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LLEVARA EL NOMBRE DEL PERIODISTA HECTOR "YOYI" LOPEZ

Llevará el nombre de Héctor “Yoyi” López. Significa otro reconocimiento a ese incansable luchador y defensor de las instituciones, particularmente del movimiento cooperativo. Periodista y corresponsal de LA ARENA.
Héctor David López
Siempre prolijo. Pantalón de vestir, zapatos, camisa y bolígrafo en uno sus bolsillos, peinado para atrás, con fijador para controlar esos pelos rebeldes que a veces querían desalinearse. Parece que aún se siente el aroma del perfume que solías usar, sí un Colbert Noir negro.
Así arrancabas el día, desde muy temprano, porque recibías, armabas el diario y atendías a los canillitas. Sí, aquellos que por los últimos años desaparecieron en la ciudad. Tú diario, porque así lo sentiste desde sus inicios, cuando decidiste ponerte la camiseta de LA ARENA. Con orgullo, lo que despertaba Don Raúl D’Atri, su fundador.
Con tu humildad intacta, la que supiste arrastrar desde tus orígenes. Muy pobre por cierto, pero con valores, cultura de trabajo, y responsabilidad. La que mantuviste contra viento y marea, frente a la adversidad y contratiempos, propios de esos años hostiles que también te tocaron vivir como jefe de una numerosa familia, compuesta por tus seis soles: Andrea, Laura, David, Cristian, Sandra y Melisa.
Tú frente bien en alto, y tu caminar algo vivaz, inquieto. Así, supiste imponerte desde muy pequeño cuando fuiste hijo de madre soltera. En esos años, cuando serlo realmente era difícil. Tú trabajo, el diario, por sobre todo. La familia, la amistad, la honestidad, la palabra. En fin, valores y convicciones que mantuviste bien firmes, y fueron la brújula de tu intenso caminar.

Defensor.
Desde tu humilde posición social, defendiste tu querido General Acha. Desde ese estratégico lugar, nunca especulaste, mucho menos sacaste provecho personal, más allá que tuviste muchísimas posibilidades de hacerlo. A su vez fuiste quien le dio voz a los pueblos del oeste pampeano, muchas veces olvidado por los gobiernos centralistas. A través de tú página, como la sentías, le diste espacio a muchos vecinos de aquellas zonas y de las más cercanas, tales como Quehué, Colonia Santa María, Unanue, y Cuchillo Co, entre otras. Siempre tratando de ser un puente para que puedan gestionarse cosas o denunciarse disímiles problemáticas que se suscitaban en esas épocas duras, donde la comunicación lejos era de ser la de éstos tiempos.
Tampoco faltó oportunidad que más de uno golpeara la puerta de tu casa, sin importar día y hora, para pedirte un favor, una entrevista, una ayuda. Tu lucha nunca claudicó, al igual que tu sentido de pertenencia al pueblo que te vio nacer aquél 28 de marzo de 1939. Ni hablar de tu leal y noble defensa de tu querido barrio oeste, testigo de muchas andanzas y bellos momentos que supiste disfrutar con tus amigos. Esos, de los cuales algunos tampoco están.
Abrazaste tú profesión sin nada a cambio, y la practicaste con pura vocación. Con tan sólo sexto grado lograste lo impensado por esos años. Rápido en matemática, a veces dejabas a más de uno sorprendido por tu rapidez mental a la hora de sacar cuentas, claro sin calculadora.
Así fue que a través de tu página, fuiste promotor de muchos logros históricos para la ciudad, sí esa que hoy es, y no alcanzaste a disfrutar. Porque un frío y gris miércoles, hace 16 años, te arrebató de los brazos de tus hijos. Sin pedir permiso, te llevó y entristeció a tus seis vástagos, dejándoles un vacío imposible de llenar.
Aún así, la vida intentó contrarrestarlo. Un 18 de octubre, poco más de dos años de tu partida física, llegó Máximo. El segundo de tus nietos que no llegaste a disfrutar como lo hiciste con terremoto, como llamabas a Yael, el primero.
Pasó un tiempo más y a medida que tus hijos crecían, también nacían nuevos integrantes a la familia. Nació Juan Pedro, unos años después Jonás, con quien seguramente hoy compartís travesuras en el lugar mágico donde están. Unos años después llegó Bastian. Todos y cada uno de ellos, heredaron y representan un pedacito de tu ser.

Pasiones.
Te apasionó el boxeo y el fútbol, aunque la balanza siempre se inclinó más por este último. Fuiste director técnico de Campos, que bajo tu mando vivió épocas doradas. Muchos jugadores de esa etapa, hoy te recuerdan, y destacan tu disciplina y personalidad.
Como olvidarse de tu amor por Temperley, ese club de barrio de la zona sur de Buenos Aires, donde estuviste a punto de jugar, si no hubiese sido por esa delicada herida ocasionada por la peritonitis que sufriste cuando eras muy pequeño. Ni que hablar de tu amado Boca Juniors, colores que tus hijos y nietos también hoy defienden con mucho placer.
El avance tecnológico también te llegó, de un día para otro dejaste atrás tus extensas notas escritas en la Olivetti, una gris y blanca que aún está guardada en algún rincón de la casa. Con los años, y en una etapa de tu vida también tuviste que afrontar los cambios que hubo en la sociedad. Pero independientemente de ello, te adaptaste a los nuevos tiempos, y así continuaste con la crianza de tus hijos. Todo, a la par y con algunas desavenencias con Susana, la mujer con la que formaste tu numerosa familia. De la que después de muchos años te separaste por esas cosas de la vida.
Sin perjuicio que los seis mantienen intacto los valores que supiste transmitirles, y fue medular en tu forma de vida, hoy las cosas cambiaron. Tal es así que ese diario del que fuiste partícipe activo, por estos años se ha transformado en una importante empresa. No obstante ello, persisten tus principios, aquellos que calaron en lo más profundo de la persona de tus hijos. Quienes, más allá de todo, mantienen el oficio que elegiste y marcó tus 63 años, ya que el diario sigue latente y en vínculo con los López.
Sencillamente una forma, ideales, que aún están intactos en la familia. Los que, por cierto, en estos tiempos parece una utopía sostener, y más aún aplicar y traducirlo en hechos.