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La historia del pampeano que llegó al millar de asados

UN VECINO WINIFREDENSE SE DESTACA POR SUS MIL ASADOS

El winifredense Héctor Oscar Aranda, de 47 años, ha preparado mil asados a la estaca y a la parrilla al aire libre en los últimos diez años de su vida, según contó a este diario. Llegó a esa cantidad el viernes cuando cocinó a fuego lento un porcino de 30 kilos y dos corderos para más de sesenta adultos mayores del Cumelén.
Despliega su dominio frente a las brazas en casi todos los pueblos de La Pampa. Familias e instituciones lo contratan para que haga asados en distintos eventos. Mil veces realizó ese trabajo, el cual comenzó cuando tenía 37 años. Ese ejercicio semanal, multiplicado por el paso del tiempo, lo deja registrado fotográficamente como si formara parte de su currículum laboral. Seguramente superará esa marca personal ya que tiene su agenda ocupada hasta mediados de año.
Es conocido en el pueblo por su apodo de «Polaco». El viernes, en el patio del parque recreativo municipal estaba vestido con una bombacha de campo, una camisa blanca, un delantal que le regaló el chef Jorge Zárate de Santa Rosa, un chaleco Guarda Pampa y calzaba alpargatas negras. Prendió el fuego con leña de caldén. Minutos después acercó su mano a las llamas y la fue retirando lentamente hasta que aguantó el calor. A esa distancia colocó las piezas de carne sujetas en estacas o cruces de hierro previamente engrasadas en posición vertical para que se vayan cocinando lentamente. Esa técnica de cocción se la enseñó Ignacio «Petiso» Martín.

Sus inicios.
Trabajaba en la cocina del hotel de la cooperativa eléctrica cuando le recomendaron a Martín para que le enseñara los secretos de un buen asador. «Fui con miedo de que me rechazara, pero enseguida me aceptó. Al otro día juntos asamos 16 costillares de novillos», recuerda.
Desde ese momento tuvo continuidad y fue ganando fama por el boca a boca. Invitado por su amigo Angel Fleitas asó costillares enteros en dos pueblos de la provincia de San Juan: Iglesias y El Rodeo. Comensales chilenos saborearon los bocados de su producción y quedaron tan fascinados que le preguntaron si estaba dispuesto a cocinar para ellos en su país el 7 de abril venidero. Tuvo que decirles que no porque ese día demostrará su maestría en Colonia San José -ubicada cerca de Colonia Barón- donde habrá un encuentro provincial de motoqueros.
«Cuando el evento es muy grande me llevo un fogonero. La mayoría prefiere carne bien cocida, muy pocos piden jugosa», indicó. «Nunca se me quemó la carne, soy muy exigente, estoy encima del fuego continuamente. Además tengo como norma no tomar bebidas alcohólicas cuando trabajo, solo mate amargo o agua y la higiene es fundamental», aseguró.
«Le agradezco a Dios y a toda la gente que me promociona. Vivo de esto y de la albañilería. Llegar a los mil asados para mí es un orgullo y una gran responsabilidad porque en cada evento son muchas las personas que consumen lo que yo cocino a fuego lento y debo hacerlo bien», agregó y finalizó: «Con humildad y respeto se llega lejos. Nunca me agrando porque para mí la grandeza no es buena».