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Crece esperanza por la «casa propia»

HISTORIAS DEL "NUEVO SALITRAL"

En el asentamiento prevalece el sonido de hombres y mujeres que trabajan y proyectan lo que en un futuro se transformará en un «techo digno».
El sol comenzaba a bajar y vehículos de distintos tipos continuaban entrando y saliendo del barrio bautizado como «Nuevo Salitral», mientras el viento hacía flamear la bandera argentina que se encuentra izada en la entrada.
Recorriendo el lugar, cualquiera puede notar que allí prevalece el sonido de hombres y mujeres trabajando con distintas herramientas en la tierra, proyectando lo que en un futuro se transformará en un «techo digno». Ya son más de 180 familias las que se encuentran instaladas allí, debido a que cada vez más personas se acercan en búsqueda de un lugar para vivir.
«Pase, pasen», alientan los vecinos y vecinas a un equipo periodístico de este diario, y comienzan a contar su historia frente a las «casas» hechas con nylon, chapa y cartones. «Pienso que Dios nos va a ayudar a salir adelante, hemos perdido tanto ya», cuenta Gladys, una mujer que hace dos años está en uno de los terrenos gracias a la cesión de su dueño. Actualmente, reside en Toay en una casa prestada con sus tres hijos, María Belén, Melisa y Diego, y sus dos nietos. Pero allí no posee ni agua ni gas y, según indicó, el dueño tiene intenciones de venderla, por lo que espera levantar su vivienda para trasladarse. Para lograr su objetivo, solo le falta conseguir un nylon y la conexión eléctrica, algo que espera con anhelo.

Relatos al fuego.
En el asentamiento, el fuego se convierte en un gran aliado para resistir ante las bajas temperaturas. Pero también es un punto de encuentro, donde se calienta el agua para el mate y se cocina algo para compartir con los familiares y amigos que se acercan para ayudar en lo que sea necesario. Incluso, hasta una abuela de 80 años se arrimó al lugar para hacerle compañía a sus nietas.
También asoman centenares de niños y niñas, que corretean y juegan entre las construcciones, mientras observan a sus padres y madres esforzarse y transpirar para garantizarles un futuro mejor.
«Cada vez hay más gente, muchos chicos. Nos gustaría tener mi casa y mi terreno, porque el día de mañana va a ser para mis hijos», cuenta Jimena entre varias cajas de ropa que están sobre la calle. Esto se debe a que la joven se encarga de acopiar donaciones para luego distribuirlas.
En ese sentido, remarcó que lo que más necesitan son alimentos, frazadas, colchones y, sobre todo, ropa para los más pequeños.

«Una locura».
«Yo lo que necesito es una vivienda, mis hijos no pasan necesidades porque trabajo, pero no tenemos un lugar físico para vivir ¿Te pensás que me gusta hacer este quilombo? Necesito un lugar físico y poder dárselo a mis hijos». cuenta Manuel, quien es pintor de obra y se instaló en el asentamiento con sus cinco hijos, su pareja y su suegra.
«Yo estoy viviendo de prestado. Antes alquilaba, pero desde que está este hombre (por Mauricio Macri) es una locura. Dejó a mucha gente en la calle y esta decadencia me terminó de enterrar», cuenta con bronca.
Para él, la situación es «dolorosa» y recuerda que «cuando estaba Cristina (Fernández de Kirchner) decían que choreaba, pero yo trabajaba y me daba gustos. Antes había trabajo y había vida. Con Macri la gente perdió la esperanza, es lamentable».

«Un cachito de esperanza».
Muchos defienden su dignidad y aseguran que su lucha es únicamente «por las tierras, no por la mercadería». En esa línea, señalan que «hoy en día no podés comprar un terreno».
Por otra parte, según cuentan existe una posibilidad de que la Cooperativa Popular de Electricidad (CPE) conecte el servicio de energía eléctrica. Ante esto, señalan que «es un cachito de esperanza, pero para nosotros es un montón».