como ocurre con ingrata frecuencia esa misma vida, le reservaba un brusco y doloroso cambio.
Corriendo el año 1949 -más o menos para esta fecha- Honorio viajó en su propio auto al por entonces pequeño pueblo de Toay para entrevistarse con el intendente por un tema común a ambos municipios.
A su regreso -quizás ante un error en el manejo-, al llegar al lugar que todos conocíamos como «la loma del camino a Toay» (hoy avenida Perón) al acometer la bajada el coche volcó y en su descontrolado avance pasó por encima del alambrado, quedando con serios destrozos y Honorio seriamente accidentado.
En la foto que acompaña esta nota, tomada en 1950 se ve el lugar del vuelco. Todo el medio social de la zona se vio conmovido por la tragedia, que dejó las robustas piernas del conocido joven de 24 años, sin movimiento por el resto de su vida.

Rendirse jamás.
Así fueron las cosas, pero lo que nadie pudo siquiera imaginar es, que ante tal infortunio, ese cuerpo aún abrigaba en su interior el potencial necesario para crear una nueva vida repleta de triunfos y contenidos -algunos de ellos aún superiores y enriquecidos- a despecho de la adversidad.
Alguna vez Honorio Romero dijo que nunca dejó de imponerse nuevas metas, a alcanzar con el esfuerzo y la determinación de sentirse firmemente «de pié» para lograrlas.
Así luchó diariamente para ir mejorando su estado y volver en otras versiones a la práctica de sus queridos deportes. Ya repuesto en 1966 -17 años después- viajó a Japón para intervenir en los juegos paraolímpicos mundiales donde fue finalista en tenis de mesa y jabalina saliendo segundo en ambas, fue premiado con 2 medallas de plata y ascendió al podio de los triunfadores.

Memorias de viaje.
Al regreso escribió un sentido y pormenorizado relato de su viaje que publicó LA ARENA, donde contaba el orgullo y su conmovedora emoción -hasta ese momento desconocida-, que sintió al ver la bandera argentina ondear en el mástil de los vencedores. Participó además en Toronto (Canadá), Inglaterra y varios países mas, obteniendo trofeos y reconocimientos en todas partes, siempre en los primeros puestos.
También formó parte de organizaciones del deporte dentro y fuera del país, fue recibido por gran cantidad de autoridades en distintos países, entre ellos el Papa Paulo VI.

El amor de Honorio.
En uno de sus primeros viajes al exterior se embarcó hacia Inglaterra, donde ganó una de sus tantas medallas de oro y además el amor de una de las azafatas de la embarcación. Se trata de Maria Marja Astrolog, bellísima mujer de nacionalidad polaca con quien luego se casaría y quien consagra su vida a acompañarlo y atenderlo hasta el día de su muerte el 25 de marzo de 2001.
María Marja vive en este tiempo en La Plata y cumplió 92 años el 18 de diciembre del año pasado.
Estoy convencido que quedan por decir muchas cosas más de este increíble luchador, que hizo de la adversidad el estímulo necesario para lograr, lo aparentemente imposible, dejando un formidable ejemplo de resiliencia, que le permitió continuar una vida con desafíos y logros en los escenarios más trascendentes del mundo.

«El camino a Toay»
La Avenida Perón -en esas épocas no tenía nombre y se hablaba del «camino a Toay»- al momento de producirse el accidente que resultó el día más aciago para el entonces joven Honorio Romero era pavimentada, pero de una sola mano, como se aprecia en la fotografía.
Recién muchos años después vendrían las modificaciones que la dejarían tal cual se la conoce por estos días. El lugar del suceso -regresando de Toay hacia Santa Rosa- fue unos 400 metros después del límite entre ambas localidades, separadas por lo que se conoce como la rotonda de Swinnen. Esto es ya en jurisdicción de la capital provincial.
Algunas personas mayores han referido que el siniestro fue alrededor de las 5 de la tarde, y que llovía aquel día fatídico.