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Con distinción femenina

Silvina Blanco es la creadora de «Amara», su propia marca de carteras que desde Rancul diseña, fabrica y vende a distintas localidades. Cada sábado brinda un taller de marroquinería para 30 personas y apunta a crecer en la venta mayorista.
El diseño, la costura, la indumentaria, el calzado, las carteras, los accesorios. Los emprendimientos femeninos se multiplican y el mercado siempre tiene una demanda que se alimenta en base a la innovación y a la creatividad. Desde las más chicas hasta las más avanzadas en edad tienen en su vestir cotidiano algo que las distingue y las identifica. Y hacia allí apuntó ‘Amara’.
«Soy docente, estudié acá en la provincia y doy clases en la escuela primaria, pero siempre me gustó la marroquinería así que me fui a Córdoba a hacer talleres y a capacitarme. Con otra chica teníamos un taller en esa ciudad hasta que hace cinco años surgió la posibilidad de un crédito del Ministerio de la Producción para la gente que estaba afuera y quería volver a La Pampa y trabajar, así que me anoté y gracias a eso pude volver y arrancar con el emprendimiento. Fue un apoyo clave para hacer lo que deseaba».
Silvina Blanco tiene 32 años y en su propio local de ventas, anexado al taller de diseño, cuenta cómo pudo cumplir su gran anhelo.
«Amara» se dedica a la confección y venta de carteras principalmente, pero también de bolsos y mochilas. Silvina se encarga de todo el proceso productivo y más allá de las ventas en el local y por pedido, apunta a la salida mayorista. A la distribución y comercialización hacia las afueras de Rancul.
«Tengo gente que ya vende en Realicó, en Eduardo Castex, en Huinca Renancó. Priorizo mandar todo afuera y que la producción salga porque esa es la forma de apuntar al crecimiento, de buscar otros mercados. Acá en Rancul tenemos la ventaja de estar en el límite geográfico con Córdoba y San Luis entonces ahí hay una demanda de los pueblos cercanos que es muy interesante porque no hay talleres que se dediquen a la marroquinería».

Abrir puertas.
Otro paso en la búsqueda de esa expansión y crecimiento lo dio Silvina hace unas semanas cuando por primera vez montó su stand en la Expo Pymes, y esa vidriera gigantesca le permitió dar los primeros pasos en un mercado como el santarroseño, muy demandante pero a la vez muy competitivo.
«Me fue muy bien en la Expo, pude conocer mucha gente, hacer contactos y que la marca se conozca. Más allá de que ahí había gente de toda la provincia, entrar en Santa Rosa es un desafío muy lindo y quiero apostar a eso», resalta Silvina que trabaja con un material símil cuero aunque su minipyme dará ahora una vuelta de tuerca en su calidad y propuesta.
«Me di cuenta de que el cuero es lo más demandado, en la Expo era lo más pedido e incluso me lo dijeron otros colegas, así que ya tengo todo listo para trabajar con cuero de calidad. Es algo que me entusiasma y por suerte logré una buena ayuda», cuenta la responsable de Amara, que con el dinero de un crédito que le otorgará el Ministerio de Desarrollo Territorial de la provincia comenzará una nueva etapa.
«Con ese préstamo voy a comprar otras dos máquinas industriales y todo lo necesario para trabajar con el cuero. Ese material tiene un mercado mucho más grande y mi proyección es aumentar la producción y seguir abriendo puertas. Es mucho trabajo, mucha demanda de esfuerzo, y situaciones económicas del país como la actual te tiran para abajo, pero no queda otra que meterle con todo y redoblar esfuerzos».

¿Cómo llevás adelante el taller?
«Lo hago todos los sábados y hoy tengo 30 chicas que vienen en cada jornada, así que lo tuve que dividir en cuatro horarios distintos. En un pueblo como Rancul no hay muchas posibilidades de talleres y capacitaciones así que por eso mucha gente se prende y quiere tener su propia iniciativa. Para mí está buenísimo y me entusiasma mucho poder tener esta oportunidad de enseñar y compartir».
En su taller, Silvina tiene varias máquinas industriales y las herramientas necesarias para cada clase. Allí pasa muchas horas no solo para la enseñanza sino para el diseño de sus propios productos, los que luego acompañan y visten a mujeres de distintas edades.
«No tengo una edad o rango determinado, hay modelos para más jóvenes y otros por ahí más clásicos para mujeres adultas. Cuando te piden de ciudades más grandes podés salir de lo clásico, aportar colores y nuevos diseños, pero hay mercado para todo y la clave es poder cubrir esas distintas demandas».
Para Silvina, la presencia de ‘Amara’ en la provincia tiene el plus «de lo hecho en casa», de saber que cuando alguien decide elegir y comprar tiene en cuenta la procedencia pampeana, el origen de un producto hecho en la provincia.
«Se está notando mucho eso de comprar a quien hace las cosas acá, claramente nadie lo va a hacer por colaborar, comprás si es de buena calidad y hecho con buen gusto, así que está bueno porque la costumbre era siempre valorar todo lo que venía de afuera. Y hoy la provincia tiene muchas cosas que son muy buenas y de excelente nivel».

¿Cómo es ser una emprendedora desde cero? ¿Cuesta mucho?
«La verdad que cuesta, sobre todo el arranque, cuesta muchísimo, por eso es fundamental que te den una mano. A mí me pasó con el crédito que gestioné a través de la Municipalidad de mi pueblo y gracias a eso di los primeros pasos porque si no, no sé si hoy estaría acá con Amara. Mi familia también me respalda muchísimo. Yo tengo dos empleadas que trabajan conmigo por la tarde, a veces más y a veces menos de acuerdo a la demanda, pero si estás convencida de lo que hacés y no te dejás bajonear por los malos momentos, se puede. Siempre fue mi sueño. Esto no tiene nada que ver con la docencia pero es algo que quiero hacer todos los días porque me encanta».