Camionero pampeano y un gesto de grandeza

UN NIÑO DE SANTA FE PUDO JUGAR UN PARTIDO DE FUTBOL CON BOTINES NUEVOS

En la mañana del martes pasado tres camioneros fueron protagonistas de un gesto enternecedor, de esos que te sacan una amplia sonrisa y te hace “piantar” una lágrima.
Los transportistas, uno de ellos Facundo Benentino, oriundo de la localidad de Trenel, estaban apostados frente a una canchita en la que un montón de chicos jugaba un picado, en la ciudad de Ceres, Santa Fe, y observaron que había un niño que solo miraba cómo los otros se divertían. Se acercaron y le preguntaron por qué no entraba, les dijo que no tenía botines. Los muchachos hicieron una “vaca” le compraron un par y el pibe pudo participar. La situación fue difundida por el diario digital Ceres Ciudad de ésa localidad ubicada en el centro de Santa Fe que lo resaltó como “un gesto para imitar”. La historia que sigue es casi un cuento de Eduardo Sacheri.

Un trenelense paternal.
LA ARENA charló ayer con Benentino, quien admitió que “no era muy bueno para el fútbol” y que es hincha “fanático” de All Boys de su pueblo y del Club Atlético River Plate. El joven, que tiene 34 años de edad, relató que todo ocurrió en la cancha de uno de los clubes futboleros de la ciudad, el Club Atlético Ceres Unión, ubicadas a la vera de la ruta nacional 34, casi cruce con la provincial 17. Reveló que pasaron por ahí caminando para ir a la pileta para paliar el agobiante calor, mientras esperan que se levante el corte de camiones. Trabajan para el Centro de Transportistas local acarreando girasol.
Explicó que allí observaron que un grupo de chicos de las inferiores del CACU jugaba un picado. Corrían y tal vez soñaban con vestir la “gloriosa roja” en un clásico de la primera de la Liga Ceresina contra los aurinegros del Club Argentino Olímpico, el otro club de la ciudad y eterno rival.
Pero lo que más les llamó la atención fue la actitud de un pibe “de unos 8 ó 9 años” que sentado en la tribuna seguía con particular atención cómo la pelota iba y venía. Era evidente que se moría por entrar y meterle una patada a la redonda, pero inexplicablemente permanecía inmóvil, como contenido por algo invisible.
Los camioneros, Gabriel Terreno, de Alejandro Roca, Córdoba; José Acuña, de Firmat; y Facundo Benentino, son todos futboleros de alma y comenzaron a preguntarse el porqué de esta situación que claramente no encajaba.
Uno de ellos se acercó despacio y comenzó un diálogo para entrar en confianza. Primero el típico ¿cómo te llamás?, después el ¿te gusta jugar al fútbol?, y cuando el jovencito dijo “sí”, le preguntó ¿y porqué vos no estás jugando? recibió una conmovedora respuesta: “porque no tengo botines ¿no me conseguirían unos aunque sea usados?”. Ahí le miraron su calzado, que eran una gastadas ojotas, y entendieron todo.
A los tres se les anudó la garganta, se miraron y supieron lo que tenían que hacer: meter la mano en el bolsillo, juntar lo necesario e ir a una casa de deportes. “Fue una decisión sin dudarla”, dijo.
Al día siguiente, el miércoles, fueron de nuevo al Club y lo ubicaron, y le entregaron los botines. Allí les contaron que el nene era de una familia muy humilde.

El sueño del pibe.
Facundo refirió a este diario que le entregaron la bolsita y le dijeron con tono paternal: “esto es para vos, andá a jugar con tus amigos”. El pibe los miró incrédulo, abrió la caja y aparecieron los timbos nuevos, relucientes, color azul como había sugerido. Los ojos del chico brillaron, un poco de emoción, otro tanto de alegría.
Facundo y sus amigos camioneros de profesión, pero émulos de Papá Noel o de los Reyes Magos, o lo que sea, no lo vieron, pero coinciden con el cronista de que esa tarde seguramente se calzó los zapatos azules y se sintió Diego ó Lío, y jugó juntos a sus amigos el mejor y más importante partido de su vida. Bueno, quizá logre ser un crack y hasta jugar la final del Campeonato del Mundo, pero de ese día, justo de ese día, seguro que no se lo olvidará nunca jamás.
Benentino también admite que ellos también jugaron uno de los “mejores partidos de sus vidas”. “Verlo tan contento, verle la carita, nos llenó el alma y nos hizo feliz, es que yo tengo un hijo de su edad. Espero que la gente que lea esta nota tome conciencia y se dé cuenta de que con poquito se pueden hacer muchas cosas buenas”, concluyó.

Foto ilustrativa