Inicio La Pampa Del barro a la distinción

Del barro a la distinción

En «Piromaquia», Luis Moraga y Florencia Carrasco llevan adelante un emprendimiento que, desde Anguil, llega a los restaurantes más lujosos del país gracias a su vajilla de calidad. Un taller de producción que apunta a convertirse en fábrica.
«Estamos a full porque tenemos un pedido muy grande: son mil cuencos, o cazueleras, que nos encargó el Yacht Club de Puerto Madero», cuenta Luis apenas después del saludo inicial mientras Florencia amasa con sus manos ese barro que luego de todo un proceso de delicado y preciso trabajo finalizará sirviendo la comida en uno de los lugares más exclusivos de la Ciudad de Buenos Aires.
Luis Moraga (31 años) y Florencia Carrasco (34) viven y trabajan en la casa-taller que armaron hace dos años en un condominio ubicado en Anguil. Desde ahí, elaboran y venden toda la producción de «Piromaquia», objetos de calidad y de diseño que nacieron en ferias y en la venta ‘cara a cara’ y hoy se enfocan en restaurantes de cocinas gourmet que buscan distinción a la hora de presentar los distintos platos.
«Hace más o menos un año que empezamos a trabajar de manera directa con los restaurantes porque hacemos un tipo de productos que son tendencia, con una cerámica que se llama gres y que tiene excelente calidad. Es parecida a la porcelana pero con características más rústicas, más artesanal. Y en nuestro caso los productos tienen un diseño exclusivo. Trabajar así nos evita tener que salir a buscar las ventas, pero los pedidos se suman y hay cada vez más demanda», explica Luis que nació en Chile, desde chico se instaló en Neuquén y luego fue a Córdoba y se recibió de Técnico Ceramista.
En esa ciudad conoció a una pampeana que había ido a estudiar cine y que de a poco fue conociendo los secretos de la cerámica. «A fines de 2013 nos vinimos y en casa había un taller así que fui aprendiendo y ayudando. Para que Luis pueda trabajar con el torno necesita que yo le arme la arcilla, que la prepare. Si hay que lijar, lijo, hago todo lo que no sea precisión», dice Florencia mientras le alcanza unos lápices a la pequeña Umi (2), la otra habitante de la casa que hace irresistible una sonrisa para cualquier visitante.
En un principio «Piromaquia» tuvo un público que compraba sus productos apuntando a lo decorativo o a la colección. «Vendíamos mucho de a una pieza, pero no colecciones o equipos completos, entonces empezamos a producir formas distintas y colores: armábamos juegos, ensaladeras, fuentes, cosas que formaran un juego a través del color. También con texturas. Después adquirimos un horno eléctrico y eso nos permitió una evolución porque en lugar de trabajar en forma estandarizada apuntamos hacia nuestros propios diseños».

Independencia.
La pareja se instaló en Toay y, con una pequeña motito, iba hasta Cachirulo para obtener arcilla. Un trabajo enteramente artesanal que Luis combinaba con sus clases en el taller de cerámica del Centro Municipal de Cultura.
«Estuve dos años dando clases hasta que en 2015 decidimos vivir solo de nuestra producción. Fue todo un desafío sustentarnos de manera autogestiva e independiente pero siempre fui un apasionado de la cerámica y confiaba en que iba a salir bien. Viajábamos a ferias, teníamos un calendario para seguir y además yo daba clases particulares para enseñar el oficio. Hasta que en uno de esos lugares a los que fuimos, surgió la posibilidad de hacer piezas a pedido y eso nos cambió la perspectiva», recordó Luis.
El restaurante santarroseño Pampa Roja vio en «Piromaquia» la posibilidad de tener una vajilla única, en calidad y originalidad, y les pidió platos y vajilla con especificaciones estéticas y de diseño bien precisas.
«Ese fue nuestro puntapié inicial, después vino el restaurante de La Campiña, el del hotel Mercure y la posibilidad de entrar a Buenos Aires, al circuito de restaurantes gourmet de Palermo. Por ejemplo, uno que se llama Mamba nos encargó 100 unidades y nos pidieron siete diseños de platos distintos. También vendimos a Rada Tilly (cerca de Comodoro Rivadavia) y a un bazar de Rosario. Hay mucha demanda en la gastronomía gourmet porque se juega mucho con el diseño».

Una fórmula.
Luis trabaja con su torno alfarero y de allí salen productos que, previamente, tienen todo un proceso de elaboración tan completo como específico. «Nosotros personalizamos desde la materia prima básica hasta el objeto final. No compramos esa materia prima directo de la minera porque no podemos hacerlo por tonelada, entonces compramos bolsas de 25 kilos (tenemos varios minerales ahí: arcilla, cuarzo, feldespato, dolomita) y tenemos una fórmula que desarrollamos de manera técnica para llegar a un gres muy particular. A determinada temperatura se vitrifica, otorga una calidad con mucha dureza, que suena como vidrio. Además formulamos nuestros esmaltes porque la demanda nos pide colores rojizos, negros. Vamos cambiando porque a veces las materias primas cambian, es como hacer un juego de la química y de la investigación, y la creatividad surge por prueba y error. Salen por sorpresa, son producciones o resultados que nos llaman la atención y que pueden ser estéticos y bellos y entonces seguimos por ahí».

¿Hacia dónde puede crecer el emprendimiento?
«Tenemos un montón de proyectos que no son demasiados grandes porque el desafío de vivir de lo que nos gusta lo cumplimos y eso nos satisface plenamente. Pero también es muy lento para poder crecer, nos va bien porque dimos en el clavo con esto de los restaurantes, pero apuntamos a tener una fábrica de producción artesanal, no un taller de producción. Y lo podríamos hacer con una infraestructura más grande para que incluso haya más gente laburando porque hay una demanda muy marcada. Hoy tenemos la experiencia y la capacidad para generar algo más grande, una fábrica de algo que tiene gran proyección», detalla Luis con una convicción que recuerda una frase que ya había dicho minutos antes: «A mí la cerámica me apasiona».

Entre el BLP y la Expo
«Hace un tiempo nos acercamos a la gente de la Secretaría de Cultura de la provincia y ellos se interesaron en nosotros, de ahí surgió una relación con la Fundación Banco de La Pampa. Por eso el otro día nos encargaron algunos productos para la jornada que hicieron», explica Luis sobre el juego de vajilla que se lució en la muestra de vinos y quesos pampeanos que la Fundación organizó en su sede céntrica.
En «Piromaquia» apuran la producción de los mil cuencos y, al mismo tiempo, planean el stand para la próxima semana, cuando abra una nueva edición de la Expo Pymes en el autódromo de Toay. «Ya fuimos a la anterior (en 2017) y está muy buena, es una vidriera productiva para cualquier emprendedor», valoró Florencia.