domingo, 22 septiembre 2019
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Conocido empresario con domiciliaria, preso en una comisaría

La Justicia santarroseña dictó el viernes la prisión preventiva, hasta que concluya la investigación fiscal preparatoria, de un hombre de 75 años que está acusado de haber abusado sexualmente de cinco menores, entre ellas cuatro nietas que al momento de los hechos eran menores de edad. A través de una audiencia de reexamen, el fiscal Cristian Casais solicitó que el acusado quedara detenido, pedido al cual hizo lugar la jueza María Florencia Maza. La defensa se opuso, basándose en la edad que tiene su patrocinado y que padecería además alguna enfermedad, pero la magistrada no hizo caso al argumento. El hombre cumplió hasta el viernes -previo a la audiencia- una prisión domiciliaria en un geriátrico de esta ciudad, pero cuando se dio a conocer su identidad, comenzaron a dudar en continuar alojándolo, e incluso se supo que otros residentes manifestaron disconformidad por compartir sitio con este hombre.

«Que esté preso».
En este contexto una de sus hijas, Claudia, hizo público el caso en un diálogo con la agencia de noticias Telam y expresó abiertamente su deseo de que cumpla la detención en una cárcel común. La mujer denunció a su padre por los abusos que sufrieron sus nietas luego de que meses atrás, envalentonadas por las acciones de las agrupaciones feministas que concientizan sobre la violencia contra la mujer, su hija y sus sobrinas se animaron a revelar las violaciones que habían padecido: «que esté preso y que se pudra en la cárcel y no que, con arresto domiciliario esté hoy en un geriátrico que es como un spa, lujoso, con teléfono celular y en el que seguramente, intentará seguir abusando y buscando otras víctimas», dijo.

«Para mí murió».
En su relato, Claudia dio a conocer públicamente la identidad del acusado a pesar de que, cuando se supo de la denuncia, la Justicia solicitó a los medios locales que se evitara publicar su identidad porque la causa estaba en plena etapa de investigación y para cuidar la integridad de las víctimas, que llevan el mismo apellido. «Se llama Elbio Eyheramonho, tiene 75 años, es un ingeniero civil muy conocido en Santa Rosa y es mi padre, aunque para mí murió. La Justicia le dictó la prisión domiciliaria y en vez de estar en la cárcel, está en un geriátrico lujoso, con teléfono, simula tener problemas para caminar, anda con un andador y me temo que volverá a abusar», confesó la mujer.
Además recordó que hace unos meses, a partir de los movimientos de colectivos feministas, sus sobrinas pudieron hablar. «La que hoy tiene 22 años, hija de mi hermano, pudo poner en palabras el abuso desde los 5 hasta los 11 que sufrió de su abuelo, quien la manoseaba y llegó a otras situaciones» y agregó que «él abusó de sus cuatro nietas, dos hijas de mi hermano que hoy tienen 22 y 14 años; manoseó a mi hija de 5 que estuvo una semana en las vacaciones de invierno en su casa y terminó con un brote psicótico; y abusó de la hija de mi hermana de 6 y del hijo de un primo mío», sostuvo.

Horror en primera persona.
Las víctimas decidieron romper el silencio gracias a los movimientos feministas, que prestaron contención. Dos de ellas, ahora de 22 y 14 años respectivamente, se animaron a romper el silencio y contar el calvario vivido cuando eran niñas.
En su relato una de las víctimas dijo que «Me llamo D. y quiero contar que Elbio abusó y manipuló en repetidas ocasiones de sus cuatro nietas, incluyéndome. Desde los 6 que sufrí abuso de mi abuelo, haciéndome creer que era solo un juego», escribió. «Aprovechaba todas las ocasiones para tocarme y no respetaba un ‘no’ como respuesta. Se enojaba si lo trataba mal, me pedía que no le cuente a nadie, además de los manoseos y roces, colocaba mi mano en su bulto y me hacia sentir su erección y me trataba como su novia cuando yo lo único que quería era irme de esa situación horrible», contó.
El otro testimonio es el de M: «hoy decido contarlo; realmente me aterra hacerlo. Siento lástima, asco y angustia», dijo. «Lo odio, me genera rechazo, me genera asco. Le escupiría en la cara una y mil veces. ‘Es un juego, es normal, soy tu abuelo no pasa nada’. Y sí, la verdad que sí pasaba, la verdad que me dolía, la verdad que me estaba muriendo por entro, no podía soportarlo más».