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Baglietto-Vitale deslumbraron en Santa Rosa

EL PUBLICO ENROJECIO SUS MANOS APLAUDIENDO AL DUO

Los espectadores que desbordaron el teatro Español acompañaron de pie la interpretación de Grisel, la última canción del dúo Baglietto-Vitale, que una vez más se presentó en Santa Rosa con una masiva adhesión del público que agotó las localidades.
Lito Vitale y Juan Carlos Baglietto llegaron con sus «Canciones Inoxidables», un extraordinario espectáculo en el que fueron exponiendo sus viejas canciones, y algunos temas nuevos con los que cautivaron al público que los ovacionó en cada una de sus interpretaciones. Tocaron y cantaron durante buena parte del inicio del show, sin caer en largas alocuciones.
Recién promediando el espectáculo Baglietto explicó -por si fuera necesario- lo que ya se conoce: son un dúo que se reencuentra cada tanto -incluso después de años- para volver a compartir un escenario, siempre con esa química que los une desde sus primeros tiempos. Hacen una gira como la que iniciaron por el sur del país, dejan de compartir durante una época en la que cada uno vuela por su lado, y vuelven a deleitar al público. E invariablemente con el mismo éxito, en un diálogo musical que el espectador premia siempre de la misma manera: de pie y con las manos enrojecidas en el aplauso.

Los temas.
Obviamente estuvieron los temas clásicos, los que la gente siempre está esperando, como «Uno», «Como dos extraños», «Naranjo en flor»; «Par mil» (de Divididos), «El amor y la cocina» de Jorge Fandermole -rosarino como ellos-, «Eclipse de Mar» y como novedad hicieron «Nunca olvides que una vez fuiste sol».
Baglietto es el que lleva la voz cantante en el dúo -no sólo porque pone la voz en cada tema-, y al referirse a su relación con Vitale ha señalado que se suben juntos al escenario «por decisión y porque se produce algo que es simbiótico».
«Lito me saca a mí cosas que ningún otro músico logra -dice Baglietto- y entiendo que viceversa. Y eso reaviva la relación y la música todo el tiempo, obviamente además de que somos amigos y tenemos en claro que si un día la música conspira contra la relación afectiva, dejaremos de tocar y seguiremos siendo amigos. Entendemos que la llama se mantiene viva porque ninguno de los dos tiene la obligación de venderle nada al otro. Nos conocemos las miserias, los defectos, y es una relación donde construimos en las coincidencias».
El domingo armaron -otra vez- un show de extraordinaria calidad, con sus clásicos temas, y con algunos otros pocos que sumaron a su repertorio. Por eso el público los despidió así: de pie y con las manos rojas de aplaudirlos. Se lo habían ganado.