Denuncian a maquinista de Vialidad municipal

POR ACOSOS Y VIOLENCIA DE GENERO

Zulma Cardoso es una mujer que reside en Santa Rosa y que hace unos meses denunció a un empleado de la Dirección Municipal de Vialidad por acosos y violencia de género. La Justicia impuso sobre el acusado, identificado como Gustavo Misaña, un cese “en los actos de perturbación o intimidación que, directa o indirectamente, realice hacia la damnificada”, por un plazo de 60 días.
Sin embargo la denunciante, con mucho miedo, aseguró que este hombre hace “caso omiso” a lo dispuesto por el juez de Control Carlos Chapalcaz y que los reiterados hechos sufridos la obligaron “a comenzar un tratamiento psicológico. Incluso tuve que dejar de cursar”. La mujer intentó hacer público su inconveniente con el obrero yendo a dialogar con autoridades de Vialidad y del SOEM, pero indicó: “nadie me dio ninguna solución. Incluso a Vialidad no me dejan entrar”.
Cardoso vivió en La Plata hasta noviembre pasado pero la inseguridad la obligó a mudarse a la capital pampeana: “fui asaltada varias veces, la última vez me golpearon mucho y resulté con muchas lesiones, entonces mi hermano me dijo que venga para acá porque era más tranquilo, pero no me imaginé que me iba a encontrar con el horror”, sostuvo en una visita que realizó a la redacción de LA ARENA. Mostró copias de varias denuncias penales en contra de su victimario.

Inicio.
Los incidentes comenzaron cuando el acusado, un maquinista de Vialidad municipal, repartición que está ubicada frente a la vivienda de la denunciante, “vino a comprar perfumes y en una de esas compras, que se llevó varios y no los pagó (quedó debiendo unos 6 mil pesos). Me dijo que iba al cajero y cuando volvió empezó a manosearme, a besuquearme y me quiso agarrar. Al otro día hice la denuncia”, sostuvo. La primera de las varias exposiciones que Cardoso hizo ante la Justicia fue el 20 de abril, “al día siguiente lo notificaron y empezaron los problemas. Donde me cruza me tira el auto encima, la moto, me comenzó a perseguir, a amenazarme, a insultarme, me llamaba por teléfono y tuve que cambiar los números”, expresó.
“Prácticamente dejé de vivir, porque no puedo salir ni a caminar, dejé de cursar porque parece que hasta sabe mis horarios y hace un mes empecé con el tratamiento psicológico porque esto me tiene muy mal”, añadió.

Restricción.
La mujer logró que la Justicia otorgara una restricción de acercamiento para que cesen los acosos en forma directa ó indirecta, pero aún así el acusado “infringe la ley, porque sigue persiguiéndome, me dice cosas. Estoy medicada por esto, ya no sé que hacer y nadie hace nada. El va a trabajar como todos los días y es algo constante, pero nadie hace nada. El no me puede llamar, no me puede hacer gestos, nada, pero continúa con lo mismo”, concluyó.