¿Atlético podría recuperar su sede?

EL EDIFICIO QUE FUE GIMNASIO ES AHORA UN ENORME GALPÓN VACÍO QUE SE OFRECE EN VENTA

¿Lo que fue la sede del Club Atlético Santa Rosa, ubicada en pleno centro de la capital provincial, podría volver a manos de la entidad alba? En estos tiempos de una crisis de la que casi nadie se escapa, parece más una utopía, un sueño irrealizable, que una posibilidad palpable. Pero algo hay.
Algunos allegados a la institución no pierden las esperanzas, aunque en este momento pensar en cualquier tipo de operación inmobiliaria supone -casi- ingresar en el terreno de la aventura con final incierto.
Hace algunos años administradores desleales -tres directivos desleales que concretaron una estafa- hicieron que la entidad perdiera buena parte de su patrimonio físico. Primero vendieron parte de los terrenos donde estaba el estadio de fútbol a Casa Tía; y luego la sede céntrica ubicada en Yrigoyen 262. Esta última operación fue como un disparo que hirió gravemente al club, porque era un poco el corazón de la reconocida institución.

El sueño del regreso.
Hace un tiempo fue el actual presidente, Lisandro Ranocchia, el que deslizó la idea -conversada con otros allegados-, y no hace mucho un antiguo -pero joven- dirigente que siempre estuvo (Mauricio Marusich) también se refirió al tema: Atlético Santa Rosa debería recuperar su céntrica sede.
Es una tarea ímproba, quizás abrumadora, seguramente fatigosa. Pero se comienza así: al menos con plantearlo.
¿Cuál es la situación? Desde que en noviembre último la firma Lucaioli SA le puso candado a sus puertas, el edificio de Yrigoyen 262 se transformó en un gran galpón vacío. En pleno centro de la ciudad, como hubo otros -recordar Casa Torroba, ahora demolida-, ofreciendo hoy un aspecto francamente triste. Y sórdido cuando caen las sombras de la noche.

Edificio en venta.
Un gran cartel -dos en realidad- indica que el edificio está en venta. Allí se observa que al menos dos organizaciones que se dedican a la compraventa de inmuebles la tienen para ese fin. Uno de los martilleros es Esteban Hotz,
quien admitió que el año anterior “hubo alguna conversación” con un directivo de Atlético Santa Rosa, pero por ahora no se avanzó demasiado. La otra inmobiliaria que tiene su cartel en el frente es Pellegrino Bienes Raíces.
Se sabe que la entidad es dueña de 37 hectáreas en un predio ubicado al Este de la ciudad, sobre la ruta 5, donde tiene una cancha de fútbol sobre 4 de ellas, pero ha perdido buena parte de su patrimonio. La idea de algunos dirigentes sería negociar el resto del predio -33 hectáreas- para encarar luego la “re” compra del céntrico edificio.
Naturalmente -tratándose de grandes montos, y en la actual situación- son negociaciones nada fáciles. Pero la idea está.

Costo millonario en dólares.
Las dificultades estriban en que desde la inmobiliaria pretenden dinero contante y sonante, y las cifras son altas, muy altas. Hotz le dijo a este diario que la estimación es de 1.300.000 dólares, “más o menos”. Hay quienes sostienen que en realidad se estaría sobrevaluando la propiedad y que una operación podría concretarse en una suma sensiblemente menor.
Vistas las circunstancias económico-financieras del momento, todo está en un compás de espera y habrá que aguardar para darle forma a cualquier oferta que se pudiera realizar. Es central que el club logre, a su vez, desprenderse con una buena venta de aquellas hectáreas ubicadas a escasos kilómetros de la ciudad, porque se entiende que podría ser -precisamente- un lugar hacia donde podría extenderse la ciudad de Santa Rosa en el futuro.

Hubo oferta por las hectáreas.
El abogado Carlos Amado -fallecido hace un par de años- supo proponer por aquellas 37 hectáreas que el club tiene sobre la ruta 5 un monto que llegaba a 640 mil dólares, oferta que les pareció insuficiente a los directivos albos, que además no querían desprenderse de las cuatro hectáreas que ahora ocupa una cancha de fútbol que casi no se usa. Después de eso no se produjeron otras novedades sobre el particular.
Pero ya se sabe: habrá que desensillar hasta que aclare. No parecen tiempos propicios para determinadas operaciones.

La historia tan conocida.
Ya se ha contado en múltiples oportunidades que esos dirigentes indignos estafaron a Atlético Santa Rosa en una suma que se estimó en alrededor de 3 millones de dólares. Fue una operación inmobiliaria en la que el club se desprendió de parte de los terrenos del estadio Mateo Calderón (donde estaba la cancha auxiliar y ahora se levanta un complejo habitacional de una cooperativa), y también de la sede céntrica.
Algunos ilusos pensaron en su momento que con el ingreso de 2.880.000 dólares por la venta de parte del estadio Mateo Calderón a Casa Tía el Club Santa Rosa tendría asegurado un sólido futuro. Se equivocaron.
Pero por si fuera poco también se vendió la sede céntrica a un comerciante -propietario de una agencia de venta de autos- que debía entregar además de una suma de dinero veinte vehículos al Club Santa Rosa. Lo curioso es que el dinero que debía aportar se lo “prestó” el mismo club (¡¡!).

Responsables, pero sin cárcel.
Con la cuestión de la estafa a Atlético Santa Rosa hubo por supuesto denuncias, juicios y también sentencias contra los principales involucrados en el desfalco. Luego de muchas peripecias judiciales, los directivos fueron hallados “material y penalmente responsables del delito de defraudación por administración fraudulenta en calidad de coautores”, y el 31 de octubre de 2006 los condenaron a tres años de prisión de ejecución condicional. Es decir, ninguno fue a la cárcel.

Compraban el club con plata del club.
Lo cierto es que la maniobra criminal dejó en estado ruinoso al club. Los hechos delictivos probados en el foro penal -y que no podían obviamente rediscutirse después en el Civil- fueron la venta de terrenos a Casa Tía; la adquisición de terrenos a quien era presidente de la entidad, Miguel “Huevo” Gómez, sobre la ruta 5; la comercialización de la sede social; la venta de una rifa; la compra de vehículos; colocaciones financieras; y un préstamo de 300.000 dólares a Carlos Alberto Martín (sí, el comprador de la sede).

¿Y la plata?
Fueron dineros que nunca se recuperaron. Los fondos de Atlético Santa Rosa ingresados por la venta a Casa Tía fueron utilizados como si se tratara de una entidad monetaria por los directivos infieles. De esa manera también le “prestaron” a la Financiera Cash Loan $ 450.000 (equivalentes a dólares en ese tiempo), una financiera casualmente (¡!!) manejada por Ricardo Garro, ex jugador de fútbol de la institución alba.
Como quedó dicho, para que Martín pudiera comprar la sede también le prestaron dinero; y de la misma manera el propio presidente Miguel Gómez compró 37 hectáreas sobre la ruta 5, a pocos kilómetros de la ciudad. Todo con plata del club. Increíble pero real. Nunca se comprobó que el dinero “prestado” fuera devuelto alguna vez.

Llega Lucaioli.
Después, el dueño de la agencia de autos le vendió la sede a Lucaioli SA, que instaló allí hasta noviembre de 2017 una casa de venta de electrodomésticos. En esa fecha la firma despidió a sus 10 empleados y cerró el local definitivamente en Santa Rosa.
Desde entonces esa sede que estuvo llena de vida durante tantos años pasó a ser un gigante dormido. Uno más de los tantos locales que, lamentablemente, aparecen cerrados ante la crisis galopante que vive nuestro país.
Lo cierto es que lo que le pasó a Atlético Santa Rosa es lo que le ha sucedido a otras muchas instituciones deportivas: perder lo que tenían en aras de un presunto progreso que traería aparejado inversiones inmobiliarias en forma de complejos habitacionales, u otras grandes estructuras de hormigón que resultaban el negocio del momento.

Un caso representativo.
Hay ejemplos de todos los tipos, y uno que aparece como emblemático en el concierto nacional: San Lorenzo de Almagro, un buen día, debió dejar su histórico estadio de Avenida La Plata -acuciado por las deudas y conflictos de todo tipo, donde no faltó la intervención de militares que por entonces decidían sobre la vida y los bienes de todos-, y se instaló allí un supermercado. Fue un enorme dolor para los simpatizantes “santos”, un padecimiento que aún perdura: debieron trasladar la cancha del viejo Gasómetro de Avenida La Plata -escenario de tantas glorias deportivas- al Bajo Flores.
Pasado el tiempo hubo quienes empezaron a pensar en conseguir volver a Boedo, al lugar donde se emplazaba el antiguo estadio. Y más allá de las dificultades de la hora, hay proyectos y avances concretos en ese sentido.

Como “Luna de Avellaneda”.
Por aquí nomás hay algunas instituciones que languidecen en lo que parece una lenta agonía con un probable desenlace que nadie quiere. “Luna de Avellaneda” es una película alegórica del final de tantos y tantos clubes en Argentina, y muestra con crudeza una realidad que se repitió muchas veces. Hoy en día también hay demasiadas entidades que sobreviven a duras penas; gracias al esfuerzo de unos pocos que aún mantienen las viejas tradiciones. Pero si algo no cambia radicalmente en un futuro próximo, el final parece estar a la vuelta de la esquina, como aquel club de barrio del filme de Juan José Campanella.

Volver al pasado.
Atlético Santa Rosa conserva el estadio “Mateo Calderón”, pero no tiene su sede, que hoy es un enorme galpón vacío de voces y repleto de recuerdos. Algunos creen que no vale la pena… que muchos -jóvenes obviamente- ni saben que allí en Yrigoyen 262 había un club lleno de vida, y no conocen una historia que, al cabo, es una buena parte de la historia de esta ciudad.
Otros sí, y sueñan con que habrá otra vez una confitería llena de gente, que allí atrás volverá el bullicio de los chicos y las chicas haciendo todos los deportes propios de un gran gimnasio… Por suerte todavía están los que creen que recobrar la sede es una materia pendiente y que si las cosas mejoran -aunque sea un poquito- en este bendito país, podrá dejar de ser sólo una utopía… Si total… soñar no cuesta nada.

Un recuerdo de los tiempos inolvidables.
Atlético Santa Rosa, fundado el 2 de junio de 1923 -está a un lustro de su centenario- fue, que duda cabe, uno de las grandes de siempre entre nuestras instituciones sociales y deportivas. El primero y único club de la Liga Cultural de Fútbol que tomó parte de un torneo Nacional enfrentando directamente a los equipos de AFA de primera división. Tenía además una intensa vida social -una confitería que era un ícono de la ciudad-, una sede céntrica ubicada en un magnífico lugar, donde se desarrollaban actividades como básquetbol -¡cómo olvidar a Carlitos Gómez, los hermanos Escudero, Yoyi García, el Flaco Besi y tantos otros!-, cestobol, y también boxeo. Grandes acontecimientos pugilísticos tuvieron como escenario el mismo gimnasio donde supieron entrenarse los mejores de todas las épocas, “El Zorro” Campanino, Miguel Castellini, Walter Gómez, “Golepa” Cabral… y todos los que marcaron un tiempo glorioso e inolvidable.

Un ir y venir de gente.
Era la sede de Atlético Santa Rosa un ir y venir de gente todo el día. Allí se reunía la comisión directiva, y había una confitería siempre llena (Julio Domínguez, El Bardino, oficiaba de mozo entre otros). Y mientras aquellas actividades deportivas se desarrollaban con enorme entusiasmo, había lugar para que en el subsuelo los “muchachos” que gustaban de los naipes (codillo, mus, o chinchón) -y también de los dados rodando por el paño- se sacaran las ganas (… y algunos pesos).
Días atrás fue un ex boxeador -el bueno de Raúl Ávila, púgil de buena estirpe- el que se cruzó con un cronista de LA ARENA y no pudo evitar contarle de su tristeza: “¿Viste el club?, hay un cartel de venta de la sede… ¡Pero mirá que tenía vida todo eso, lo lindo que era! ¿O no te acordás?”, miró el Negro Ávila a los ojos al periodista y se fue como pensando…
Es cierto: ¡qué lindo que era! (M.V.)