miércoles, 23 octubre 2019
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Cruz Púrpura a un pampeano

Hay momentos en donde la vida nos pone ante situaciones de extrema adversidad y, la mayoría de los casos, las decisiones que tomemos en esas fracciones de segundo demuestran quién somos realmente. Ese es el caso del suboficial Principal enfermero general Juan Gabriel Torres, un pampeano que decidió anteponer su vida para salvar a dos compañeros en un ascenso al volcán Lanín. Por este heroico acto, el Estado lo condecoró con la Cruz Púrpura el pasado 29 de mayo.
Marta Andrade, su madre, recibió a un equipo periodístico de LA ARENA en su casa, la misma que habita desde el año 86 en el barrio Mataderos de la ciudad de Santa Rosa. Sentada con un vaso de agua en la mano comienza a relatar la historia de su hijo, un hombre que desde niño decidió poner su vida al servicio de la patria.
El 11 de enero de 2017 «se me terminó el mundo», recuerda Marta con dolor. «Ese fatídico día», Juan Gabriel Torres de 42 años perdió la vida luego de salvar a dos compañeros en una misión en el Volcán Lanín.
El ascenso era parte de la instrucción del Ejército, que siempre le dan cuando viene gente nueva, y estaba compuesto por un grupo de 14 hombres. «El día 9 se fueron al Volcán Lanín. Hicieron noche en la base en un refugio porque había muy mal tiempo. El había avisado y le dijeron que quedaran en la base y que después lo intentaran». Luego de pasar la noche, comenzaron con el ascenso. Cuando faltaban 300 metros para llegar a la cumbre un fuerte temporal se desató.
Marta pudo reconstruir parte de lo que sucedió en ese momento gracias a lo que le explicó el médico de la unidad: «Dos más jóvenes, que no tenían tanta experiencia, eran un subteniente y un cabo, empezaron a caer y mi hijo quiso clavar la piqueta en lo que aparentemente era una piedra y no pudo. Los otros dos comenzaron a caer y él lo salvó a los dos, a uno lo arrojó hacia un lado y al otro hacía el otro, pero a él el peso de la mochila lo venció, y cayó 600 metros a una canaleta. Según me explica el médico, falleció en el acto».
«Yo lo vi, lo pedí y me dejaron verlo un ratito. Viajé mil kilómetros, ¿te imaginas? Yo estaba cosiendo acá, porque le coso a todos mis nietos, y me llama mi nuera y me dijo que hubo un accidente en el Lanín y que Gabi no lo pudieron salvar, se cayó. Yo pensé que había rodado y se había estropeado. Me dijo que falleció y a mi se me terminó el mundo. Fue una locura total», rememora.

«Usted ha parido a un gran soldado».
Gabriel llevó adelante una vida al servicio de los demás, por ello no solo fue reconocido por su heroico acto en el Lanín. Según comenta Marta, su hijo era muy querido y su muerte causó un dolor muy grande en toda la población de San Martín de Los Andes. «No había una persona que no lo quisiera, era muy querido porque era muy servicial, siempre estaba pendiente de los demás. La intendenta dijo en aquel momento que habían perdido a un gran ciudadano, porque él era enfermero y cuando precisaban para el PAMI él iba gratis».
La máxima distinción se le entregó el pasado 29 de mayo, cuando en el Colegio Militar de Buenos Aires la familia recibió la Cruz Púrpura, una distinción que se da muy pocas veces. «Macri nos entregó el reconocimiento. Es la primera vez en el Ejército de Argentina que se da (NdR: No es la primera vez, en 2018 fue otorgada a familiares de un militar santiagueño fallecido), porque generalmente es una distinción de EE.UU. a quienes han resultado heridos o muertos en servicio».
En la ceremonia participaron su madre, sus hermanos, su esposa y sus hijos. Durante el emotivo acto, Marta retrocedió en el tiempo y volvió a revivir la tarde en que su hijo ingresó con tan solo 17 años al Ejército y aquel día en que perdió una parte de su vida. «Cuando hicieron el toque de silencio volví a evocar la tarde que lo dejaron en el nicho, porque estaba todo el Ejército y alguien tocó un instrumento de viento. Fue muy duro. Después, cuando el jefe del Ejército me abrazó y me dijo ‘usted ha parido a un gran soldado’. Yo le dije que sí, y espero que no caiga en el olvido y que no vuelva a pasar».

Cerrar el círculo.
Marta intenta cerrar el círculo, pero a pesar de los reconocimientos aunque posee dudas sobre lo que ocurrió hace dos años y medio. «A mí siempre me quedaba la duda, y mi nuera me decía que deje de escarbar. Pero yo tengo que cerrar un círculo, yo quiero saber cómo fue», sostiene.
«En ese momento me dijeron que fue un acto de arrojo, pero no me explicaron nada más. Yo volví a los tres meses y hablé con el Jefe que estaba en ese momento y le pedí que me detalle» porque luego del accidente «todos repetían lo mismo, que lo había vencido el peso de la mochila. El tenía experiencia, tenía 35 ascensiones, no era un improvisado. Quedó eso flotando, ¿quién dio la orden de continuar y de que lo intentaran? El continuó a pesar de la adversidad, le faltaban 300 metros. No me lo van a devolver pero yo quiero que si hay un responsable que padezca lo que padecimos nosotros y que seguiremos padeciendo, porque yo veo la tristeza de mis hijos y de mis nietos. Ese dolor, ¿quién me lo paga?».
«No voy a cerrar nunca el círculo», expresa Marta pero señala que de todos modos está «un poco más aliviada porque pude verlo. Pero es como que yo todavía lo espero. Me quedo mirando por ahí por la ventana».
No ha pasado un solo día en que su madre no piense en él. Incluso, pegado a su corazón lleva un relicario con su fotografía. «Me conformo con ver las puestas de sol, porque me tomé el trabajo cuando fui a San Martín de ver a qué hora daba el sol porque el nicho de él da sobre la calle. Observo el sol cuando está y es la única manera de sentirme cerca de él. Lo que me reconforta es que no hay una persona del Ejército que no hable maravillas de él», cuenta orgullosa del hijo que le dio a la Patria.
Sabe que quizás sea imposible encontrar una respuesta, pero no se resigna y aclara que lo que más le interesa es que se sepa que «de un barrio humilde como es este salió una persona que fue capaz de dar la vida por otros sin importarle nada».

Destinado a servir.
«Nosotros somos pampeanos, nacidos en Miguel Cané, vivimos en Agustoni y después vinimos a Santa Rosa» cuenta la madre de Gabriel y agrega «mi hijo fue acá a la escuela primaria, comenzó el secundario pero tuvo que dejar porque no había posibilidades de trabajar y estudiar, y yo estaba sola con ellos tres»
Según cuenta su madre, su pasión por las fuerzas armadas comenzó a manifestarse desde temprana edad. «Él siempre de chiquito me decía que quería ser soldado, en esa época existía la colimba, entonces le decía que estaba un tiempo y se iba. ‘Pero yo quiero ser soldadito siempre’, me decía. Después se fue definiendo y dijo que quería ser militar».
Por estos motivos, Marta notó que su hijo estaba destinado a servir a la patria y «con mucho esfuerzo, porque yo trabajaba en servicio doméstico, lo inscribí en la Escuela de Suboficiales General Lemos en Campo de Mayo». «Gabi», como le decían sus allegados, fue a anotarse pero al no encontrar vacantes, eligió inscribirse en Enfermería.
En el año 1990, se graduó de enfermero general e hizo la residencia en el Hospital Militar. Allí comenzó su carrera y su primer destino fue el Regimiento de Caballería Ligera 13 en General Pico. Su madre cuenta que por aquel entonces había conocido a una chica, también militar, con la que se casó. Su segundo destino fue Bahía Blanca y, en el 2006, participó junto a los «cascos azules» argentinos en una misión de paz de la ONU en Haití. «Estaba muy complicado el sistema político, pasó muchas cosas feas pero le fue bien», recuerda Marta.
Al regresar al país, Gabriel pudo elegir su siguiente destino y «él eligió el Sur, porque siempre fue un enamorado del Sur. Se fue a San Martín de los Andes», afirma Marta. Allí, «fue perfeccionándose en el Regimiento de Caballería de Exploración 4 Coraceros General Lavalle y fue adquiriendo experiencia, haciendo cursos, llegó a ser instructor de Esquí». Sin embargo, el Ejército no era su única pasión, también disfrutaba mucho practicar deportes y su experiencia lo llevó a estar a cargo de las ascensiones y de dar las instrucciones de montaña a la gente nueva. «Corría el Tetratlón, trabajaba cuando estaba libre en el Cerro Chapelco con una empresa. El fue dos años seguido elegido el mejor montañés, ganó el Cóndor de Plata».

«Se fue a la montaña».
Juan Gabriel Torres tenía 42 años al momento de morir. Dentro de las Fuerzas Armadas llevó adelante, con gran vocación, una carrera impresionante. Con 25 años de servicio, logró alcanzar el rango de Suboficial Principal Enfermero General, faltando solo cinco años para alcanzar el máximo rango de Suboficial Mayor y jubilarse, según cuenta su madre.
Tuvo cuatro hijos con su esposa, a quien conoció mientras prestaba servicio. Su hija mayor actualmente vive en la localidad de General Pico y tiene dos hijos. La madre de Gabriel recuerda que luego de que falleciera Gabriel, su nieta le dijo «el abuelo se fue a la montaña y no va a volver más. Pero no llores, porque él desde una estrella nos cuida. Yo creí que me moría, escuchar a un angelito de cinco años decir eso».

Reconocimiento al heroísmo.
Por su enorme acto de valentía, Gabriel recibió distintas condecoraciones. En octubre de 2017 su familia recibió una distinción por parte de Sanidad del Ejército. Además, en el cuartel sureño donde se encuentran las cruces de los que cayeron en Malvinas y que estaban en la unidad que él integraba, pusieron una cruz blanca con su nombre y a la enfermería y a la pista de combate le pusieron su nombre. También, según su madre, se espera que se coloque una placa en el cementerio que está en el Lanín.