Inicio La Pampa Analía Molteni: "Mamá se mantuvo viva por la música"

Analía Molteni: “Mamá se mantuvo viva por la música”

LA CONMOVEDORA HISTORIA EN TORNO A LA DESAPARICION DE LILIANA

La carta que Analía Molteni le escribió a su hermana, leída en el acto del 24 de marzo en la laguna Don Tomás, conmovió a quienes la escucharon ese día y también a quienes la leyeron con posterioridad. La médica cardióloga es la hermana mayor de Liliana, una de las víctimas pampeanas del terrorismo de Estado, quien estuvo desaparecida hasta que sus restos fueron identificados en el año 2005 y entregados a la familia, en Trenel.
“Esa carta tiene un contenido que había armado y ahora le agregué muchas cosas. Hace tres años, en la Facultad de Periodismo de La Plata, comenzaron a hacer un recordatorio de los periodistas desaparecidos, y el primer caso que tomaron fue el de mi hermana. La escribí para esa oportunidad y ahora le agregué algunas cosas”, dijo Analía, en su visita a CPEtv, donde participó del ciclo “La Parte y el Todo”.
Molteni recordó la infancia de ambas en la casa de Trenel, donde su padre, Fernando, imprimía el semanario Territorio. “En esa época llegaba el tren a Trenel una vez por semana y para nosotros era una fiesta. Llegaban las revistas y los impresos, que eran los que más le interesaban a papá, que era la información de último momento que él después la iba a volcar en esos burros tremendos, letra por letra, que sacaban la tipografía y las fotos. Nosotras participábamos de todo eso. Era algo increíble, nos encantaba”.
-Ahí nació el interés por el periodismo.
-Claro. Se armaba una vez por semana y luego los pasaba uno por uno en una máquina que era a pedal, y luego se armaban los diarios. Y nosotras, junto con mi madre, le ayudábamos a pegarle las direcciones para entregarle a los suscriptores. El correo los distribuía en la provincia y también a unos cuantos suscriptores de afuera de la provincia que para mi papá era un honor. Esto ocurría en los años ’60. Nosotras nos quedábamos ayudando y en Trenel se cortaba la luz a la 1 de la mañana, porque la proveía la cooperativa de electricidad, entonces había que apurarse, pero a veces no alcanzaba el tiempo y terminábamos trabajando a la luz de una vela.
-¿Liliana era más chica que vos?
-Ella era menor que yo, teníamos dos años de diferencia en cuanto a la escolaridad. Trenel tenía hasta tercer año del secundario, después pusieron hasta quinto año. Eran épocas económicas duras, entonces en casa decidieron entre todos que yo iba a Buenos Aires y me quedaba en la casa de mi tía, con lo cual, con 15 años, volvía solo dos veces al año a visitar a mis padres. Era muy poco. Liliana tuvo la suerte que pudo ir a General Pico a terminar el secundario y volvía todos los fines de semana a Trenel para visitar a mis padres.
-Cuando Liliana se decidió a militar en La Plata, ¿qué pasó en tu familia? ¿Tus padres y vos eran más concientes que ella del riesgo que corría?
-Yo creo que sí. Ella era muy idealista. Pensaba que si algo sucedía íbamos a estar en un Estado de derecho donde se iba a poder hacer reclamos. Muchas veces yo veía cosas que me preocupaban y le decía: ‘Mirá, tené cuidado con esto, yo tengo miedo porque me doy cuenta que nos siguen’. Y ella me decía: ‘Si te pasa algo, si quedás presa, vos no firmes ninguna declaración, y si firmás, poné que apelás’. Yo me quedaba mirándola. Había una ingenuidad en este sentido. Pensaba que se iba a poder defender.
-¿Qué pasó con tus padres cuando Liliana desapareció?
-De alguna manera, si bien sabían que había desaparecido, primero se produjo una división de opiniones entre ellos. Mi mamá decía que si la hubiéramos denunciado, con todo el dolor que significa para una madre denunciar a un hijo, la tendríamos viva, porque nosotros la hubiéramos blanqueado.
-¿Denunciarla de qué?
-De que estaba metida en política. Y mi papá le decía a mamá: ¿De qué la vamos a denunciar? Eran discusiones en la familia. Y de alguna manera ellos estaban esperanzados en que un día apareciera, porque ella era muy sociable, llena de amigos, creían que de alguna manera se iba a hacer contactar.
-¿Cuándo fue la última vez que la viste?
-El 13 de junio de 1976, la misma noche en que desapareció. Y tuve la sensación de la despedida. Estuve hablando con ella. La sentí como que se vino a despedir. Hay cosas que uno percibe en el ambiente. No quería que se vaya. Era una noche de invierno en La Plata. Vino a mi casa. Cuando se fue la ví desaparecer entre la niebla y me dijo: Si puedo, vuelvo. Fue un tono que me hizo sentir que no la iba a ver más. Mis padres siempre creyeron que la iban a volver a ver, yo no.
-El hallazgo de sus restos fue en 2005, pero ¿cuándo se dieron cuenta que no volvería?
-Empezamos a darnos cuenta que pasaban los meses y no había contacto. En un momento, cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) va a excavar en una fosa común en el cementerio de Avellaneda, a pedido de familiares de un periodista de apellido Perrotta, se encontraron con más de 350 esqueletos. Entonces, me acerqué al EAAF y dejé una muestra de sangre, para que chequearan si entre todos esos restos estaban los de mi hermana. O sea que yo tenía conciencia de que podía estar muerta. Pasaron como 12 ó 15 años de eso, un día estaba trabajando y sonó el teléfono. Me llamaron desde el EAAF para decirme que uno de los esqueletos correspondía a mi hermana. Estaba junto con el de Daniel Elías, su pareja. Así que un día fuimos con mi madre e hicimos todos los trámites para traerla.
-El entierro fue muy emotivo.
-Durante todos esos años (en que Liliana estuvo desaparecida), mi mamá venía todas las semanas a cantar con el coro Ayun Tun. Eso fue lo que la mantuvo viva. La música. Entonces me llamó el director del coro y me dijo que los compañeros de coro de mamá querían estar en Trenel el día que hiciéramos el sepelio. “Lo que pasa es que son cincuenta”, me dijo Mario Figueroa, el director. Entonces le alquilé un colectivo para los 50 abuelos y fueron a cantar “Solo le pido a Dios”, a modo de despedida. Mamá cantó junto a sus compañeros y la despidió. Recién ahí fue conciente de que Liliana no estaba. Hasta entonces pensó que ella iba a volver.