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Coraje de mujer para seguir adelante

En esta ciudad que crece, que se amplía geográficamente, pero también hacia arriba, quedan todavía vestigios de la antigua ciudad de casas altas y edificios que son emblemas de un tiempo que se fue.
MARIO VEGA
Las vicisitudes de los tiempos que transcurren, el devenir que nos empuja todo el tiempo obliga a innovaciones, a cambios, a modificaciones que se van dando en distintos aspectos de la vida, la personal -la de cada uno- y la del mundo que nos rodea.
Por eso lo que ayer fue hoy ya no es… Los hombres y mujeres, en estas épocas, nos vemos obligados a estar atentos a lo que está sucediendo, a veces teniéndonos que adaptar a transformaciones que pueden venir naturalmente, o quizás forzadas por distintas circunstancias.
Y en ese transcurrir podemos observar que la Santa Rosa que pudimos conocer -aquella de casas bajas, de calles ordenadas, la de un tránsito sereno y de un modo de vivir sosegado, casi sin apuros- no existe más. Hoy es una ciudad populosa como tantas otras, llena de urgencias, de gentes apuradas, de estridencias, de vocinglería. Muy lejos de ese pueblo casi bucólico que supo ser.

Las antiguas casonas.
En estos 127 años de existencia, de aquellos primeros caseríos queda solamente alguna que otra construcción que se salvó de la furia de la piqueta.
Algunas aparecen todavía con un aspecto señorial que nos transporta a aquellos buenos y lejanos tiempos. Quedan algunas casonas en plena Avenida San Martín -entre ellas el edificio que supo ocupar la Cámara del Crimen-, y algunas otras diseminadas en diversos lugares que aún se pueden señalar como vestigios de un tiempo que ya no es.

“Barobar” será recuerdo.
En Avenida Uruguay, en su intersección con calle Pico, se alza una edificación que llama la atención. Hoy pintada de un estridente color naranja, se insinúa y sobresale claramente frente al gimnasio del Colegio Domingo Savio y la Escuela N° 74. En ese lugar, durante los últimos 25 años, funcionó “Barobar”, un pub que supo de buenos momentos, pero que la semana próxima será la última que lo reconozca como tal. Sí, “Barobar” también dejará de ser, y dará paso a un nuevo emprendimiento.
Fue el 11 de febrero de 1994 que el pub empezó a hacerse conocido -primero en un local ubicado en la galería que está ubicada en calle Yrigoyen casi esquina Rivadavia-, hasta que se abrió tres años después en su actual ubicación. Había nacido como una idea de Juan Carlos “Tutuca” García y Marcela Fernández, quienes hasta ahora estuvieron al frente del emprendimiento.
Pero los tiempos cambiaron, como quedó dicho, y los propietarios consideraron que “Barobar” había cumplido un ciclo. ¿Y entonces?

Lo que viene.
Es Marcela Fernández la que cuenta acerca de lo que vendrá, porque precisamente se pondrá ella -en soledad- al frente del nuevo emprendimiento. “La primera semana de abril voy a abrir ‘Re Sostenido’, y la idea es que sea un refugio nuevo para la gente que tiene ganas de salir un rato a la noche en Santa Rosa”, expresa.
Para algún desprevenido -siempre habemos algunos- hay que decir que Marcela es una santarroseña que desde hace años recorre los caminos de la música: dueña de una voz sensual, cálida y bella, comenzó a cantar casi inesperadamente alentada por el gran Foreto Chávez allá por 1996, después que abriera el “primer Barobar”.

Marcela, sus primeros años.
Invitada a hablar de ella cuenta que hizo la primaria en la Escuela 180, y que la Villa Santillán fue el territorio de su niñez y adolescencia. “Si bien cuando nací vivimos un tiempo en la calle Chile, más tarde nos fuimos a Avenida Luro, y luego a la casa que construyó mi papá en calle Valerga, donde aún vive mi mamá (Norma Araceli Aragno)… Yo hoy alquilo y vivo sola”, dice.
Fueron lindos tiempos aquellos de su primera adolescencia, porque iba a la ENET N° 1 -la habían elegido reina del colegio-, y todo marchaba bien hasta que pasó lo que pasó… Una desgracia por duplicado que le iba a cambiar la vida: “Me acuerdo que cuando papá estaba construyendo la casa, con mi hermana pasábamos a cada rato con un gran entusiasmo para ver cómo iba… Nos mudamos en septiembre de 1990 pero lamentablemente mi padre la pudo disfrutar sólo un par de meses porque falleció al poquito tiempo”, expresa aún con cierta pena.

Tiempos complicados.
Vinieron momentos difíciles, de casi no entender lo que estaba pasando… todos los proyectos parecían derrumbarse, abandonó el secundario y tuvo que empezar a trabajar. “Mi papá tenía dos camiones, pero al fallecer se pararon, tuvimos que indemnizar a los choferes y nuestra vida cambió definitivamente. Nos ayudó mucho un tío -‘El Blanco’ Fernández le decían-, y a mí me tocó trabajar en lo que era Cenizo Camping, que estaba en Avenida Spinetto y Duarte… eran horas y horas allí, porque se vendía muchísimo en los tiempos en que se ofrecían televisores a 80 cuotas, y empezaban a llegar las primeras motos que también se daban a crédito. Tengo que decir que Beto Cenizo me dio una gran mano”, reconoce.

Nace “Barobar”.
La primera sede de “Barobar” iba a ser en la galería del “Paseo del Sol”, en calle Yrigoyen. “Con ‘Tutuca’ pusimos adelante cuatro mesitas y empezó a ir gente y gente, así que nos pasamos al fondo en un lugar más amplio… Allí fueron cayendo Foreto, Tucky Montano y otros; y el Negro (Alberto Ismael) Cuello nos prestó un piano de madera, así que cualquiera podía ir y ponerse a tocar. Pero después se empezaron a quejar los vecinos porque se producía mucho ruido, vino el tiempo de la ‘ley seca’… ¿te acordás que había que cerrar a las 2 de la mañana. Y entonces fuimos buscando lugar y terminamos en esta esquina de Avenida Uruguay, siempre como ‘Barobar’, ya hace 25 años”, amplía Marcela.

Un episodio triste.
No deja de mencionar un episodio que -aún al recordarlo- la pone mal: “Fue en 2014 que hicieron un allanamiento en ‘Barobar’. Entraron unas treinta personas con gorras, con las armas en alto… La verdad es que no sabía que pasaba, y cuando preguntaba el oficial a cargo no me daba explicaciones, hasta que agarró el micrófono y dijo que era un allanamiento y la gente se empezó a ir… ‘Dónde están las piezas!’, gritaba. Y yo le contestaba que ahí no había piezas, y que no era verdad que había chicas ‘trabajando’… Nos clausuraron, fuimos tapa de los diarios. Fue una gran vergüenza, tremendo. Una exageración total que terminó como tenía que terminar: en nada. No encontraron nada, ni siquiera fuimos a juicio y todo quedó en ese mal momento, pero un poco nos dejaron marcados porque esto estaba lejos de ser un cabaré… Pero después de lo que pasó empezó a mermar, vino esta crisis, y sabemos que la gente no tiene para salir a comer o gastar de noche…”, reflexiona Marcela.

“Nos defenestraron por nada”.
Y sigue: “Nosotros somos gente conocida, nos clausuraron y defenestraron en esta ciudad. En mi ciudad, esta ciudad a la que amo… Tuvimos que soportar muchas cosas. Un día estaba sentada en una confitería y llegó ‘Tutuca’ -que trabajaba de cobrador para Cenizo- en una coupé Mazda… y escucho que en otra mesa había cuatro tipos que decían ‘ahí lo tenés al gordo que vende droga’. Les iba a contestar, y me contuve. El auto era de Beto Cenizo…”, rememora.

Inicios en el canto.
“¿Cómo empecé a cantar? Medio de casualidad… Foreto Chávez hacía instrumental y yo iba tarareando, hasta que un día me escuchó y me dijo: ‘Vos tenés que cantar’… Me sorprendió que me lo dijera él que era un maestro, pero la verdad es que me gustaba mucho, y hasta había hecho Pimpinela en la escuela primaria, era la época de Valeria Lynch, y estaba enfocada ahí… Obvio que cantar me gustó siempre, y me decidí a estudiar con Adelma Keller Mendía. Y con ella me fue re bien, porque creo que tenía materia prima, y contribuyó a educar mi voz. Tenía mucha paciencia y me convencí que podía”, completa.

Cantando en todos lados.
Después inició su carrera de cantante: “Fui medio personaje, me presenté en teatros… en el Casino, en escenarios de Neuquén, en provincia de Buenos Aires, en General Pico, Trenel, Arata, Villa Huidobro. Por todos lados cantando”, apunta. “Además grabé cuatro discos, y personifiqué a Celia Cruz, y también a Evita haciendo ‘No llores por mí Argentina…’, que a la gente le gustaba mucho. Creo que si bien hago un poco de todo, y no le escapo a la cumbia y a ritmos divertidos a la gente le gusta escucharme en la parte melódica, aunque también me agrada el tango con músicos en vivo, y algo hice con Tachi Gaich y Toti Mansilla…”, se explaya.

“Foreto fue maravilloso”.
Marcela explica que “es muy emocional la parte de la cantada, y si bien despunto el vicio en el negocio, también voy si me convocan para un cumpleaños de 15, de 60 ó lo que sea, adaptando el repertorio. Me gustan mucho los temas de Ana Belén, Sandra Mihanovich, Daniela Romo, hacer por ejemplo Puerto Pollensa… diría que me voy tirando a lo melódico. Por suerte me ha tocado compartir con muy buenos músicos, como ‘Peludo’ Sosa, Federico Franchescutti… el Indio Muñoz, otro gran artista. La música te libera el alma, y cantar fue una salida emocional muy grande después de lo que me pasó. Puedo decir que me tocó siempre estar rodeada de gente buena, de músicos como Foreto de lunes a lunes. Foreto fue maravilloso… no habrá otro como él”, asegura.

Única dueña.
Ahora Marcela Fernández se larga “sola”, y explica que “de temperamento me tuve que hacer, por lo que pasó en mi familia, porque la verdad es que hubo un momento que se me derrumbó el mundo. Con ‘Tutuca’ trabajamos muchos años juntos, con una excelente relación, pero la vida nos va llevando… creo que tengo pensamientos modernos, y quiero más, por eso le compré la parte del bar y me quedo como única dueña, pero necesito limpiar la imagen del lugar. Ahora estoy con esa movida ‘por más mujeres en el escenario’, y también tendrá que ver con darle vida a ‘Re Sostenido’… Vamos a ver si podemos salir adelante”, se esperanza.
“La idea es abrir más temprano, tipo 9 de la noche, no tanto de madrugada porque a la noche ya no se sale tanto, hay mucho control de alcoholemia… Quiero apostar a ordenarme y trabajar. Tengo muchas, muchas ganas”, reafirma entusiasmada.

La noche de estos tiempos.
Le pregunto si ha tenido muchos problemas en tantas noches. “Siempre hay policía y seguridad… alguna vez me ha tocado contener a gente que no está bien, que tomó de más y tenés que decirle que se vaya… Pero ojo!, si es borracho mío lo defiendo hasta el final, pero si viene borracho de otro lado, si es borracho ajeno no quiero ni verlo”, se ríe.
Admite que “cambió la noche, porque lo que antes arreglaban con un par de trompadas, ahora puede terminar en cualquier cosa”, razona.

Apertura en abril.
En la primera semana de abril el local estará refaccionado para pasar a ser “Re Sostenido”, una propuesta que irá de miércoles a domingo, a partir de las 21 horas. “Se van a poder comer picaditas, tostados, y el mejor café de la ciudad. Vamos a tener un ciclo de show de mujeres los jueves y los sábados. Va a ser un lugar musical, un canto bar. La idea es darle a la gente un lugar nuevo, distinto… ‘Barobar’ ya cumplió su ciclo”, afirma.
No quiere dejar de hacer una breve recopilación de lo que pasó durante tantos años en ese templo musical. “Aquí se filmó la película ‘Campos de sangre’, que refería al Caso Gonzani. Cerramos dos días y vinieron al bar a grabar Pablo Novak, Alicia Zanca, Arturo Maly, José Luis Alfonso, y Gabriel Arbós era el director. Es que por aquí pasó todo el mundo”, dice Marcela señalando fotos en las paredes del bar donde se ven a Gustavo Garzón, Cacho Garay, La Hiena Barrios, el famoso guitarrista Luis Salinas, Fabián Gianola, La Bomba Tucumana, la bailarina Camila Cabot… Hubo músicos, bailarines, transformistas… de todo”, puntualiza.
“Soy muy positiva y estoy segura que todo va a salir bien, que ‘Re Sostenido’ va a tener éxito…”, vuelve a decir como para darse fuerzas.
“¿El ‘Re Sostenido’? Tiene que ver con la nota musical, por supuesto… pero además es un juego de palabras sobre el esfuerzo que siempre hicimos para salir adelante… aunque no sea fácil. La apuesta está hecha, ojalá me vaya bien”, dice y sonríe.

Una casona con historia.
La casona ubicada en la esquina de Uruguay y Pico tiene su historia. Es una construcción de principios del siglo pasado que fue adquirida por don José Flórez Álvarez, papá de Etelvina Flórez de Forastieri, muy conocida por su vinculación con la Justicia Provincial, donde llegó a desempeñarse como camarista durante muchos años.
La propietaria, que ahora le alquila el local a Marcela Fernández, señaló que “esa casa la compró mi padre creo que por los años ’40, en tiempos en que la Avenida Uruguay era de tierra”. Recordó que cuando bajaron la calle para pavimentarla la casa quedó ‘allá’ arriba, por lo que hubo que hacer refacciones para solidificar la construcción; además de tener que agregarle los escalones que se pueden ver hoy en día.
En una época funcionó en esa esquina “El almacén de Bastián”, que estuvo muchos años; y en su momento fue alquilada por Tincho Pérez Isa para que funcionara en el lugar la Peña “Coru Hué” que duró bastante tiempo.
Etelvina, única hija del matrimonio de don José con Josefa Davi -maestra descendiente de los primeros pobladores de Santa Rosa-, heredó la casona, y junto a su esposo la refaccionaron para dejarla en condiciones.
Como quedó dicho “Barobar” abrió en ese lugar allá por 1997, y cerrará definitivamente sus puertas como tal el último día de este mes. Después de eso pasará a ser “Re Sostenido”, con Marcela Fernández al comando del comercio.
Lo cierto es que cualquiera que visite el bar podrá ver que tiene todas las condiciones para funcionar como los mejores pubs, porque tiene amplitud, una buena ambientación, pista de baile, equipo de sonido… Como para que el nuevo emprendimiento pase a ser una linda alternativa de la noche santarroseña.

Un terrible dolor.
Aquella Navidad de 1990 es el recuerdo más terrible en la vida de Marcela Fernández. El día 24 de diciembre su hermana Mariela, que tenía nada más que 20 años, falleció atropellada por un camión en México y Avenida de Circunvalación. Pero a esa tragedia se le iba a sumar -el día siguiente- la muerte de su padre (Carlos Alberto Fernández) a consecuencia de un ataque al corazón. “Yo tenía 18 años, y mi hermanito menor Alfredo,16… A Mariela la mató un camión conducido por una persona alcoholizada… y después vino lo de papá. ¡Fue terrible!”.
Y es imposible imaginar siquiera el dolor de la familia. “Sí, sufrimos muchísimo, pero siempre digo que mi mamá es a prueba de todo… tiene una fortaleza única y fue nuestro sostén. ¿Alguien puede entender lo que son dos muertes en dos días?”, se pregunta y no hay respuestas.