La diseñadora de sus propios zapatos

Cecilia Dittler encontró en los zapatos su perfil ideal de emprendedora. Impusó su marca a fuerza de creatividad, innovación y calidad. Agregó carteras e indumentaria en su flamante local del centro santarroseño y en pocos días abrirá un negocio en Neuquén.
Crisis es oportunidad, pensó en ese momento y la frase, casi convertida en lugar común; la empujó a dar el paso que anhelaba. “Trabajaba en un banco, estuve dos años, y de un día para otro nos echaron a todos y me quedé sin laburo, pero con la indemnización abrí mi primer local”, recordó Cecilia sobre ‘El Ropero’, un negocio que tuvo durante un buen tiempo en la calle 25 de Mayo, en el centro santarroseño.
En el recorrido de Cecilia Dittler (35) para llegar a su propia marca hay años de secundario en el colegio Normal y una duda vocacional que no se tradujo en el clásico juvenil de irse con los libros a otro lado. “En 5to. año no sabía qué hacer, mis amigas se iban todas a estudiar pero yo me quedé acá, hice todo los cursos de orientación vocacional que había y empecé Abogacía. Dejé y después, durante dos años, el profesorado de Inglés, pero mi lugar se ve que era otro”.
El nacimiento de Paloma cuando su madre tenía 21 años obligó también a recalcular la dirección a seguir. “Desde chica me gustó la indumentaria, hacía la ropa de mis muñecas, mi abuela me enseñó a usar la máquina de coser y cuando empecé a salir de noche me hacía mi ropa. Comencé a hacer cursos, un montón, y perfeccioné mi técnica porque siempre fui muy creativa y autodidacta”.
En su primer local Cecilia vendía los diseños propios junto a otros que traía desde Buenos Aires. Los vaivenes económicos no ayudaron a mantener la estabilidad y en 2010 vendió el fondo de comercio. “Me cansé, la cosa no iba así que me fui con mis máquinas a mi casa y con mis amigas empezamos a hacer ferias, cada una con algo distinto. A mí me intrigaban los zapatos así que fui por ese lado. Me contacté con un amigo, Sergio Sereno, que hacía alpargatas, y le pedí que me enseñe a hacer un zapato, siempre le voy a agradecer, fue mi maestro en el rubro porque me enseñó desde cero. Desde ahí evolucioné con mis diseños, los hacía en mi casa y tenía cada vez más demanda”.
Un año después Cecilia Dittler Zapatos tenía una hermosa vidriera para mostrar y ofrecer sus propios zapatos sobre la calle Alem, el local que le dio a la marca la chance de instalarse y expandirse. Allí tenía su taller y también la casa junto a Gonzalo Souto (40), Paloma y Pascual, que sumó a la familia hace seis años.
Salto de calidad.
“Abrir al público con mis propios productos fue un empujón importante, además me dieron un crédito para microemprendimientos del Gobierno provincial y pude comprar máquinas: de coser, de pegar suelas, rebajadora de cueros. Eso me permitió mecanizar una parte pero el resto es muy artesanal. Hice cada vez más cursos y pude evolucionar, y nunca paré. Fue duro porque estaba hasta 40 días seguidos sin francos, de domingo a domingo, y creo que eso es fundamental: levantarse cada día bien temprano sin tener un jefe porque tu jefe sos vos, entonces el esfuerzo es doble pero hay que hacerlo”.
Cecilia hacía hasta 20 pares de zapatos por día, un esfuerzo que le pasó factura pero que al mismo tiempo fue otra oportunidad, después de una crisis. “Realmente terminaba con los dedos lastimados, casi sin huellas en las manos. En un emprendimiento lo más difícil es que todo pasa por vos, entonces eso es duro porque a veces te quedás sin ideas. Fue un desgaste físico y mental muy grande: era mi laburo y vivía de esto; y si no producía no tenía stock para vender y así no generaba ingresos. Se armó una bola tan grande, una presión que ya no pude más y si seguía me iba a enfermar. Así que en esos casos lo mejor es frenar, ordenarse y ver cómo se quiere seguir”.
Y la decisión de Cecilia fue continuar con su marca, con su local pero tercerizar la producción y enfocarse en la parte comercial. Hoy sus zapatos, sus carteras y su indumentaria es hecha en fábricas distintas mientras ella sigue al detalle cada paso de la elaboración.
“Hoy gracias a las redes sociales podés comunicarte en cada segundo así que armé un buen equipo de trabajo. Yo pido cada cosa porque el diseño y los materiales los elijo yo. Lo voy viendo por el WhatsApp y cuando lo terminan me mandan la muestra, si hay algo que no está bien la reenvío y así hasta que quede como debe ser. Es algo nuevo para mí pero está funcionando”, explica quien hace solo dos meses concretó el otro paso que le faltaba para encontrar el cambio buscado: se mudó de Alem a la avenida San Martín, en pleno centro, ahí donde desde adentro y en solo un rato se puede ver el desfile: adolescentes, jóvenes, madres con hijas, mujeres adultas, de más de 70. Todas paran y miran.
Abrir fronteras.
“Estuve dos años esperando a encontrar el lugar ideal, hasta que lo conseguí. Vienen clientas de todos lados, gente del interior que pasea exclusivamente en el centro y entra al negocio. También vendo a General Pico, Macachín y otras localidades de la provincia. Y en Córdoba. Hoy con Instagram y Facebook las oportunidades de venta son muy grandes porque a los zapatos le agregué abrigos y jeans y una línea de bolsos y carteras”.
El agregado de Cecilia también incluye la expansión fuera de la provincia: ya alquiló un local en Neuquén y en semanas abrirá al público con sus zapatos ‘made in’ La Pampa.
“Es una ciudad que está cerca y que tiene una economía muy pujante. No conozco a nadie allá pero decidí apostar y vamos a probar”, dice quien si algo no hace es quedarse en la zona de confort. “Hay que moverse, buscar, arriesgar. Mi mamá es contadora y ella siempre trabajó en relación de dependencia, por lo tanto lo suyo es siempre la estructura por sobre todo, así que cuando le cuento mis planes se asombra y se inquieta. Pero yo estoy convencida que a veces hay que pisar cuando abajo parece haber solo vacío”.
Recuadro
La vidriera Expo Pymes

En su camino autodidacta Cecilia encontró siempre gente que, como ella, sabe explotar su espíritu emprendedor. Y muchos de esos encuentros se dieron en eventos masivos como Expo Pymes, la muestra que cada dos años organiza la Provincia para mostrar toda su producción.
“Fui tres veces a la Expo y me pareció genial, en la primera me mostré al interior, me conocieron. Recuerdo que hice mi primera venta al por mayor a una chica de Salliqueló. Lo que es impresionante es el movimiento que se genera después, el primer mes es un aluvión de gente que te vio ahí y se acerca”, cuenta Cecilia junto a quien describe como su “pilar”, Gonzalo, siempre presente en cada paso de su mujer.
“Los dos hicimos todos los cursos que brindó el Ministerio de Producción, es muy positivo y recomendamos a los emprendedores que se sumen, que participen. No solo se aprende sino que hacés contactos, te apoyás, se genera una red que te da herramientas para lo que hacés”, valoró Cecilia. “También fui tres veces a la feria Puro Diseño de Buenos Aires y ahí se abrieron un montón de puertas. Hoy la situación está difícil pero no hay que quedarse”.